Sebastián García y su banda tributo a The Beatles

22 de Septiembre de 2025 10:00

The Nowhere Boys, banda tributo a The Beatles, hace una pausa durante una de sus presentaciones en Bogotá.
Por: Samid Gutiérrez
12 Min

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Es el último viernes de noviembre. Corre el año 2001. Sebastián sale al patio de recreo en su colegio de bachillerato al norte de Bogotá y se entera de una noticia terrible: murió George Harrison. “En 1997 le diagnosticaron un cáncer en la garganta. Temía no poder volver a cantar. […] En la madrugada del 30 de noviembre tuvo, a pesar de la penosa enfermedad, una muerte tranquila”, lo reporta el diario El Tiempo dos días tras del acontecimiento, haciendo un breve repaso de su perfil musical y legado. En Sebastián surgió un sentimiento extraño. Hace poco había descubierto su fascinación por The Beatles y su afinidad con la música, sin siquiera saber que ese momento marcaría su vida.

Sebastián hoy hace las veces de John Lennon en The Nowhere Boys, el grupo bogotano con el que, junto a otros cuatro integrantes, rinde tributo a The Beatles desde hace más de 10 años. Juanse, como lo llaman en la banda, lo explica con desparpajo, pero convencido de lo que dice:

—El rango vocal (de Lennon) es exigente, y hacía arreglos que sencillamente no pueden interpretarse fuera de un estudio.

—Entonces, ¿cómo resuelven en tarima? —le pregunto.

—Sencillo —me explica, acomodándose en su asiento e inclinando su postura levemente hacia adelante—: me puse a recrear esos mismos arreglos en una consola de sonido, luego la programé dentro de un teclado digital ¡y listo!

Todo buen fanático del icónico cuarteto británico sabe que para 1967 Lennon, McCartney, Harrison y Ringo dejaron de ejecutar sus afamadas presentaciones en vivo. De su séptimo álbum en adelante, todas sus producciones discográficas transitaron por el influjo de la música psicodélica de moda en aquel momento. Eso significaba que, en la práctica, las canciones se gestaban en su totalidad de puertas para adentro, en los estudios EMI de grabación. La experimentación en ese álbum, Revolver, innovadora en su momento, ahora es reinventada en el piano portátil que interpretan The Nowhere Boys en sus presentaciones.

En esta década y media, Sebastián ha cultivado logros sobre la base de una dedicación que no es fácil de invertir en pasatiempos pasajeros, salvo cuando existe una verdadera pasión por ellos. Su agrupación ha sido galardonada Mejor Banda Tributo y representado a Colombia en la International Beatle Week en países de Europa y Latinoamérica. Obviamente, no sin antes haber pasado a lo largo de un terreno pedregoso.

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Juan Sebastián García González --aunque prefiere que lo llamen Sebastián fuera de escena-- estaba a punto de graduarse del colegio, un año después, en 2002. Mientras tanto, al otro lado del Océano Atlántico, Paul McCartney y Ringo Starr se preparaban para dar una gran presentación en el Royal Albert Hall, entre una veintena de artistas provenientes de todo el mundo. Todos listos para el Concert for George, memorial organizado por Eric Clapton, amigo personal, y Olivia, viuda de Harrison, en el primer aniversario de su fallecimiento. “En retrospectiva —me comenta—, no había forma de que me lo perdiera”. El problema radicaba, por supuesto, en que el internet estaba lejos de funcionar como lo conocemos en la actualidad.

Sebastián tenía una prioridad clara: vivir el concierto a como diera lugar. Nada de toga y birrete, ni diploma de bachiller, ni prom 2002. Sus esfuerzos estaban volcados a encontrar el en vivo de este evento histórico o, por lo menos, significativo para él porque lo atesoraría en su memoria para la posteridad.

—Para ese año YouTube todavía no existía —Sebastián me explica con la preocupación de un par de ojos súper abiertos—. Ahí qué YouTube ni que nada. ¡No tenía cómo buscarlo por internet! —dice, exaltado, girando la cabeza de lado a lado sin brusquedad.

—¿Y cómo hiciste? Saliste de tu casa a algún lado o… —le planteo cuando se me escapa una sonrisa discreta y dejo que me interrumpa.

—Es que en ese tiempo la transmisión era otra vuelta. Me tocó buscar el canal internacional que pasaba la emisión por televisión. 

Al final terminó topándose con el canal que lo transmitía en directo. El operador, desde luego, cobraba el acceso al paquete con contenido internacional. En parte por eso no alcanzó a ver las casi dos horas de música que completó la puesta en escena.

El desconcierto, de todas maneras, no le duró mucho a Sebastián. La grabación de la presentación estuvo disponible a los pocos meses en formato de DVD y se podía adquirir por mercados en línea sin mucho problema.

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Durante esos meses, recién salido del Bachillerato, decidió entrar al pregrado en Ingeniería Electrónica de la Universidad de los Andes. Para esa época, Sebastián, con 1,87 m. de estatura, cara pálida, ojeras hundidas en sus cuencas, cejas delgadas y separadas, barba espesa que figuraba de adorno a una sonrisa estirada y levemente caída, no mostraba el prospecto de ingeniero robusto fanático de la actividad física. Aún hoy su silueta ligera y solapada no aparenta haber viajado por el mundo y recorrido incontables tarimas. De entrada, no es más que otro rocker de jeans, abrigo de piel, gafas oscuras y calzado Vans. Su cabello, eso sí, suelto hacia atrás, largo hasta los hombros y con disimulados indicios de alopecia.

Su vida ha sido la de una persona más bien doméstica, pues no acostumbra a armar planes de viaje por fuera de Bogotá. Antes, en cambio, le resultaba más cómodo quedarse en casa, propiedad de sus padres, estando arraigado a la ciudad. La ocupación de su mamá hacía que no fuera de otro modo: llevaba décadas dedicada a la enseñanza, desempeñándose como pedagoga musical en escuelas de formación para niños. De hecho, sin ella no sería el Sebastián que no falta a un solo toque los fines de semana.

Mucho antes de su especialización en Ingeniería de Audio, la carrera como ingeniero electrónico e incluso antes de siquiera haber ingresado al colegio, Sebastián nació en lo que se llamaba la Clínica San Pedro Claver de Bogotá, en medio de la Avenida NQS y la Avenida de las Américas. De inmediato entró en contacto con el escenario musical que lo entusiasmaría hasta entrada la adolescencia.

En su casa, a pocas cuadras de allí, en la localidad de Chapinero, siempre estuvo rodeado del ritmo sesentero. A Sebastián se le dibuja una sonrisa en la comisura de los labios cuando cuenta cómo encontraba la portada del Sgt. Pepper en estuches que guardaba su madre debido a que, en principio, le cautivaba ver tantos colores.

—¡Era muy loco! —dice Sebastián— Ponía los vinilos en el tocadiscos, escuchaba las canciones y la música me encantaba, ¡pero no sabía cómo se llamaba!

A sus cinco años contempló algo así como los primeros acercamientos al piano: tocaba una o dos teclas y disfrutaba explorando el instrumento. A los diez, ya podía hacer acordes e interpretar piezas pequeñas. En su adolescencia, pulió sus habilidades en piano, guitarra y bajo al punto de reconocer arreglos melódicos a oído; o sea, sin partituras ni nada de eso.

—Ya manejaba algo de destreza en el piano, así que pasé a la guitarra (acústica) y no se me dificultó mucho moverme entre escalas o identificar armonías —me explica.

Pero le hacía falta interiorizarlo. Practicaba un par de canciones y se sabía más o menos las letras, mas… ¿cómo aprovecharlo?, ¿qué podía explotar de ahí? No sabía si tanta práctica servía de algo. Sobre todo, no sabía si él era el único con las ganas de revivir música así de vieja.

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Es pleno 2015; el reencuentro de Sebastián con una prima (Diana) que no veía hace años lo hizo conocer un proyecto radiofónico que ella llevaba en conjunto con un equipo de estudiantes de la Universidad Nacional. La emisora digital se llamaba EvolRock Radio y difundía espacios dedicados a bandas locales vinculadas a la escena del rock progresivo, temas de interés cultural y a veces compartía una parrilla de programación con bandas extranjeras.

Un tal David Beltrán se le acercó entonces a Sebastián. David, diseñador gráfico de la Universidad Nacional, lo abordó en el estudio y le habló de un proyecto en el que trabajaba en paralelo a la estación de radio: una banda de rock tributo a The Beatles llamada The Nowhere Boys.

Sebastián llevaba rato dándole vueltas a esa idea. Y razones no le faltaban: durante su carrera de pregrado, visitaba regularmente varios de los ya extintos bares que quedaban sobre la 72 con Caracas en Bogotá. En uno de ellos le gustaba ver a otro cuarteto que, aunque con miembros envejecidos, integraba muy bien las canciones de los Fab Four en su repertorio. Solo podía fantasear con imitar algo así.

Luego, en 2009, año en el que casualmente se formaría su futura banda --pero, no nos adelantemos--, salieron las versiones remasterizadas de las obras discográficas de The Beatles, y Sebastián contemplaba dos opciones habiendo terminado la universidad: completar su especialización de Ingeniería de Audio en lo que era el SAE Institute of London o aprovechar el bombo por el trabajo de Allan Rouse y Guy Massey en los remasters y por fin montar su banda. Como es lógico, su proyecto profesional pronto le sacó esa última idea loca de la cabeza. Y tres años atrás, en abril de 2012, se coreó todos y cada uno de los temas al lado de 30 mil asistentes a On the run, el tour en el que Paul McCartney vendió el 90% de la boletería en 24 horas, según lo informó la revista  Semana. Todo lo inspiraba para montar su propia banda y vivir, al menos en parte, el delirio de esas canciones encima de una tarima. Pero, una y otra vez, lo detenían sus proyectos profesionales o la ausencia de un intérprete más.

Sin pensárselo muchas veces, Sebastián aceptó la oferta de David. Ya contaba con un trabajo estable como profe universitario y visionaba buenos horizontes laborales. Con eso y todo, se prometió nunca abandonar sus prioridades personales y profesionales por la música. Por mucho que le apasionara la banda, no podía permitirse buscar una vida a punta de la plata que le daban los escenarios.

En efecto, un año después vivió lo que significaba esa promesa. En 2016 se ganó una maestría en el Reino Unido. Nicolás Villamizar, líder de la banda, no tenía otro John Lennon y, a falta de otra opción que fuera viable, tuvo que pilotear las puestas en escena con solo una guitarra mientras intentaba conseguir, sin éxito, un reemplazo para Sebastián.

Sebastián regresó en enero de 2018 con su título de especialista en Tecnología de Audio y Música de la Universidad de York en mano. La banda lo recibió de nuevo con brazos abiertos, aunque, como en ocasiones anteriores, estuvo incompleta de forma temporal durante su ausencia.

La conformación del grupo ya se había transformado en numerosas veces. Desde su nacimiento en 2009 de mano de Nicolás Villamizar y Sebastián Mejía (hoy en otro proyecto), esperó hasta 2011 para su primer concierto. David Beltrán y Juan Manuel Gil completaron el grupo en ese momento. Juan Manuel fue el primero en dar un paso afuera de la agrupación. A él le siguieron muchos más: Arturo Ortiz, John Oviedo, Darío Jácome, Juan Carlos Tocua, por mencionar algunos. En 2018 llegó la base de la banda que conocen hoy en día: Juan Carlos Cabrera asumió el rol de George Harrison en la segunda guitarra, Nicolás Villamizar siguió personificando a Paul McCartney en el bajo, Sebastián García a John Lennon en la guitarra Líder y David Beltrán como Ringo Starr en la batería.

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