Sigue la celebración del Día del Periodista de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Sabana
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22 de Mayo de 2026 22:45
Luz Indira Sotelo Díaz llegó a La Universidad de La Sabana hace 25 años recién doctorada en España, cargada con una maleta de conocimiento y asombro ante un campus que apenas empezaba a brillar. Hoy en día es profesora titular del departamento de ciencia y cultura de la alimentación, es experta en diseños de productos, de procesos de alimentos y en legislación de alimentos. Hoy, Luz Indira mira hacia atrás y cuenta con amor y nostalgia como toda una institución y una persona pueden crecer juntas.
“Ingresé en la universidad hace 25 años, recién terminé mi doctorado en Ingeniería de Alimentos en Valencia, España. Era un momento importante, porque las universidades en Colombia empezaban a vincular profesionales con título. Cuando yo estudié había muy pocos profesores que tuvieran doctorado; la docencia se hacía desde la experiencia y no tanto desde los estudios.. En Europa o en Estados Unidos esa cultura ya venía consolidándose desde finales de los años 80. Así que me siento una privilegiada: terminé el doctorado, regresé a Colombia, y la Universidad de La Sabana (que acababa de trasladarse a este campus) me abrió las puertas para trabajar como profesora de cátedra e investigadora.
Es recordar personas que ya no están con nosotros. Pero sobre todo es recordar el asombro ante el campus. No existía un modelo de campus como el que vemos hoy.
Entraba por una calle principal doble (la entrada a La Sabana era doble, no una sola), había los edificios de ladrillo del A y del C, la casa de gobierno... Venía del modelo universitario español, más frío en el trato, y encontré aquí algo que me impactó profundamente, una calidez genuina entre las personas. Había gente mayor y gente joven, todos mezclados con una cercanía que no había vivido antes.
El primero fue la llegada de los modelos de acreditación. Antes no existían. La universidad hacía las cosas muy bien, pero había que visibilizarlas, demostrarlas con un checklist ante quienes venían a evaluar. Eran visitas tensionantes porque éramos una universidad muy joven frente a otras instituciones con décadas de historia. Sin embargo, supimos mostrar que teníamos programas de calidad. Hoy eso ya es el día a día, esas visitas no generan tensión ni miedo.
El segundo cambio fue ver el campus transformarse casi de manera vertiginosa. Las construcciones empezaron a aparecer una tras otra. Y eso no se detiene, cada vez que entro encuentro un caminito mejor, un andén nuevo, algún salón remodelado. Para mí eso resume algo esencial de esta universidad: nunca está estática. Siempre está en movimiento, siempre mejorando.
De manera directa. La universidad nunca para, y mis clases tampoco pueden parar.
Llegan nuevas herramientas, llega la inteligencia artificial, cambian las formas de comunicarse. Yo roto salones por muchas razones, ya sean talleres, formatos distintos y el solo hecho de moverse por el campus, de ver algo diferente cada día, te inspira a renovarte. Un día en la universidad siempre es distinto al anterior.
Creo que lo más importante es esto: para quienes llevamos aquí mucho tiempo, el trabajo diario se convierte en una opción de hacer las cosas con alegría. Todos tenemos limitaciones, dolores, problemas. Pero el campus y la comunidad nos ayudan a que veamos cómo lo negativo se puede mitigar con muchas cosas positivas.
Algo que me impacta y me alegra profundamente es que aquí todos somos iguales.
Vamos al mismo comedor, a los mismos restaurantes, comemos lo mismo, parqueamos en los mismos lugares. Estamos muy alineados unos con otros. Eso no se ve en muchas organizaciones. Y esa horizontalidad —escuchar la idea de un joven con la misma atención que la de un adulto - es un valor que no tiene precio. Me encantan los Converge Lab, Innova lab, los espacios donde uno puede reunirse con quien quiera. Eso me parece extraordinario.
Amor. Porque uno aprende a dar amor y a recibirlo, desde las monis hasta los vigilantes que llegan nuevos y tienen que adaptarse a una cultura de fraternidad y buen trato. Da clase con amor, atiende un estudiante con amor, hasta cuando alguien te llama la atención lo hace con amor. A veces salgo del campus y lo noto: afuera el trato es diferente. Aquí se vive el buen trato como norma, no como excepción. Eso es La Sabana.

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