"Levanten la mano los deprimidos"

2 de Junio de 2026 11:00

Edificio de la Cienciología Bogotá
Por: David Álvarez

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Desde niño siempre me han llamado la atención los cultos. Hace unos años, mucho antes de saber que quería estudiar comunicación social siquiera, descubrí el trabajo del periodista español Carles Tamayo, quien, mediante la interpretación de un personaje, se infiltró en distintas organizaciones señaladas como sectas en España, como la Iglesia del Palmar de Troya e IM Academy.

Me resultó fascinante descubrir que, en muchos casos, la única forma de acceder realmente a cierta información era desde adentro, viviendo la experiencia en primera persona, sin embargo, en ese momento no tenía ni idea de que algún día buscaría hacer algo similar.

Hay una organización en específico que me llamó más la atención que las demás desde hace un tiempo a causa de algunas características muy singulares. La iglesia de la cienciología, creada por el escritor de ciencia ficción L. Ronald Hubbard en los 50´s, quien comenzó a desarrollar sus metodologías para el manejo de problemas de salud mental experimentando con compañeros del ejército durante la Segunda Guerra Mundial.

Esta "filosofía aplicada al conocimiento del espíritu", como algunos la denominan, cuenta con miembros mundialmente reconocidos como Tom Cruise y John Travolta, al igual que múltiples acusaciones de comportamientos sectarios en su contra, como las expuestas en el documental Going Clear, donde se denuncian presuntos abusos físicos y psicológicos, así como altos montos de dinero como requisito para acceder a los niveles más profundos de conocimiento. Por otro lado, existen presuntos casos de acoso contra sus detractores en Reino Unido, según reportó The Guardian.

No fue hasta este semestre, que conocería el concepto que terminaría dándole forma a esa idea que llevaba años rondándome la cabeza. Se llama wallraffeo, una metodología periodística en la que se adoptan identidades falsas para infiltrarse en distintos entornos y experimentar una realidad ajena desde adentro, como lo hizo el célebremente reconocido periodista alemán Gunter Wallraff quien, entre muchos trabajos, llegó a hacerse pasar por un hombre negro en Alemania para vivir el racismo, por un vendedor de armas que distribuía napalm e, incluso, por un habitante de calle. Yo no tendría que llegar a semejantes extremos. Me bastaba con interpretar a un joven lleno de necesidades espirituales y sin un rumbo claro en la vida. Pensé que esa premisa sería suficiente para adentrarme en la organización.

Una vez definido el objetivo, llamé al número que aparecía en la página de la iglesia. No fue difícil acordar una visita.

A las 9 de la mañana del sábado 2 de mayo, junto con una colega igual de interesada en el tema, organizamos la que seria nuestra fachada y partimos en carro hacia el edificio. Desde el primer momento, el lugar impone. Una estructura amplia, moderna, con enormes ventanales azules y un enorme letrero que dice CENTRO DE DIANÉTICA Y SCIENTOLOGY. No hay discreción en el exterior del edificio.

Caminamos directamente hacia el mostrador mientras observábamos la enorme variedad de libros y símbolos distribuidos por todo el lugar. Allí nos recibió un hombre de traje negro y semblante serio. Me miró fijamente a los ojos y preguntó: “Hola, buenos días, ¿Cómo puedo ayudarles?”.

Intentando no demostrar nerviosismo, le expliqué que éramos dos jóvenes en busca de respuestas, intentando descubrirnos a nosotros mismos y encontrar nuestra verdad.

“Perfecto”, respondió el hombre antes de pedirnos que esperáramos unos minutos. Iba a llamar a alguien que pudiera guiarnos durante el recorrido por el lugar.

Tras unos minutos bajó el que sería nuestro guía, Mateo, un hombre de unos veintitantos vestido con una sudadera informal, de una actitud mucho más amigable. “Me gustaría mostrarles mucho del edificio, ¿de cuánto tiempo disponen?” a eso le respondí “cuento con todo el tiempo del mundo, de una”.

Arrancamos por el primer piso, donde nos dirigimos a unas pantallas rodeadas por muebles llenos de información y se nos pidió que nos sentáramos para ver un contenido introductorio acerca del creador, Ronald Hubbard. En estos videos se nos hablaba de Hubbard como una figura excepcional. Filántropo, militar, escritor, académico; un hombre polifacético y profundamente espiritual, todo un modelo a seguir.

Después de leer cierta información, como sus mandamientos (nada fuera de lo común en las religiones) y otras cosas, nos pidió que subiéramos al segundo piso. Quería enseñarnos una parte muy importante del edificio.

Entramos a una habitación con olor a yogurt griego, máquinas de hacer ejercicio y un sauna. “Aquí es donde hacemos la purificación, para sacar todas las sustancias malas del cuerpo. ¿Ustedes consumen drogas?”, preguntó. Y, por el bien de la trama, le dije: “Alguna vez consumí marihuana y LSD cuando era menor”.

“Uy, entonces tú necesitarías esto demasiado”, respondió.

Los miembros de la cienciología, durante la purificación, toman unas vitaminas costosas traídas de Estados Unidos, trotan en caminadoras durante aproximadamente por 30 minutos y después entran a un sauna por varias horas (todo esto ocurre en el mismo cuarto). Esto bajo la premisa de que todas las drogas que consumimos permanecen en nuestro cuerpo durante toda la vida; no solo las recreativas, también medicamentos como el Dolex, por ejemplo, e incluso el alcohol.

La cuestión, según Mateo, es que esas toxinas no nos permiten alcanzar la claridad mental ni “vivir en el presente”. ¿Cuánto cuesta todo el proceso? Tres millones de pesos.

Salimos y nos dirigimos a otro piso, en este se encontraba la capilla a la cual no entramos, la oficina del capellán que es quien resuelve ciertos conflictos internos y una pieza muy curiosa, una réplica exacta de la oficina de L. Ronald Hubbard, con su pluma, su silla y todo.

En el trayecto se nos explicó acerca de los niveles de conocimiento para alcanzar la “libertad total”, este va por niveles y cada uno tiene un costo específico. Nos lo explicó con un cuadro en el cual se explicaba los resultados esperados por nivel, mientras más alto sonaba más ambicioso. En cada recuadro se especifican los resultados esperados, sin embargo, los más altos decían algo así como “confidencial”, “a estos solo se puede acceder en EEUU y África” dijo Mateo. ¿Qué clase de conocimiento se puede considerar tan exclusivo?

Continuamos en el salón de estudio. Nos asomamos por la puerta, el ambiente estaba en silencio. Varias personas permanecían sentadas leyendo sus lecciones, sin hablar entre ellas, fue entonces cuando el guía empezó a señalar discretamente a algunos de los presentes.

“Ese de ahí es un ex coronel del ejército”, nos dijo en voz baja. Luego señaló a otra persona: “Ella es la hija de una actriz famosa”, después a una adolescente extranjera de catorce años y, finalmente, a un hombre europeo que, según él, había viajado únicamente para visitar la organización, “acá yo he visto a mucha gente volverse exitosa” dijo.

Mateo dice que estudió sin mucho éxito antes de ser parte de la Cienciología, “me encontraba perdido” dijo. Sin embargo, cuando se unió, todo cambió. Se unió al departamento de Marketing y entre los conocimientos prácticos de este y los cursos realizados ,con orgullo, comentó, “reuní conocimientos que me servirían en cualquier lado”.

Incluso cuentan con un salón destinado específicamente para enseñarles a los niños, rodeado de libros sobre cómo reconocer personas negativas, una narrativa que ya había visto anteriormente en algunos de los videos del primer piso, con frases como: “A veces las personas más cercanas pueden ser las que te detienen”, además de otros libros relacionados con enseñanzas y conocimientos básicos del culto.

Nos acercábamos al final del recorrido, e iba una de las partes más llamativas de la experiencia, un test de personalidad de Oxford, más que el test en sí me interesaba como Mateo interpretaría mis resultados. Se componía de 200 preguntas que abordaban diferentes áreas de la vida.

Una vez realizado, esperamos un rato hasta que llegó el momento de ver mis resultados. El guía comenzó señalando varios aspectos positivos: dijo que tenía un buen balance en áreas como estabilidad, energía, responsabilidad, apreciación y certeza, dijo que el test reflejaba que era una persona bastante segura de sí misma.

Sin embargo, rápidamente dirigió la conversación hacia dos categorías en las que, según él, mis resultados eran particularmente bajos: “deprimido” y “retraído”, me dijo que el análisis mostraba a una persona profundamente pertubada y con dificultades importantes para expresar sus emociones a las personas que le rodean.

A partir de eso, tachó el curso de dianética de una de las hojas de recomendación que me había entregado antes y señaló otro distinto. “Tú necesitas el curso de altos y bajos, porque necesitamos entender qué es la depresión que tienes, cuesta 95 mil pesos”, me dijo. Después me lanzó una pregunta bastante directa: “¿Tú qué crees que es la depresión que tienes?”

Con cierta confusión, le dije que realmente no sabía a qué se refería. En algún momento, cuando tenía diecisiete años, sí atravesé algunos problemas relacionados con salud mental, pero eso había quedado atrás hacía bastante tiempo. Así que, en términos prácticos, preferí hacerme el bobo.

Así culminó nuestra primera visita, no sin antes intercambiar números y acordar volver a alguna de las actividades de la iglesia de la Cienciología.

DIA 2-EL COMEDIANTE

Mateo nos envió varios flyers por Whatsapp de eventos de la Cienciología en los días posteriores, sin embargo, uno en particular llamó mi atención. El miércoles 6 de Mayo el comediante Andrés López, si, el de La pelota de letras, daría una charla sobre salud mental.

Esta vez tenía que ir solo, llegué con anticipación por recomendación del guía. Una vez dentro entendí la recomendación, había mucha más gente de la que vi en la anterior visita, la mayoría adultos de entre 30 y 60 años diría yo.

Bajando por las escaleras vi a Mateo, se acercó, y afortunadamente como ya habíamos establecido cierta relación de confianza me ayudó a entrar a la capilla antes que el resto, “hágase adelante para que escuche bien”, me dijo.

Dentro de la capilla, al fondo, había una pirámide dorada dividida por franjas. A los lados se encontraban distintos textos sobre el deber ser de los miembros de la Cienciología y algunas de las cosas que la organización rechaza. Más hacia un costado destacaba un busto también dorado de L. Ron Hubbard, con la boca abierta.

Empezó a llenarse la capilla así que me senté en la segunda fila, la idea de hacerme adelante me ponía nervioso. En la silla había un sobre sellado, el cual decía “no abrir hasta el final de la conferencia”.

La pared en la que estaba el triángulo se abrió como en una película de James Bond, y salió un proyector en el que se reprodujeron videos publicitarios de la iglesia, parecidos a los del primer día. Acto seguido entró un hombre trajeado de actitud jovial, se presentó como Yair, él sería el anfitrión de la conferencia del día.

Nos hizo una pregunta a todos los asistentes: “Levanten la mano quienes tienen algún problema relacionado con su salud mental”. Prácticamente toda la sala levantó la mano, yo incluido; por algo estábamos ahí.

Comentó que la mayoría de asistentes probablemente había recibido la invitación por correo y, honestamente, muchos no parecían saber realmente dónde se estaban metiendo. Incluso la señora sentada frente a mí estaba consultándole a ChatGPT qué era exactamente la Cienciología.

Sin más preámbulo, presentó a la atracción principal de la noche. Ahí estaba, Andrés López, entró dando saltos y giros mientras decía: “si era verdad, si soy yo”, con una música ensordecedora.

Dada la edad promedio de los asistentes, el público parecía encantado. Reían ante cada chiste de Andrés López, quien comenzó a relatar la historia del creador de la religión mientras la mezclaba con algunos episodios de la Segunda Guerra Mundial, pues, según contaba, L. Ron Hubbard empezó a experimentar sus metodologías con compañeros heridos del ejército.

Yo, por mi parte, no encontraba particularmente gracioso al hombre; supongo que es humor de otra época...

Aquí arrancó una cátedra acerca de la Dianética, la cual López definió como una “ciencia moderna” creada por Hubbard, que basándose en datos exactos como la ingeniería daba la respuesta para curar males de salud mental.

Explicó que la mente se divide en dos partes: la analítica y la reactiva, siendo esta última la responsable de actuar impulsivamente, cometer errores y vivir bajo estrés. Según esta teoría, la mente está compuesta por imágenes mentales, lo que llamaríamos recuerdos. Sin embargo, la mente reactiva los almacena de una forma distinta: allí reciben el nombre de “engramas”, caracterizados por el dolor y la inconsciencia.

Ahí es donde entra uno de los procedimientos insignia de la Cienciología: la auditación. Nunca se nos explicó con demasiada claridad cómo funciona exactamente, pero Andrés López aseguró que, a través de este proceso, una persona puede acceder a esos recuerdos traumáticos, revivir las imágenes mentales asociadas a ellos, racionalizarlas y finalmente curarlas.

La idea central era que esos “engramas” son la principal fuente del estrés humano. Sin embargo, el discurso iba mucho más allá. Incluso afirmó que “todas las enfermedades, a la larga, son psicosomáticas”, y añadió que el estrés “causa enfermedades, crea todo tipo de condiciones”, asegurando que solo existe una manera de resolverlo: la auditación.

El ambiente empezaba a sentirse cada vez más como una venta. La conversación giraba constantemente alrededor del éxito personal, especialmente cuando el comediante comenzó a relacionar directamente la auditación con sus propios logros profesionales.

“Imagínate tener el 100% de tu mente a tu disposición. Imagina lo que eso significaría. Me he presentado en ciudades en las que nunca pensé que estaría. Me he presentado en el teatro más importante del mundo”, dijo con seguridad.

Según explicó, una persona debe realizar múltiples sesiones de auditación hasta alcanzar lo que llaman el estado “CLEAR”, descrito por la propia Cienciología como un estado de total ausencia de la mente reactiva y “una meta buscada por el hombre por más de 2.500 años”, el alcanzó ese estado el 9 de abril de 2009.

Y entonces empezaron los precios. El libro Dianetics costaba 75 mil pesos e incluía una firma del artista. Pagando un poco más (125 mil pesos, si no mal recuerdo) también se entregaba una guía para aprender a estudiar el libro como se debe y, por unos cuantos miles de pesos adicionales, una sesión de auditación incluida.

Incluso, Andrés López explicó que existía otro curso para aprender a realizar auditaciones a otras personas, el cual otorgaba un diploma. Hablando precisamente de la firma del libro, dijo: “Yo te lo firmo porque quiero que te hagas auditor y quiero que veas que la mente reactiva de verdad existe. Míralo por ti mismo. No te estoy diciendo que creas en lo que yo acabo de decir, sino que quiero que lo experimentes”.

A medida que empezaron a hablar de los precios, comenzó a notarse cierta confusión en la cara de varias personas. Muchos se miraban entre sí y, poco a poco, algunos empezaron a levantarse de sus asientos y caminar hacia la salida, parecía que no venían preparados para eso. Una parte importante del público incluso abandonó la sala antes de que la conferencia terminara oficialmente.

Fue entonces cuando nos indicaron que abriéramos el sobre que nos habían pedido conservar cerrado hasta el final. Supuestamente, allí estaba el “regalo especial” prometido al inicio de la charla.

Al abrirlo, encontré un formulario para llenar datos personales, una casilla donde debía marcar cuál de los paquetes quería adquirir y un espacio destinado a la firma como confirmación de compra. Esa era la sorpresa final.

En medio de todo eso, Yair tomó nuevamente el micrófono y le dijo al público: “Levanten la mano los que desean adquirir alguno de los servicios”. Miré alrededor. Solo vi una mano levantada, con medio lugar vacío.

Mientras salía del edificio pensé en algo curioso: durante toda la experiencia nunca sentí que intentaran convencerme de una religión, sino de una solución. Una solución para el estrés, para el fracaso, para la tristeza y hasta para la falta de propósito. Y quizá eso sea justamente lo que vuelve tan difíciles de entender este tipo de organizaciones: más que creencias, venden esperanza.

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