“Ceci”: treinta años de profundas huellas

27 de Mayo de 2026 18:12

Maria Cecilia Martinez "Ceci" en la Casa de Gobierno de La Universidad de La Sabana
Por: Alejandra Correal Olave

Alejandra Correal Olave
Periodista Periodista
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Después de casi tres décadas en la Casa de Gobierno de la Universidad de La Sabana, María Cecilia Martínez, conocida por muchos como “Ceci”, se prepara para cerrar una etapa que marcó gran parte de su vida personal y profesional. Entre recuerdos, aprendizajes, momentos difíciles y experiencias enriquecedoras, Cecilia asegura que la universidad se convirtió en su hogar y en uno de los lugares más importantes de su vida.

Su historia en la institución comenzó hace casi 30 años, cuando ingresó a trabajar como secretaria en la antigua “sala de profesores”, ubicada en el edificio A. Allí estuvo cerca de nueve meses, acompañando a docentes de distintas facultades. Sin embargo, una licencia de maternidad cambió el rumbo de su trayectoria y la llevó a la casa de gobierno, dependencia donde actualmente trabajan el rector, los vicerrectores, la secretaría general y algunas áreas administrativas de la universidad. En un principio, Cecilia sintió incertidumbre frente al nuevo entorno laboral. Ella misma reconoce que tenía una visión equivocada sobre ese espacio y pensaba que, por su personalidad alegre, emotiva y extrovertida, quizá no lograría encajar allí. “Yo pensaba que, siendo como soy, Ceci no podía ser Ceci”, recuerda.

La fallecida profesora María Clara Obando, en ese entonces asesora del empleado y profesora de la Facultad de Derecho, le decía que si llegaba a la casa de gobierno difícilmente volvería a la Sala de Profesores, pues su servicio, cercanía y carisma harían que quisieran conservarla allí. Con el paso del tiempo, eso fue exactamente lo que ocurrió. Los directivos decidieron que Cecilia debía quedarse permanentemente en ese lugar, que terminó convirtiéndose en su “hogar” durante 29 años.

Una vida marcada por el servicio

Con el paso del tiempo, Cecilia se convirtió en una figura cercana para estudiantes, profesores y administrativos. Para ella, el servicio siempre ha sido el eje principal de su trabajo y asegura que muchas de las experiencias que ha vivido en la universidad han marcado profundamente su corazón. “Uno debe ponerse en los zapatos de las personas” y agrega que “para mí, todos los estudiantes son como mis hijos”.

Entre los recuerdos que más destaca, está la oportunidad de conocer a personas talentosas y reconocidas dentro de la universidad, muchas de las cuales vio crecer desde que eran estudiantes. Incluso menciona con orgullo que algunos directivos actuales, como el vicerrector, hicieron parte de las generaciones que conoció durante sus primeros años de trabajo. “Es muy bonito ver cómo las personas crecen y llegan tan lejos”, comenta.

Otro de los momentos más significativos de su vida fue haber sido escogida por la universidad para asistir a la beatificación de Álvaro del Portillo en España, que según la fe católica, la beatificación es algo muy importante, pues, es el reconocimiento oficial de la Iglesia que declara que una persona fallecida llevó una vida santa y tiene la capacidad de interceder ante Dios. Cecilia, quien profesa profundamente la fe católica, recuerda este viaje como una experiencia muy especial y un reconocimiento que la hizo sentir profundamente agradecida con la institución. “Me sentí muy emocionada y orgullosa de que pensaran en mí para esa invitación”, señala. Además de representar una experiencia espiritual importante para ella, el viaje también le permitió conocer nuevas culturas y compartir con personas de diferentes partes del mundo.

Los momentos difíciles

No todas las experiencias fueron sencillas. Cecilia recuerda con especial impacto la inundación de la Universidad de La Sabana ocurrida en 2011, situación que afectó gravemente el campus de Chía. Cuenta que un día llegó a trabajar como siempre y les pidieron evacuar la universidad lo más rápido posible. En ese momento no imaginó la magnitud de la emergencia, pero al llegar a su casa y ver las noticias, sintió angustia y profunda tristeza.

Ella comentó muchas de las preocupaciones que tenía al saber de este suceso, entre esas, que podría perder su trabajo.

Durante ese periodo, tanto ella como otros trabajadores tuvieron que desplazarse a diferentes sedes mientras se solucionaba la situación. “Ceci” recuerda con cariño que debía salir mucho más temprano desde su casa en Zipaquirá y que sus hijas pequeñas le preguntaban cuándo terminaría todo, porque su papá “no las peinaba tan bonito” como ella.

La pandemia también representó un reto importante. Incluso pensó en renunciar, pues sentía que el trabajo remoto no le permitía desempeñar plenamente su labor de servicio y atención a las personas.

Más allá del trabajo

Además de su vida laboral, María Cecilia se define como una mujer familiar, honesta y “muy dada a la gente”. Está casada y es madre de dos hijas graduadas de la Universidad de La Sabana: Isabela, madre de Salvador y Victoria; y Valentina, psicóloga de la universidad, quien actualmente cursa una maestría en la misma institución.

También siente una gran pasión por la natación, deporte que practicó durante once años de manera constante. Aunque hoy ya no puede hacerlo con la misma frecuencia, asegura que sigue disfrutándolo profundamente.

Ella también destaca que siempre ha intentado vivir con honestidad y autenticidad. “La verdad es mejor que estar diciendo mentiras, porque las mentiras siempre salen a la luz”, afirma. Con tranquilidad, asegura que prefiere vivir el presente y disfrutar cada etapa de la vida: “vivo el presente, pues el futuro siempre será incierto”.

Para quienes trabajan con ella, Cecilia se ha convertido en un referente dentro de la institución. Merly Suljeidy Jiménez asegura que el servicio es “su plus y su identidad”. Además, destaca que siempre está dispuesta a escuchar, orientar y ayudar a quienes llegan a la Casa de Gobierno. Gracias a su experiencia y profundo conocimiento de la cultura institucional y de sus directivos, muchas personas recurren a ella en busca de orientación. “Es una biblia para todos en la universidad”, comenta.

Por otro lado, al hablar de la marca que personalmente la universidad ha dejado en ella, para Cecilia, uno de los aspectos más valiosos de La Sabana es el relacionado con los valores humanos y la cultura de servicio que se vive en cada espacio. Destaca, especialmente, las convivencias, cursos y actividades institucionales que vivió y que, reconoce, porque estos espacios siempre buscaron formar personas cercanas, cálidas y dispuestas a ayudar a los demás.

Según cuenta, muchas personas externas le comentan lo bien que se sienten cuando visitan la universidad y la forma en que son recibidas. “El servicio es algo que realmente resalta y que yo valoro muchísimo”, expresa. Y por esto, ella se siente realmente orgullosa.

Una despedida llena de gratitud

Mientras se acerca su pensión entre agosto y diciembre de 2026, Cecilia enfrenta sentimientos encontrados. Aunque está feliz por dedicar más tiempo a su familia y a sus nietos, reconoce que despedirse de la universidad no será fácil. Durante casi tres décadas, la Universidad de La Sabana no solo fue su lugar de trabajo, sino también el espacio donde creció personalmente, construyó amistades y sacó adelante a sus hijas. “No pude encontrar mejor sitio”, afirma con nostalgia.

También asegura sentirse muy querida por compañeros, administrativos y estudiantes, y considera que pensionarse significa dar paso a nuevas generaciones. Por eso, aunque siente nostalgia, también está feliz de haber dejado una huella en quienes la rodearon. Antes de cerrar esta etapa, deja un mensaje especial para los jóvenes: El servicio es lo más importante. En las pequeñas cosas también podemos ayudar”. Además, invita a los estudiantes a aprovechar las oportunidades que brinda la universidad y a valorar el esfuerzo que muchos padres realizan para permitirles estudiar y salir adelante.

Después de casi 30 años de servicio, “Ceci” deja más que una trayectoria laboral: deja una huella de cercanía, cariño y entrega en quienes compartieron con ella los pasillos de la Universidad de La Sabana. Su vida en la universidad se convirtió en un espacio constante de aprendizaje y sentido de pertenencia, en un lugar donde siempre se sintió bienvenida y amada, porque, como ella recalca: “Cuando uno hace las cosas con amor, todo fluye”.

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