Sigue la celebración del Día del Periodista de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Sabana
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30 de Mayo de 2026 12:00
Lo que comenzó como un reemplazo temporal de tres meses terminó siendo una historia de dos décadas. Así, sin más anuncio que el de la vida misma, Lina Marcela Molina Moreno fue quedándose en la Universidad de La Sabana y la universidad fue quedándose en ella. Su trayectoria no es solo la de una trabajadora que creció profesionalmente dentro de una institución: es la de una mujer que encontró en ese campus un segundo hogar y decidió, año tras año, seguir construyéndolo.
Llegó como auxiliar administrativa en el área de financiación y desde allí fue avanzando con paso firme. "De acuerdo al rendimiento que uno va teniendo y a las capacidades que uno va desarrollando, fui ascendiendo", recuerda con naturalidad, sin falsa modestia. Con el tiempo asumió roles como analista de servicio al cliente, coordinadora de admisiones de posgrados en el Instituto Forum y coordinadora de gestión y desarrollo profesoral. Cada cargo fue un capítulo distinto, pero todos compartían el mismo hilo conductor: el servicio a las personas y el compromiso con la institución.
En 2021 llegó un giro que no estaba en ningún plan. Restricciones médicas le impidieron continuar en sus labores administrativas y tuvo que asumir un nuevo desafío: la supervisión del equipo de aseo, un grupo de cerca de cien personas. Para alguien que venía de oficinas y escritorios, el cambio fue significativo. Pero Lina lo enfrentó con la misma disposición que había caracterizado su recorrido, entendiendo que liderar personas, en cualquier contexto, exige lo mismo: escucha, presencia y respeto.
Las guerreras de la inundación
Entre todos los momentos que guarda en la memoria, hay uno que todavía le eriza la piel. Era 2011 y la noticia llegó por la radio: la Universidad de La Sabana se había inundado. "Sentí que me cayó un baldado de agua fría. Me puse a llorar porque uno dice: nos quedamos sin trabajo", confiesa. La incertidumbre fue inmensa, pero lo que vino después la marcó de una manera distinta. En medio del caos, fueron las auxiliares de aseo quienes se movilizaron con mayor determinación para proteger los equipos de cómputo y los espacios vitales del campus. "Ellas fueron las más guerreras en ese momento", dice con orgullo genuino, como si hablara de un equipo del que siempre supo que era capaz de lo mejor.
La pandemia trajo otra prueba, de otra naturaleza. El encierro, la incertidumbre y el trastorno de lo cotidiano se vivieron de manera distinta en cada hogar, y el de Lina no fue la excepción. "Mi esposo era el que salía a trabajar, el que hacía las compras, todo. Ahí recibí mucho apoyo por parte de mi familia", recuerda con gratitud. Ese sostén familiar fue lo que le permitió atravesar la emergencia sin perder el equilibrio, y reafirmó algo que ya sabía: que detrás de cada persona que trabaja en una universidad hay una red de afectos que también sostiene a la institución.
Pero quizás los recuerdos que más atesora no son los de las crisis sino los de las graduaciones. Eran los momentos en que algunos estudiantes, con toga y birrete, se acercaban a buscarla para agradecerle, para tomarse una foto con ella, para decirle que su acompañamiento había contado. "Ver el agradecimiento de los estudiantes me marcó mucho", dice, y en su voz hay algo que no necesita más explicación. Esos instantes son, para ella, la prueba más clara de que el trabajo bien hecho siempre deja huella, independientemente del cargo desde el que se haga.
Veinte años después, Lina Marcela Molina sigue en La Sabana. Ha cambiado de roles, ha sorteado crisis, ha liderado equipos y ha acompañado a cientos de personas en momentos decisivos de sus vidas. Y aunque el tiempo ha transformado muchas cosas a su alrededor, algo permanece intacto: la convicción de que esta universidad no es solo el lugar donde trabaja, sino el lugar donde eligió quedarse. "Esta universidad se vuelve siempre para nosotros como nuestro segundo hogar", dice. Y en esa frase caben veinte años de historia, de servicio y de pertenencia.
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