Sigue la celebración del Día del Periodista de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Sabana
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6 de Abril de 2026 14:20
María Alejandra Jaramillo Sierra lleva más de treinta años estudiando plantas y hoy es presidenta de la Asociación Latinoamericana de Botánica. Sin embargo, antes de conocerla, las ideas que me hacía de ella no eran las mejores. En conversaciones con sus estudiantes me decían que ojalá la encontrara de “buenas pulgas” (buen ánimo) y que me preparara para escucharla hablar bastante, porque cuando iniciaba, no había forma de pararla.
La hora y día de encuentro fueron programados para el miércoles 17 de febrero, sobre las 10:30 de la mañana. Todo fue mediado gracias a Andrés Ladino, monitor, colega, amigo y mano derecha de María Alejandra en el semillero de Botánica. Él se refiere a ella como alguien perseverante y trae a la conversación la historia de una salida de campo en Otanche: “Alejandra subió hasta la cima de la montaña para poder tener un poco de señal en su celular y contactar a un especialista de una planta que habíamos encontrado. Pese a lo difícil, no se dio por vencida hasta lograrlo”. Esa perseverancia está presente en su vida como profesora, como madre, como curadora del herbario.
El momento en que Andrés y María Alejandra formaron ese vínculo ocurrió en el segundo semestre de la carrera. Todo comenzó a raíz de un proyecto que Alejandra realizaba sobre el cacao en el Huila, lugar natal de Andrés y donde reside su familia. En ese proyecto, él se encargó de la organización logística, lo que le permitió conocer un aspecto diferente de ella: no solo a la profesora de la asignatura de Evolución o a la curadora del herbario, sino también al ser humano. Además, cuando atravesó una crisis personal bastante fuerte, Alejandra estuvo allí para darle consejos, apoyarlo y acompañarlo cuando lo necesitó.
Andrés fue quien precisamente me dijo que ojalá la encontrara de buenas pulgas y lo siguió con una anécdota “Alejandra es una persona sin filtros. En un congreso en medio de una presentación se puso a opinar al respecto, diciendo que eso así no era, que eso no funcionaba así. Ella tiene un carácter fuerte y que no todos entienden”.
Y puede que sea así, que sea directa o que levante el tono de voz cuando se comete algún error, como le pasó a Ana María Arenas, estudiante de Biología, quien recuerda que un día se encontraba en el laboratorio usando el microscopio, cambiando el aumento, pero lo tomó de donde no debía y la respuesta de Alejandra fue un regaño frente a todo el salón.
Sin embargo, esto no fue todo lo que contó Ana. También mencionó que la vez que fueron al Páramo de Guerrero, Alejandra les invitó a una picada a todos, compartiendo un espacio más allá del ámbito profesor-estudiante. Su relación también se fortaleció porque Alejandra es su directora de tesis, y aunque a Ana le haya costado un poco acercarse debido a la experiencia del microscopio, al final lo logró: “está muy pendiente de mi tesis, siempre me manda artículos para ir leyendo, me da las correcciones de lo que hago y es muy acertada con todo lo que necesito en el momento”, mencionó Ana.
Esto lo pude ver de primera mano el día de la entrevista. Ellas tenían una reunión en el laboratorio, en ese mesón largo, central y rectangular de color blanco, sentadas en las pequeñas sillas negras sin espaldar que se acomodan debajo. Conversaron sobre la tesis, los artículos pendientes, hubo preguntas, respuestas y siempre pude vislumbrar la seriedad de Alejandra al dar las correcciones, indicando qué hacer y cuál era el paso a seguir.
Ese miércoles llegué puntual al laboratorio, conversé un poco con Andrés, Ana y Diana Hernández (otra estudiante miembro del semillero de Botánica) acerca de cómo manejar la entrevista, pues de María Alejandra Jaramillo Sierra no hay ninguna noticia, lo cual me resultó extraño, porque es la presidenta de la Asociación Latinoamericana de Botánica (ALB), y una de las contadas personas en el mundo especializadas en el género Piper (Piperaceae), la gran familia de las pimientas, con más de 2000 especies de plantas tropicales.
Piper savanense, una de sus especies, contaba con casi 80 años sin registros hasta que María Alejandra y Andrés la reencontraron en la Cordillera Oriental. Esta investigación lleva 30 años de proceso y ya ha logrado un avance importante: la filogenia mundial de Piper, es decir, entender cómo se relacionan sus especies en el mundo. La meta ahora es conocer cómo se diversificaron estas plantas en América y luego identificar sus diferencias y similitudes en los trópicos del planeta.
Estábamos los cuatro conversando en la entrada del laboratorio, justo en la zona antes de que una pared lo divida en dos partes; a la izquierda, la zona de análisis con los microscopios, el mesón central y donde se toman las clases; a la derecha, otra sala similar con un mesón en medio y unos armarios donde se guardan los 4.110 especímenes catalogados por el herbario.
Justo en ese momento se abrió la puerta y entró María Alejandra, con una altura aproximada a 1.60 metros, cabello corto, castaño oscuro ya con canas visibles; iba vestida con una chaqueta azul rey que hacía juego con su pantalón, un saco cuello tortuga gris con diseños de cuadrados cafés, naranjas, verdes y rojos en toda la prenda, además de unos zapatos con arcoíris que su hijo le ayudó a elegir.
Lo primero que ella me dijo con una gran sonrisa de por medio, es que le diera un momento para que pudiera peinarse y arreglarse un poco. La esperé cerca de diez minutos mientras repasaba las preguntas. Pasado este tiempo volvió, ya peinada y con la chaqueta bien acomodada. Fuimos a la sala de la izquierda, en una esquina de ese mesón blanco, sentados sobre las sillas negras sin espaldar y al frente de la zona de la entrada donde estaban Diana, Andrés y Ana, expectantes de escucharla.
María Alejandra inició en la biología debido a su interés por los animales, en específico, las aves, sin embargo, fue gracias a un profesor que tomó el camino de la botánica. “Al principio trataba de que el trabajo también fuera con animales, pero después me enamoré de las plantas, quise aprender sobre ellas y 30 años después sigo así”, contó Alejandra.
Su recorrido ha sido extenso, hizo su pregrado en la Universidad de Los Andes, doctorado en la Universidad de Duke en Estados Unidos y un post doctorado en la Universidad de Harvard. Hace 15 años que volvió a Colombia por un motivo en específico: “Uno está comprometido con hacer ver el país, estudiar nosotros mismos lo nuestro, así muchas veces sea de la mano de los que tienen más recursos”, comentó Alejandra.
Y así es, debido a que la botánica no es precisamente muy apoyada en el país, se debe atener a aquellos que quieran poner de sus recursos. De igual forma, esto causa que las mejores oportunidades sean en el exterior como Brasil, México o Estados Unidos, disminuyendo la cantidad de científicos que deciden seguir en Colombia.
Todas estas experiencias han formado a Alejandra como persona pues, a modo de anécdota, contó que gracias a la botánica valora mucho más la naturaleza, porque ella de niña no era de estar mucho en la montaña, solo le gustaban los perritos mientras que, ahora al llegar a otro país, en vez de pensar en las zonas turísticas, piensa en qué bosque va a conocer.
Mientras continuábamos la entrevista, cada vez iba en aumento la cantidad de estudiantes que la veían desde la entrada. Algunos se acercaban más, llamaban a otros y prestaban toda la atención posible a lo que Alejandra iba contando, como si se tratara de una clase cotidiana. Le pregunté sobre cómo se considera a ella misma y respondió lo siguiente: “Me considero una científica y profesora, que está tratando de entusiasmar estudiantes para que sigan nuestro camino. Todavía me queda bastante por andar, pero ya con más de 50 años uno empieza a ver qué huella deja en los más jóvenes”.
También conversamos acerca de sus virtudes: “Yo soy muy persistente. Aunque en otros ambientes se pueda considerar como terquedad, en el campo de la ciencia es necesario, porque siempre vamos a tener caídas”, concluyó Alejandra.
“Todo esfuerzo es recompensado”, se suele decir coloquialmente y Alejandra es prueba de ello. En su extensa carrera ha ocupado muchos puestos, es referente en el área por sus aportes y por su empeño en enseñar. En 2025 fue elegida presidenta de la Asociación Latinoamericana de Botánica, la cual se creó en 1990 por el colombiano Enrique Forero. “Me parece increíble poder seguir el legado de Enrique a través de consolidar la asociación y ampliar las perspectivas de sus proyectos”, dijo María Alejandra.
El esfuerzo no es solo premiado con títulos, sino también con palabras, ella recuerda que, en un congreso, uno de sus tantos colegas le contó: “Alejandra, mi estudiante Laura Clavijo (actual directora del Herbario Nacional Colombiano) me dijo que usted fue la que impulsó a muchas colombianas a salir del país para hacer el doctorado”, comentó su colega.
“Yo quiero que me recuerden como una mujer colombiana que dejó huella en el mundo. Lo único que les puedo decir a mis estudiantes es que lo intenten, que no se cansen de intentar, porque así lo van a lograr”, dijo Alejandra sobre lo que espera que sea su legado.
María Alejandra ha dejado huella no solo en la botánica, sino también en las personas: Ana María, Diana, Andrés y los estudiantes que se quedaron hasta el final de la entrevista. Puede que tenga un carácter fuerte, pero también una gran disposición para enseñar: es atenta, dedicada y, como ella misma dice, a veces terca. Después de más de treinta años en la ciencia, sigue logrando lo mismo: despertar curiosidad.
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