Sigue la celebración del Día del Periodista de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Sabana
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22 de Mayo de 2026 13:00
Mi pasión por el fútbol no empezó en una cancha de pasto; mi pasión empezó en la casa de mis abuelos, específicamente en la sala, donde las ventanas eran el arco, las sillas del comedor eran los jugadores rivales y los muebles eran las tribunas. No eran entrenamientos, para mí, era un juego que lo hacíamos todas las tardes después de llegar del jardín, pero para mi abuelo era la preparación que hizo a su nieto para continuar su legado del pasado, “Salchicha” seguía compartiendo su talento innato.
Hugo Perdomo, o para los cercanos, “Salchicha” por su contextura física, fue un jugador reconocido por la gran calidad de su pierna derecha. Siempre portaba el número “8” en su camiseta; era rápido, con muy buena pegada al balón y pases magníficos al vacío. Nacido en Bogotá, era hijo de Nazario Perdomo, boxeador profesional en 1932, y de Elisa Díaz, dedicada a la crianza de sus cinco hijos.
(Archivo familiar: Hugo“Salchicha”Perdomo)
Hugo empezó a trabajar desde los 11 años; él era el encargado de cambiar los discos de vinilo en una estación de radio por las tardes para ayudar a su familia, después de que su papá, inspector de tranvía en 1948, perdiera su trabajo a causa del famoso evento que paralizó la ciudad: El Bogotazo, ya que muchos buses y tranvías fueron quemados y destruidos en la capital.
Junto a su familia pudieron salir adelante, sus hermanos y él siguieron trabajando y estudiando al mismo tiempo. Pero, en un descanso de esa rutina, encontró la distracción perfecta: un simple balón empezó a ser su mejor amigo. Un balón que, al tocar sus piernas, hacía nacer un talento natural que comenzó a practicar y aprovechar. Jugaba partidos amistosos con sus amigos, fútbol de barrio, hasta que entró a su primer equipo profesional, Luna Park, club que lo potenció como jugador y lo dio a conocer ante mucha gente, siendo campeón y mejor jugador de la primera edición del Torneo del Olaya, despertando la curiosidad de los espectadores del fútbol.
(Archivo familiar: Primeros partidos con LunaPark)
Pasaron los años y “Salchicha” ya era conocido en Bogotá. No solo era un jugador, ya se había casado con Inés Prieto y se había convertido en padre de familia. Pero, en ese momento, el fútbol no era tan comercial ni pagaba la cantidad de dinero que paga ahora, por lo que Hugo no podía dejar que su familia pasara hambre. Su talento lo ayudó en muchas ocasiones a conseguir trabajo, ya que las empresas querían contratarlo para que también jugara en sus equipos. Así llegó a Olivetti, empresa italiana exportadora de máquinas de escribir, donde él se encargaba de todo el mantenimiento mientras llevaba su doble vida con el deporte.
En este momento llega la oportunidad de su vida, Hugo fue convocado a la selección distrital en 1965, convirtiéndose oficialmente en futbolista profesional y recurrente en sus listas. Empezó a jugar en estadios de todo el país, viajando, ganando títulos nacionales y siendo uno de los jugadores más destacados. Juvenal Pérez, quien lo acompañó toda la vida en su proceso ya que eran amigos desde su niñez. Lo destacó como un gran ser humano, un excelente amigo, con una gran capacidad de ver un pase en lugares que para ellos era “imposible” y destaca la pegada al balónque tenía a la hora de cobrar tiros libres. Juvenal nos cuenta que cuando había falta a favor y el tiro era cercano al área rival, el equipo sabía que si le pegaba “Salchicha” era gol. Gracias a ese rendimiento, le llegó una oferta de Independiente Santa Fe, uno de los dos equipos más grandes de la capital. Pero no todo fue color de rosa: “Salchicha” mediante su representante se presenta a entrenamientos, pasa las pruebas y está a punto de empezar a jugar con el equipo, pero el día de la firma oficial el empresario no llegó
Después de unos días de conversaciones junto con el presidente del equipo, se dan cuenta de que la persona que llevo a “Salchicha” había incumplido con las negociaciones de otros jugadores y la de él, así, robaron a ambas partes, quedándose sin contrato, sin su nuevo equipo y sin sus sueños.
(Archivo familiar: Firma de contrato con Tolima)
Siguió su carrera deportiva jugando con Luna Park, Olivetti, Selección Distrital y teniendo un breve paso por el Deportes Tolima, donde decidió volver a su ciudad natal para no dejar solos a sus tres hijos y a su esposa, hasta que llego un partido que podía llamar nuevamente el interés de otros equipos, era el más importante en el año, pero que terminó siendo el que acabó con sus ilusiones. En una jugada, el arquero rival le clavó los taches de los guayos en la rodilla, causándole una rotura de meniscos, una lesión cuya recuperación en ese momento era muy difícil. Iba a ser una de las primeras personas en el país en ser operada por esa lesión, pero él se negó y no pudo continuar con el fútbol profesional.
(Archivo familiar: Entrega de trofeo mejor jugador Copa Lux)
Finalmente, su vida no acabó ahí. Gracias a su talento, la empresa Olivetti no lo dejó con las manos vacías, lo siguieron contratando y trabajó toda su vida con ellos, jugando con el equipo sénior donde siguió siendo estrella, logro conformar un equipo con jugadores profesionales retirados como Alejandro Brand, Delio “Maravilla” Gamboa, Orlando Marín quien fue un destacado defensa que participó en la selección Colombia, logrando ser campeón, capitán del equipo y mejor jugador de diferentes torneos, en especial en la copa Caterpillar Motor, jugada en el estadio Nemesio Camacho del Campín en 1981.
(Archivo familiar: Entrega de trofeo campeón Copa Caterpillar Motor)
Siendo director técnico de Luna Park, pudo implantar un modelo de juego de acuerdo con la experiencia que contaba. Así mismo no se guardaba nada de sus conocimientos que cada vez que podía, los impartía a equipos y jugadores cercanos en campeonatos aficionados. Entrenando en la etapa de infancia a Iván Reinaldo Quiroga, enseñándole las bases de este deporte, que con los años fue jugador profesional en Santa Fe. Así pasó a vivir fútbol como un espectador más.
(Archivo familiar: Hugo Perdomo y Santiago Perdomo, partido Millonarios vs Atlético de Madrid)
Después de muchos años de práctica en sala de la casa empecé a jugar en categorías inferiores, dejándome un recuerdo en específico que siempre ronda mi memoria, en 2019, cuando yo ya tenía 15 años, en un partido Millonarios vs Verona sub-15 anuncian mi cambio. Al salir del campo y ver sus lágrimas escurriendo lentamente por sus ojos, se acercó a mí, me abrazó y me dijo efusivamente: “Te amo chinito, eres el mejor jugador que he visto, no sabes cuánto te amo”. Y así, “Salchicha” no solo llenó arcos rivales con sus goles; también llenó muchos corazones con todo su amor, en especial el mío donde todas sus anécdotas, entrenamientos, partidos y pasión por el deporte me formaron como un futbolista que ahora se dedica a la comunicación, (y escribe este texto) que aún encuentra en el fútbol un legado eterno.
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