Sigue la celebración del Día del Periodista de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Sabana
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11 de Abril de 2026 09:31
Hay hombres que parecen estar hechos de la misma materia que las historias cuentan. Luis Fernando Domínguez es uno de ellos, como si cada una de sus vivencias hubiera esculpido el temple que hoy proyecta. Al observarlo en las oficinas de ESPN Colombia, su presencia comunica autoridad técnica y una serenidad ganada con los años. Es un hombre de contextura robusta, cuya madurez se refleja en su cabello corto y canoso.
Su apariencia denota la experiencia de quien ha vivido mil transmisiones en vivo. Tras sus anteojos, sus ojos no solo ven imágenes; crean historias y descubren talentos invisibles para el ojo común en los demás. Su voz pausada pero firme, es la de un director que sabe que cada segundo es un recurso sagrado que no se puede desperdiciar.
Su vocación nació a los ocho años, cuando se quedaba en casa cautivado por el sonido de la radio. “Me generaba mucha curiosidad el estilo de narración, el grito de gol y el show que hacían en radio, que lo hacían imaginariamente visible”, recuerda. Para él, la radio no era solo sonido; era una pantalla mental donde el fútbol cobraba vida.
En su habitación montaba estadios invisibles con un futbolín y un juego de dados. “Yo jugaba solo y narraba esos partidos para no aburrirme seguramente… Los narraba y tenía las nóminas, empecé a hacer mis campeonatos y todo”, confiesa Domínguez. Aquel pasatiempo infantil era, en realidad, la antesala de una vida dedicada al periodismo deportivo profesional.
El gran giro de su carrera ocurrió cuando su profesor, Ignacio Greiffenstein, le propuso un reto que parecía una locura para la tecnología de la época: viajar a Cali para montar un informativo de larga duración en Telepacífico. “Ir a hacer un noticiero de 90 minutos era un reto; en ese entonces los noticieros eran de 30 minutos y hacer uno tan largo era una locura”, recuerda Luis Fernando con la satisfacción del deber cumplido.
Su paso por el Valle del Cauca no solo fue su escuela técnica, sino el lugar donde consolidó su liderazgo en el área deportiva junto a figuras como Javier Fernández y Marino Millán. Al regresar a Bogotá, su versatilidad lo llevó a cubrir política, economía y cultura como corresponsal en TV Hoy, demostrando que un buen periodista deportivo debe saber de todo.
Esa misma capacidad para crear mundos y compartirlos fue la que, años más tarde, impactaría mi propia vida. Mi historia con la comunicación social no empezó en un aula, sino a través de la generosidad de Luis Fernando. Hace tres años, él me abrió las puertas de un mundo que solo existía para mí a través de la televisión.
Me permitió entrar al corazón de ESPN en Bogotá, caminar entre los estudios y conocer a todos los talentos que admiraba. Recuerdo la fascinación de verlo conectar en vivo con Argentina, manejando la tensión del satélite y los tiempos con precisión. Fue una clase magistral de logística y periodismo que cambió mi percepción del medio.
Su voluntad de guiar a otros ha convertido su carrera en una labor de mentoría. Mauricio Bohórquez, hoy productor en el canal, fue su alumno y recuerda cómo Luis Fernando poseía un instinto único para identificar el potencial oculto.
Mauricio soñaba con ser presentador, pero Domínguez, con su ojo clínico, descifró que su fuerza estaba detrás de cámaras. “Me dice: le tengo una oportunidad, pero no es para lo que usted quiera... es como productor”, relata Mauricio, agradeciendo que Luis Fernando lo ubicara donde realmente podía brillar.
Bajo esta filosofía de “escuela”, Luis Fernando se ha ganado el respeto de quienes valoran un liderazgo que no permite el estancamiento. “Es un gran tipo, un gran ser humano, pero también es un muy buen jefe. Y un muy buen jefe para mí es el que te da escuela y el que te enseña. No el que deja pasar las equivocaciones”, comenta Bohórquez.
Confiesa el productor que la creatividad y capacidad de adaptación de Domínguez se traduce en una mente que no conoce límites visuales. Mauricio recuerda proezas como meter dos motos en un set o elevar una lata gigante con grúa: “Es un tipo muy creativo, te pone a correr porque se imagina cosas que tú no ves como televidente; cuando las ves al aire dices: este man tenía razón”.
Sin embargo, ese ingenio en pantalla requiere un rigor que no admite excusas frente al error. Paulo César Cortés, quien lo conoce desde el año 2000 en NTC, describe un rasgo fundamental de su carácter: el purismo técnico. Para Luis Fernando, la honestidad frente al fallo es la base del respeto profesional. “A él no le gusta que la gente se equivoque y que diga que no se equivoca... si usted se equivoca, asuma”, sentencia Paulo. Este mandato de transparencia se vuelve vital en momentos donde el temple del periodista se separa de su propio dolor humano.
Ese profesionalismo fue evidente tras la tragedia de Chapecoense, aquel fatídico accidente aéreo de 2016 en el que casi toda la plantilla del equipo brasileño perdió la vida camino a la final de la Copa Sudamericana en Medellín. Mauricio recuerda que, mientras fuera de cámaras Luis estaba destrozado por reconocer cuerpos en el anfiteatro, al aire su transformación fue absoluta: “Verlo destrozado por dentro, pero salir al aire impecable, siempre correcto y con la palabra precisa... para mí eso es el ejemplo máximo de profesionalismo”, relata sobre esa "roca" informativa.
Mantener ese nivel de entereza, no obstante, tiene un costo físico y emocional que Luis Fernando no intenta ocultar. El agotamiento acumulado y las dificultades económicas de ciertos momentos lo han llevado a pensar en renunciar. “No fue fácil. A veces la situación económica no ayudaba”, admite con sinceridad. En esos instantes de duda, su familia aparece como el anclaje definitivo. “El orgullo que siente la familia al verlo a uno progresar, al verlo a uno cumplir metas, es algo muy bonito”.
Ese motor emocional es el que le permite gestionar la “neura” del directo, ese estrés que, según sus colegas, a veces le pasa factura en forma de intensos dolores de cabeza. A pesar de las revoluciones altas, su lealtad hacia el equipo permanece inquebrantable ante cualquier adversidad. Paulo César recuerda que, tras la compleja fusión entre Fox y ESPN, Luis Fernando se convirtió en el escudo de su gente: “Yo estoy aquí por él... él encontró cómo meterme. Esto se lo inventaron para que yo pudiera tener trabajo”. No fue una gestión de oficina, sino un acto de gratitud.
Para Luis Fernando, trabajar con nuevas generaciones evita que el medio se estanque en un círculo vicioso. “Damos paso a nuevos pensamientos... la gente joven tiene nuevas inquietudes y te permite estar actualizado”, afirma convencido de que la experiencia no debe cerrar las puertas a otros aprendizajes. Así, mantiene una dirección inclusiva en la que cualquier proyecto es bienvenido, permitiendo que su recorrido de tres décadas y el talento fresco crezcan de manera unida.
Al apagar las luces del estudio, el hombre que soñaba con la radio a los ocho años solo aspira a un título sencillo para ser recordado: “No sé, como buena gente, como alguien que siempre dio oportunidades”. Luis Fernando sigue siendo aquel niño en su habitación, pero ahora sus estadios son reales y su huella se queda grabada en la gratitud de quienes aprenden, bajo su guía, que el periodismo es un reto que vale la pena vivir con integridad.

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