​​Julián Zuluaga: “uno como actor necesita mucha disciplina”

14 de Abril de 2026 11:07

Por: Manuela Martínez

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Entre todas las viviendas de la calle 45 con carrera 19, hay una que resalta por sus vibrantes marcos rojos en la puerta y las ventanas. Sin embargo, nadie imaginaría que allí se esconde un pequeño escenario si no fuera por el gran letrero frente a ella: TEATRO.

Era domingo a las 6:30 de la tarde y, en ese misterioso pero acogedor lugar llamado La maldita vanidad se estaría presentando una obra llamada Promesa de fin de año, en la que actuaría Julián Zuluaga, un joven que ha tenido una gran trayectoria en el mundo del entretenimiento y que es conocido por haber interpretado a David en la serie de Prime Video, Los Billis, y por ser la versión joven de Darío Gómez en El rey del despecho. Esta vez lo vería en acción, actuando ante una audiencia en vivo, lo cual me causaba curiosidad.

Julián se demoró un poco en salir a escena, pero eso no impidió mi sorpresa al ver la energía y lo metido que estaba en su papel. Lo había visto en Los Billis, interpretando a un adolescente tierno pero arriesgado de los años 80, sin embargo, este personaje era completamente diferente. Se veía amargado, rudo y fuerte, a pesar de su baja estatura.

Dado el aspecto juvenil y fresco que mostraba en redes sociales, nunca pensé que Julián pudiera interpretar a un personaje así; sin embargo, le salió perfecto. Creó ese sentimiento de miedo en la audiencia al hablar fuerte, gritar y comportarse como un chico malo en el contexto de la obra, un drama sobre un hombre sometido a cirugías sin su consentimiento para que lo pudieran prostituir.

Apenas terminó la obra, Julián salió del escenario y fue a saludar a otras personas, imagino que amigos y familia. Yo no aparté mi mirada de él, pues sus crespos, increíblemente definidos, no podían pasar desapercibidos, además de sus profundos ojos cafés y su barba ligera.

Pensé que sería más serio y distante, tal vez por la imagen del personaje que interpretó: Ramiro, un hombre agresivo y controlador que balbuceaba groserías cada tres palabras y no podía aceptar un no como respuesta. Pero me equivoqué. La sonrisa de Julián podía iluminar toda la ciudad. Además, abrazaba a todos los que fueron a verlo con una energía que se sentía de aquí a la Luna.

El elenco de "Promesa de fin de año", dando la venia después de finalizar la obra. Foto: Natalia Pedraza.

Cuando me vio, me saludó de manera muy cálida, transmitiendo confianza desde el principio. El teatro era un cuarto pequeño, con tan solo tres filas de sillas sencillas. La escenografía seguía puesta; sin embargo, las luces que antes enfocaban solo a los actores ahora iluminaban todo el espacio, haciéndolo ver más grande pero, irónicamente, más apagado.

Sentí que la magia del lugar desaparecía poco a poco. Con el teatro ya vacío, hablamos de cómo comenzó su trayectoria, que la verdad, suena como una locura.

El destino ya escrito

“Estaba claro que no podía estudiar teatro porque mi familia siempre dijo que era un hobby. Por eso el Derecho y la Psicología estaban en mi cabeza. Sin embargo, cuando me presenté a la universidad, no aparecí inscrito. Entonces, para que no perdiera esos seis meses, me metí a estudiar actuación en la Universidad El Bosque”, relata Julián.

Al final el destino lo llevó a donde está ahora. Según Diego Zuluaga, su padre, siempre vieron el don de la actuación en Julián, pues desde chiquito imitaba acentos y llamaba mucho la atención sin importar el lugar. “Una vez estábamos en el aeropuerto, él empezó a hacer pataleta y se tiró al piso. Cuando su tía empezó a filmarlo y él se dio cuenta, dijo “¡Ya!” como si hubiera terminado su papel”.

Julián también recuerda sus dotes de actor desde niño. Me mostró un video de él a los 12 años actuando como un ñero, fingiendo un acento arrastrado, alzando las manos como buscando pelea, mientras que su tía repetía fuera de cámara: “creemos que Julián va a ser actor”.

A pesar de esos indicios, Diego y su esposa se resistían a la idea. "Cristina estaba un poco escéptica. Ella decía que de la actuación no se podía vivir y que para uno ser actor no necesitaba estudiar. Queríamos que fuera un pasatiempo en lugar de su profesión, pero él estaba demasiado enamorado del teatro”.

El gran amor que permanecerá siempre

Siendo sincera, el entusiasmo de Julián me cautivó. Sentí que la magia del teatro, que creía esfumada, estaba resurgiendo solo con oírlo hablar. A veces se acercaba y me miraba directo a los ojos como si estuviera en el escenario nuevamente, dejando salir todo de sí: las emociones y memorias de su vida.

Mientras hablaba de los sacrificios que un actor tiene que hacer, como ensayar 3 o 9 horas seguidas, besarse con chicos o chicas y estudiar un personaje durante mucho tiempo, pude ver la pasión que siente por su arte. “Es lo que más amo y lo que voy a hacer toda mi vida”, dijo sin dudar ni un segundo.

Julián Zuluaga actuado como Ramiro en la obra "Promesa de fin de año"

Acababa de verlo en vivo; aun así, quise saber qué pensaba Julián sobre actuar frente a una cámara.

—¿Dirías que disfrutas más actuar en teatro o en formato audiovisual?

—Disfruto mucho actuar en teatro porque siento que estoy completamente presente ahí. En audiovisual tú cortas y si te equivocas, repites, y entonces es posible que no estés 100% presente. Igual tienes que estar presente los dos minutos de escena que vayas a grabar, o los tres, o lo que sea, pero aquí tienes que estar a veces dos horas y media presente.

Aunque lo reconocen más por sus papeles en televisión, los personajes que lo han marcado infinitamente son los que ha interpretado en teatro. El más poderoso que ha hecho es Darwin, en la obra Piel Mercurio. “Es un personaje que realmente logré habitar al 100% en todas las funciones. Él tenía una condición mental, entonces para mí había un desgaste físico y emocional muy fuerte. Es el personaje por el que más elogios he recibido, porque la gente de verdad ha dicho que soy un buen actor”.

Lo que él destaca es que gracias a su profesión puede conectar con cualquier persona de distintas maneras, dependiendo de su personaje. Mariana Sarquis Buitrago es una de esas personas que ha logrado engancharse con las actuaciones de Julián. “Yo lo vi en Los Billis y la verdad hacía que el espectador se conectara con su personaje porque logra transmitir todo de manera muy realista. También lo vi en Master Chef y yo sé que allí no interpreta a nadie, pero puedo decir que era muy genuino y auténtico en su forma de ser. Me parece muy avispado y siento que debería ser más reconocido”.

Lo que está detrás de cámaras

Julián y yo tuvimos una segunda reunión donde me habló de su próxima serie: Dear Killer Nannies, que se estrenará en Disney+ muy pronto. Fue un encuentro espontáneo, pues me dio tiempo de hablar con él aunque tuviera que salir a escena en media hora.

Nos vimos por tercera vez cuatro días después. Quedamos de encontrarnos a las 4:00 p.m. en el parque Alcalá, lugar que frecuenta para sacar a pasear a su mascota, Simba, un perro pequeño y blanco con manchas color caramelo. “Es bastante carismático, como el papá”, dijo Julián mientras me lo presentaba. Simba ha sido su compañero por 3 años. Lo conoció durante el rodaje de El rey del despecho. Según él, conectaron al instante, por eso no dudó en adoptarlo.

Simba posando igual a un dibujo que tiene Julián de él en su celular Foto por: Manuela Martínez

Julián me abrazó tan fuerte al saludarme que sentí que el dicho “abrazo de oso” se hizo realidad ahí mismo. Noté que llevaba la misma pinta que hace 4 días: una chaqueta de cuero negra y ancha, unos pantalones estilo baggy y una camisa blanca para contrastar. Al parecer, esa era su elección usual de ropa, casual, como un uniforme que desafiaba a los vestuarios en sus días de trabajo.

Como el cielo estaba grisáceo, nos dirigimos a un café bastante acogedor al que suele ir normalmente. Creí que se pediría algo dulce que combinara con su personalidad; no obstante, ordenó un matcha latte, un líquido verde y espumoso que se tomó lentamente, haciendo pausas para responder a las preguntas o para jugar con el palito de madera que venía con la bebida, rompiéndolo poco a poco.

De alguna forma, no se quedaba quieto: alzaba las manos para expresarse mejor, se movía en su silla de atrás hacia adelante y hablaba con la gente que entraba o salía del café. “Yo soy muy extrovertido y toda la vida lo he sido. Mi esencia de niño está intacta, siento que la capacidad de asombro, de jugar y disfrutar es fundamental”.

Esa esencia de niño se ve en su hiperactividad, pero también en lo olvidadizo que es. Hubo un momento, cuando entrevisté a los padres de Julián en su casa, donde Diego y yo estábamos hablando de lo distraído que es su hijo y, como si hubieran dicho “acción”, la hermana de Diego se dio cuenta de que Julián se había llevado el bolso de ella en lugar del suyo.

Creo que ser olvidadizo es por parte de la familia, porque su mamá, que tenía dos vasos de leche para darnos a Diego y a mí, no se acordaba de cuál tenía la leche deslactosada y cuál tenía la entera. Sin embargo, aunque pueda haber inconvenientes con ese rasgo, de igual manera genera interacciones y anécdotas divertidas que rompen el hielo. Al final, es parte de su personalidad.

Eso sí, Diego afirma que Julián y su hermano Felipe chocaban por este tipo de inconvenientes, teniendo roces en la preadolescencia. Probablemente por sus personalidades opuestas, uno más histriónico y el otro más reservado. No obstante, se han apaciguado las aguas y, de hecho, viven en la misma casa junto a sus padres.

Julián con su mascota en un café que suele frecuentar en sus días libres. Foto por Manuela Martínez

Se notaba que había un ambiente agradable en la casa; aun así, Julián me habló sobre algo que lo hace salir de su hogar: “Creo que de las cosas que más amo es viajar. Me recarga, me llena y yo creo que uno como ser humano siempre tiene que estar recargando su ser. Eso es lo que genera en mí el viaje. Es un sinónimo de felicidad y de vida y, bueno, siento que he tenido la fortuna de viajar haciendo lo que más amo. Entonces, mi sueño es viajar mucho haciendo mi trabajo”.

Es verdad que la primera vez que salió del país fue para estudiar inglés, sin embargo, sus visitas a Brasil, México, España e incluso a otros lugares de Colombia han sido por su labor como actor.

Aspiraciones a Futuro

Julián tiene presente una visión internacional y en realidad, piensa emprender un nuevo viaje para continuar su carrera fuera del país. Aunque le ha ido muy bien en Colombia, con grandes papeles y nominaciones a premios como los India Catalina y los Premios Chip 2025, sabe que irse sería una gran oportunidad para crecer profesionalmente. “Sé que en algún momento voy a tener que irme. Tal vez a España, Francia, Estados Unidos o Inglaterra”.

Él sueña con ser uno de los actores más destacados del país. “Yo quisiera ser recordado por mi trabajo y por ser un actor que puede cambiar físicamente, de los más versátiles que se han conocido. También como un gran ser humano, eso también me parece muy importante”.

Julián es un soñador, un visionario que lucha por lo que quiere y que está dispuesto a ayudar. “Si me dicen que no puedo, yo lo hago, y luego demuestro qué puedo hacer”. Con su influencia, talento y carisma ha podido tocar los corazones de muchas personas directa e indirectamente, y lo va a seguir haciendo porque, según él, nunca va a dejar de ayudar a los demás mientras hace lo que ama.

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