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3 de Febrero de 2026 18:00
El pasado fin de semana, el partido entre Atlético Nacional e Inter Miami en el Atanasio Girardot fue mucho más que la visita de Lionel Messi a Medellín. El llamado “Partido de la Historia” se convirtió en una postal incómoda para Bogotá: mientras la capital observaba desde la distancia, otra ciudad capitalizaba una semana de millones alrededor del entretenimiento deportivo.
Según Ricardo Leyva, promotor del evento, la derrama económica total podría acercarse a los 30 millones de dólares. La Secretaría de Desarrollo Económico de Medellín fue más cauta y estimó un impacto directo inmediato cercano a los seis millones de dólares solo durante el fin de semana. En cualquier escenario, las cifras confirman una realidad: el negocio del espectáculo encontró sede, logística y respaldo institucional fuera de Bogotá.
De acuerdo con Asobares, el 60% de los asistentes al estadio llegaron desde fuera de Medellín, principalmente de Bogotá, Cali y Centroamérica. La ocupación hotelera osciló entre el 90% y el 94%, con tarifas que en zonas como El Poblado alcanzaron los 6,1 millones de pesos por noche en suites de lujo. De la misma manera, se reportó un aumento del 210% en el ticket promedio de consumo, evidenciando un visitante con alto poder adquisitivo.
La conectividad aérea acompañó el boom. Migración Colombia y Aerocivil informaron que el aeropuerto José María Córdova recibió cerca de 4.000 pasajeros internacionales diarios, un 33% más de lo habitual. Todo esto coincidió con otros eventos masivos como el concierto de Bad Bunny y Queen Sinfónico, que en conjunto reunieron a unas 160.000 personas. Durante una semana, Medellín fue el epicentro del entretenimiento en Colombia.
Para muchos asistentes, la experiencia fue irrepetible. “Nunca pensé que tendría esta oportunidad”, dijo Andrés, hincha del Verde proveniente de Soacha, reflejando cómo el evento trascendió a los seguidores tradicionales del Inter Miami o de Messi. Sin embargo, el fenómeno también dejó en evidencia una brecha económica. Mientras una boleta regular de Nacional cuesta entre 40.000 y 60.000 pesos, las entradas para este partido oscilaron entre 250.000 y 1.290.000 pesos. Para mitigar el impacto, la Alcaldía entregó 3.000 boletas gratuitas a niños de estratos 1, 2 y 3.
Más allá del partido, el evento incluyó Fan Fest, clínicas deportivas, actividades culturales y una escuela de fútbol con más de mil niños, articulada con programas distritales. Un despliegue que confirma que Medellín no solo recibe eventos: los integra a una estrategia de ciudad.
Pero el modelo no está exento de tensiones. El aumento de precios, la presión sobre la oferta hotelera y la expansión del alojamiento turístico refuerzan debates sobre gentrificación y acceso a la ciudad. La fiesta factura millones, pero también encarece la vida cotidiana y restringe al hincha local.
Ahí es donde Bogotá entra en escena. Históricamente ha sido la gran potencia del entretenimiento en Colombia: estadios, giras internacionales y la mayor industria cultural del país. Sin embargo, entre debates sobre la renovación de El Campín, restricciones de ruido y falta de articulación público-privada, la capital dejó pasar una semana de oro.
Si Medellín logra ajustar sus problemas estructurales, el relevo parece cada vez más cercano. La pregunta ya no es si Bogotá puede competir, sino si está dispuesta a hacerlo o si aceptará ver, desde la distancia, cómo otra ciudad se queda con el show.
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