El peligro que se esconde en nuestras narices

15 de Noviembre de 2025 12:00

Por: Valeria Estefanía Torres Dos Santos

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Algunas personas podrían afirmar que Bogotá es una ciudad caracterizada por su verde, gracias a los imponentes Cerros Orientales que acompañan el paisaje de la capital. Paradójicamente, entre los árboles se esconde la desmejora de la calidad del aire. A pesar de la resiliencia que ha mostrado la ciudad, entre vehículos, incendios y deforestación; crece en silencio una problemática capaz de ahogar, sin notarlo, a los habitantes de la metrópoli.

“Tenía clase de 7 a 10 de la mañana en el Barón, uno de los edificios más cercanos a los Cerros. Cuando estaba saliendo a las 10 de la mañana ya sentía un poco de dificultad para respirar, pero no me preocupé tanto al respecto porque sufro de asma y eso me suele pasar”. No fue hasta que subió a un taxi para su casa que Isabella se enteró que los Cerros Orientales estaban en llamas y que no solo ella había tenido problemas para respirar.

En enero de 2024, Isabella estaba comenzando su último semestre de materias en la Pontificia Universidad Javeriana, institución que se ubica muy cerca de la imponente montaña que bordea a Bogotá. Esos primeros días de clase estuvieron interrumpidos por la emergencia ambiental que sería noticia durante las siguientes semanas.

Este fue uno de los 31 incendios forestales reportados en la capital en 2024 según el Cuerpo Oficial de Bomberos (UAECOB). En lo corrido del año pasado, cerca de 177 hectáreas de bosque fueron quemadas, y el 70,9% de los incendios reportados se presentaron en tres localidades: Ciudad Bolívar, Usme y Bosa.

Angélica Paola Zapata Pardo, bióloga de campo y profesora de la Facultad de Educación de la Universidad de La Sabana, identifica los problemas asociados a hechos como estos en el ecosistema. La pérdida de cobertura vegetal altera el balance energético local: menos evapotranspiración y menos sombra elevan la temperatura superficial y reducen la humedad del aire en las laderas, modificando los microclimas periurbanos. En otras palabras, los Cerros pierden su capacidad reguladora de temperatura, humedad y ventilación”, comenta.

Los incendios forestales y la pérdida de vegetación a causa de la deforestación no solo implican afectaciones en los ecosistemas locales. Por un lado, “la quema de vegetación libera grandes cantidades de material particulado (PM2,5 y PM10) y gases como monóxido de carbono y monóxido de nitrógeno, compuestos orgánicos que elevan los niveles de contaminación en la ciudad y reducen la visibilidad.”, mientras que “la deforestación transforma bosques en pastizales y matorrales áridos. Además, la fragmentación y la pérdida de humedad crean condiciones más secas, favoreciendo incendios más frecuentes y severos”, indica la profesora Zapata.

Si bien en la capital no siempre se presentan este tipo de contingencias ecológicas, según el Informe de Calidad de Vida de 2024, presentado por Bogotá Cómo Vamos; emergencias ambientales como los incendios forestales de la Orinoquía y la deforestación en la Amazonía son factores que también repercuten en la calidad del aire de la capital.

Lo que queda después de las llamas

El material particulado es el conjunto de partículas sólidas y líquidas, originadas por una gran variedad de factores, incluyendo causas naturales y la actividad humana. Estos se encuentran clasificados por su tamaño, comenzando por el material particulado grueso, con un diámetro de 10 micrómetros (µm); seguido por el material particulado fino, de diámetro 2.5 µm.

Lo peligroso de estas partículas radica en que, gracias a su tamaño, “ingresan por la nariz, atraviesan las barreras biológicas que tienen los pulmones y llegan hasta el torrente sanguíneo. Desde allí, este material particulado puede alcanzar a afectar el corazón, cerebro y hasta la placenta de mujeres embarazadas.” Comenta el doctor Erwin Hernando Hernández Rincón, experto en salud pública, salud comunitaria, epidemiología y profesor de la Facultad de Medicina de la Universidad de La Sabana.

En consecuencia, la exposición prolongada al material particulado aumenta la morbilidad y mortalidad por enfermedades cardiovasculares y respiratorias no transmisibles, siendo una de las principales causas de muerte a nivel mundial según la OMS. Adicional a esto, el doctor Hernández Rincón comenta que “se ha comprobado que estos contaminantes pueden llegar a alterar el sistema inmunológico e incluso modificar la expresión genética de algunas células pulmonares.”

En ciudades con niveles de contaminación muy altos, la polución del aire puede ser tanta que dificulta la visibilidad como lo explicaba la profesora Zapata. Sin embargo, en ciudades como Bogotá, la situación es menos clara en el diario vivir de sus ciudadanos. “Me acuerdo de haber pensado que el día estaba un poco más nublado de lo normal. También olía un poco particular, pero todos estos elementos juntos no los tenía para nada asociados con una posible crisis ambiental”, comenta Isabella cuando evoca ese día de clases.

Según el Informe de Calidad de Vida, en 2024 las concentraciones de PM10 y PM2,5 presentaron aumentos del 35 ppm y 16,5 ppm respectivamente. En otras palabras, esto significa que la calidad del aire en la ciudad excede entre dos a tres veces las recomendaciones de la OMS. Los datos, provenientes de fuentes oficiales como Observatorio Ambiental de Bogotá, la Red de Monitoreo de Calidad del Aire de Bogotá (RMCAB) y la Secretaría Distrital de Ambiente (SDA); reflejan una realidad que con el pasar del tiempo las personas comienzan a percibir.

Además de la pérdida de vegetación, entre los factores que deterioran la calidad del aire en la ciudad están la alta densidad vehicular, la actividad industrial y la geografía que favorece la acumulación de contaminantes, según el Informe de Calidad de Vida. El doctor Hernández Rincón menciona que, “en ciudades de altura como Bogotá, el efecto de es aún más fuerte, ya que a una menor presión atmosférica hace que los contaminantes permanezcan más tiempo en el ambiente y eso puede agravar los problemas respiratorios y cardiovasculares. Por ende, las personas que empiezan a sentir más fatiga, tos persistente y dificultad para respirar.”

Adicional a esto, son los habitantes del suroccidente de la capital los más afectados a la exposición a aire contaminado, según el Informe de Calidad de Vida. Es importante tener en cuenta que “en Bogotá no todos respiramos el mismo aire. Hay un factor de inequidad, porque quienes menos contribuyen a la contaminación son quienes más sufren de las consecuencias”, explica el doctor Hernández Rincón.

Por otro lado, según Felipe Mariño, director de Bogotá Cómo Vamos, la deficiencia en la calidad del aire en la capital no solo afecta la exposición a desarrollar enfermedades respiratorias, sino que ya está teniendo implicaciones en la salud de la primera infancia. “En nuestros informes de niñez y de nutrición en primera infancia, vemos que en Bogotá las cifras de bajo peso al nacer han aumentado. ¿Cuáles son esas causas? Definitivamente, una de ellas es la mala calidad del aire”, acota.

La Organización Mundial de la Salud indica que la polución del aire favorece que se den más partos prematuros y otras causas de muerte entre niños y lactantes en todo el mundo, información confirmada también por el doctor Hernández Rincón.

Personas con condiciones respiratorias preexistentes son las primeras en ser afectadas a la exposición a la polución en el aire. Como menciona Isabella, “tengo mis crisis de asma de vez en cuando, incluso estando medicada. Si bien ya no me pasa tan seguido, cuando hay un cambio en altitud, en temperatura, humedad, entre otros; me puede generar una crisis”.

Ahora bien, un estudio liderado por el Instituto de Genética Humana de la Facultad de Medicina de la Pontificia Universidad Javeriana junto con el Hospital Universitario San Ignacio, la Universidad Nacional y la Universidad Distrital Francisco José de Caldas; reveló que la exposición prolongada al material particulado (PM10 y PM2,5) podría estar provocando cambios en el organismo de las personas. Si bien el estudio concluyó que los efectos de estas alteraciones pueden revertirse al suspender significativamente la exposición a la contaminación, estos cambios no hacen a las personas más propensas a desarrollar afectaciones pulmonares respiratorias, como el asma.

Sin embargo, el doctor Hernández Rincón recuerda que ante exposición crónica hay consecuencias profundas. “Por ejemplo, los pulmones de un niño expuesto por años a contaminación nunca van a alcanzar su máxima capacidad.” Razón por la cual, “es muy importante que se sigan políticas públicas que se centren en prevenir y reducir la contaminación y no solo en adaptarse en ella.”

Un problema y una solución política

Cuando se habla de las prioridades ciudadanas para el Distrito, la salud se lleva la medalla de oro. No obstante, los temas medioambientales quedan en un segundo plano. Pareciera que existe una desconexión entre la asociación entre ambas variables, que mucho tienen en común. “Falta posiblemente más información y mayor pedagogía de cómo los temas ambientales tienen una repercusión o consecuencias en la construcción de lo que una persona entiende por calidad de vida y por salud”, afirma Felipe Mariño.

Julián Sastoque, concejal de Bogotá y miembro del Partido Alianza Verde, comenta que desde el Concejo de la ciudad “hemos ejercido control político defendiendo e impulsando un sistema de transporte público sostenible y limpio para Bogotá”. Algunas de las iniciativas que, según el concejal, han minimizado el impacto de los contaminantes que afectan a la calidad del aire que respiran los ciudadanos están: el respaldo de Operadora Distrital de Transporte (o La Rolita), la exigencia en la priorización en la construcción de patios-talleres sostenibles, estaciones de carga y el avance en la implementación de las líneas de metro; el sistema de Team Bici, entre otros.

El compromiso con el ambiente no puede limitarse a la administración local, ni a cuatro años de gestión. Cuando se trata de ambiente, Felipe Mariño menciona que “los resultados tienden a verse en el larguísimo plazo y no en el actual.”. Para prueba de ello, gracias al compromiso de distintos alcaldes, Bogotá ganó, el pasado 5 de noviembre, el Premio Earthshot 2025 en la categoría Clear Our Air, convirtiéndose en la primera ciudad latinoamericana en recibir este galardón en la categoría.

Si bien, Bogotá se ha convertido un ejemplo de resiliencia al reducir en un 24% el material particulado fino después de presentar niveles críticos de la calidad del aire entre 1998 y 2005 según datos de la Alcaldía Mayor, la problemática sigue vigente. La ciudad se ha convertido en un referente global para el manejo de la calidad del aire, por lo que tiene la tarea titánica de mantener su compromiso por el ambiente y la salud de sus ciudadanos, los cuales, como Isabella, terminan enfrentando las consecuencias de un problema que, en silencio, ahoga a la ciudad.

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