Sigue la celebración del Día del Periodista de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Sabana
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31 de Marzo de 2026 00:00
Ese accidente en Spa-Francorchamps mantuvo alerta a todo el mundo. Uno de los circuitos más difíciles, una curva a 300km/h y un fallecido. La lluvia de aquel 1 de julio de 2023 en Bélgica y un choque escandaloso le quitó la vida a uno de los compañeros de pista del colombiano. En Bogotá, su familia no tenía certeza de lo que había pasado; cortaron la transmisión debido a las fuertes imágenes. ¿Chocó él? La incertidumbre los consumió.
El 19 de febrero le di la mano a un joven calmado y sereno. Noté en su rostro amabilidad, como si no tuviera problema en sentarse con un periodista por casi una hora para hablar de su vida personal. Es serio, de expresión facial neutra y postura correcta, sacando el pecho y mostrando autoridad. Es una de las figuras del automovilismo más influyentes de Colombia, con múltiples campeonatos y participaciones internacionales.
Sentados dialogando pude caer en cuenta con quién estaba. Lucas Medina había corrido mano a mano con jóvenes pilotos de talla mundial en las pistas más reconocidas del mundo, incluso en escenarios de la fórmula 1, todo a la edad de 22 años. Había alcanzado la instancia que solo tres colombianos fueron capaces de alcanzar: Fórmula 3.
En el automovilismo existen diferentes categorías. Los monoplazas, donde destacan las fórmulas que se dividen en fórmula 4, fórmula 3, fórmula 2 y fórmula 1. El karting se considera la base de los pilotos; allí se forman. Lucas corrió en fórmulas, a solo dos pasos de llegar al escenario más grande: la fórmula 1.
Ese joven que viste con ropa de marca, pero no escandalosa, aceptó sentarse conmigo después de varios intentos tratando de contactarlo. Es ocupado, se reúne con mucha gente y es supremamente disciplinado. Estudia dos carreras, entrena en el gimnasio, corre en Tocancipá y viaja casi cada fin de semana a Europa para competir. En su mirada profunda, en sus ojos cafés grandes, se nota que tiene un objetivo que no deja de visualizar: ser el mejor del mundo.
Empezó a correr en karts a corta edad. Fue campeón en varias ocasiones de las categorías micro, mini y shifter, y representó a Colombia en tres mundiales. Es difícil enfrentar logros y desafíos siendo tan pequeño, pero siempre supo que esa era su pasión. Cuando entraba en modo carrera se convertía en otra persona. Desde sus inicios bloqueaba todo aquello que no fuera su kart; se olvidaba de amigos, familia y vida. Era solo él con los pedales, el timón y la siguiente recta.
Con 16 años corrió en México ganó una carrera que solo era para Mexicanos. Después de esa carrera, Telmex, un patrocinador del evento, lo llamaron para correr en un campeonato llamado: pilotos mexicanos rumbo a la fórmula 1. Lucas describe ese momento diciendo: “la tunda que les di fue dura”. Ahí Lucas había ya formado una personalidad distinta, ya tenía que bloquear todo aquello que no fueran las carreras. Lo que vino para él fue un cambio drástico.
Sus ojos se llenaron de inspiración cuando me contó su trayectoria, pero se apagaron un poco, mirando al piso, cuando mencionó los sacrificios.
“Yo sacrifiqué toda mi infancia. Yo no tengo amigos del colegio. Nunca tuve esa oportunidad de poder vivir experiencias, como ir a una fiesta de 15 años”.
Lucas dio el salto a fórmulas gracias a su buen rendimiento en los campeonatos que corría en México. Ya había llegado a los escenarios mundiales más grandes del mundo del automovilismo, había alcanzado la formula 3. Ahí su alter ego había formado un pensamiento que pocos tienen, lo ilustró muy bien diciendo: “Uno se acerca mucho a los pilotos de Fórmula 1, tiene como tiene como esa oportunidad de poder hablar con ellos y estar con ellos, y cada vez uno se va metiendo más en ese mundo, ¿no? Entonces cada vez uno lo ve, entre comillas, más normal”.
Lucas aprendió lo que significaba estar en el foco del mundo de las carreras, su alter ego no lo sabía, él solo pisaba el acelerador y maniobraba en la pista, pero Lucas se sentaba en la misma mesa que el mexicano Sergio “Checho” Pérez.
Su hermano, Luis Fernando Medina, lo acompañaba a correr en circuitos donde se cruzaba con pilotos de fórmula 1. Para él era un orgullo, pero también era consciente de cómo se iba formando su alter ego. Sabe que Lucas no lo acepta por su personalidad fuerte, pero muy dentro de él le duelen esas cosas, sobre todo cuando su hermano y sus papás no están presentes.
“Él era el que se levantaba a las 4 de la mañana a alistarnos a todos porque era fin de semana de carrera”, recordó. En Colombia Lucas era relajado, más flexible con los horarios, pero en Europa ya no era ese Lucas; era estricto, minucioso. Solo pensaba en estar listo para correr.
En la pista no saluda a la gente, no por malo, sino porque no es él, es su versión de carrera. Su alter ego no reconoce a nadie, no piensa en nadie.
Dar el paso a la siguiente categoría no se dio. En 2023 Colombia fijó un presupuesto de 142 mil millones de pesos para apoyar deportistas, pero el automovilismo demanda más que eso. El gasto es monumental: para correr un piloto debe pagar al equipo entre 35% y 40% del mantenimiento, más de un millón de dólares por temporada. Lucas tuvo que pedir patrocinios, pero era insostenible.
Uno de sus amigos de carreras, Sebastián Rodríguez, describió la serenidad de su otra personalidad en la pista. Cuando cualquiera quisiera frenar porque la curva es cerrada, Lucas aceleraba. Sebastián se retiró en 2014 por falta de apoyo, un problema común. Ilustró su personalidad fuera de la pista: “Es muy chistoso, muy cómico, muy espontáneo”. También agregó: “como piloto estás tú contra el mundo; puedes tener a tu familia y amigos, sí, pero ellos no van a hacer nada para que tú ganes”. Por eso cambia el chip cada vez que va a correr.
Ese día en Bélgica, Lucas se salvó de milagro. Casi a 300km/h, en un día lluvioso, murió Dilano van’t Hoff, uno de sus compañeros de pista, en uno de los accidentes más trágicos del automovilismo. Casi como una protección divina, el carro de Lucas tuvo que ser retirado de la carrera por problemas eléctricos, su alter ego estaba furioso de no correr, pero Lucas sabía de lo que se había salvado. Si ese día su carro no hubiera fallado, probablemente hubiera estado en pista justo cuando el carro de seguridad se retiró para relanzar la carrera, momento fatal para el Holandés que quedo en medio de la pista y un carro lo impacta a 260km/h. En esa misma recta había muerto otro piloto francés 4 años atrás.
Muy dentro de Lucas había un vacío muy grande, sabía que le pudo pasar a él. Dilano era una de las personas con las que compartía todos los fines de semana, estaba proyectado para ser uno de los mejores. Ese es el peligro real del automovilismo.
Su hermano recordó ese día en que la ambición casi termina en catástrofe. Cuando la transmisión en Spa-Francorchamps se cortó por un fuerte accidente, todos pensaron lo peor. A kilómetros de distancia nadie contestaba el teléfono. El circuito estaba mojado, condición difícil para esas velocidades. “Nos marcó mucho”, dijo. En el automovilismo nunca se sabe qué esperar. Lucas estaba destrozado y su alter ego furioso.
Ese accidente fue un punto de reflexión para Lucas, pero su alter ego necesitaba volver a las pistas. Después de esa temporada salió de la fórmula 3 para volver a Colombia a seguir demostrando que nadie lo podía parar. Corrió, dos años después, en la Ligier European Series, un campeonato de prototipos. Su sueño siempre ha sido correr, no importa dónde o con quién. Lucas seguía estudiando, pero su alter ego ganando carreras y podios.
En abril volverá a viajar a Europa. Sigue soñando con llegar a la Fórmula 1, ahora desde otro lugar. Dentro de semanas será irreconocible, solo pensará en ganar. Su alter ego se apoderará de su cuerpo. Esa es la vida del piloto.
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