Sigue la celebración del Día del Periodista de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Sabana
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14 de Mayo de 2026 13:23
Fabio Rubiano ha construido un teatro que incomoda, interpela y emociona desde la ironía, la crítica social y las artes vivas. Su narrativa no solo busca entretener sino ir más allá, conectar al espectador con las fracturas del país.
Hablar de Fabio Rubiano es hablar de una de las figuras clave del teatro contemporáneo en Colombia. Director, dramaturgo y actor, su camino hacia las artes escénicas no fue del todo evidente: “Yo no vengo de familia de artistas, en mi casa nadie ni escritor, ni cantante, ni actor, ni nada de eso. Entonces, digamos que no tiene un origen ahí”, cuenta.
Su amor por la actuación comenzó en el colegio, donde participó en montajes escolares y concursos de declamación, presentando poemas argentinos cercanos al tango, luego textos de Federico García Lorca y más adelante, poesía costumbrista. Aunque, como él mismo recuerda, nunca ganó ninguna de estas declamaciones.
Más adelante, años después de salir del colegio, tras pasar por distintas carreras universitarias, decidió entrar formalmente a la escuela de teatro. En sus primeros años, Rubiano exploró la actuación desde distintos puntos, incluyendo la televisión. El actor y dramaturgo se inclinaba más por historias dramáticas y experimentales. Esa dualidad entre lo cómico y lo trágico terminaría convirtiéndose en aquello más característico de su estilo: llevar una realidad social a distintas puestas en escena donde el espectador pueda reír, pero también, vivir e interactuar con el teatro desde lo íntimo, cómico y trágico.
Como fundador del Teatro Petra, ha llevado a escena obras como: Perderse (Una visita a La Vorágine) (2024), Duplicado (2025), Mantener el juicio (2024), Sara dice, Labio de liebre, entre otras…
Sus obras han sido reconocidas a nivel nacional e internacional, varias de ellas galardonadas con el Premio Nacional de Dramaturgia y, aunque hoy sigue siendo es una figura clave dentro del mundo de las artes vivas, sostiene que no busca utilizar este rol para impartir cátedra, sino poner al público frente a personajes surgidos de la realidad para que así, sea posible comprender el “origen de la fractura social” y permitir que cada persona saque sus conclusiones y en lo posible conecte con la historia desde distintos puntos de vista.
En esta entrevista, Rubiano nos habla un poco de su historia, vivencias, la relación entre ficción y actualidad, la construcción de personajes y los desafíos éticos y artísticos que enfrenta el teatro hoy en día.
Periodista: ¿Cómo nació su amor por el teatro?
Fabio Rubiano: No recuerdo el momento exacto en que yo digo, "Voy a volverme actor". Lo que sí tengo presente es que yo participaba en concursos de declamación en el colegio; entonces, yo aprendía poemas y los declamaba.
P: En ese sentido, ¿el colegio y la interpretación lo llevaron a descubrir este mundo como un tipo de talento innato?
FR: (ríe) No, en los concursos nunca gané, siempre quedaba de segundo. No es que fuera tan bueno de hecho, aunque también participé en un par de obras de teatro en el colegio, pero yo no era de los duros de teatro; los duros de teatro era otra gente. Que, paradójicamente, ninguno sigue haciendo teatro. Yo sí.
P: Tengo entendido que usted pasó por varias carreras. ¿Cómo lo llevaron todas esas experiencias al teatro?
FR: Cuando salí del colegio, yo quería estudiar literatura y mis papás me dijeron , con mucho cariño, "No, mijo, eso no". “No se ponga en eso. Qué pena, Fabio”.
Yo creo que todo ayuda. Yo salí muy joven del bachillerato. A los 16 años, alcancé a entrar a la universidad. Estudié en la Antonio Nariño, empecé a estudiar bioquímica, pero ahí duré solo un semestre; de ahí pasé a la Nacional a estudiar biología porque yo quería estudiar medicina.
P: ¿Medicina? ¿Y qué lo motivaba a querer estudiar medicina?
FR: Más que por una pasión, era porque era una profesión que tenía mucha reputación en aquella época. Si uno decía, "Estoy estudiando medicina", ya se ganaba medio mundo a su favor.
Estudié biología cuatro semestres, luego ahí no di con la biología; entonces, empecé a estudiar ingeniería industrial en la Universidad Libre, luego estudié economía, tres semestres, y en el cuarto semestre es cuando me presento a la escuela de teatro.
P: Sobre esa época en la que decide empezar el teatro, usted también fue socio en un bar. ¿Cómo recuerda ese momento de su vida?
FR: Yo recuerdo eso como si estuviéramos montando la escenografía de una obra de teatro, porque era conseguir las luces, conseguir las mesas, conseguir la barra, conseguir a alguien que nos ponga música, las conexiones eléctricas, pintar, arreglar. Ese bar fue muy exitoso. Ahí entré a la escuela de teatro, pero las dos cosas no empataron.
Entonces, el profesor y Marcela, mi actual compañera, con quien fundé el teatro y quien después fue mi esposa y ex esposa más adelante, me dicen: "O la noche y el bar o el teatro". Y… te imaginarás, pues seguí en teatro.
P: ¿Cómo llegó a construir esa narrativa de sátira, crítica o justicia social tan presente en su forma de hacer teatro?
FR: Me interesaban los dramas profundos, que hablaran como de las relaciones de amor, de los rompimientos, de la la situación de la juventud en ese momento, y en esas libertades hablábamos de de drogadicción, de alcoholismo, hacíamos obras sobre eso. Pero, lo que pasa es que en medio del drama, si estábamos hablando del dolor o de la muerte o de una situación coyuntural política sobre la violencia en nuestro país, terminaban apareciendo elementos de humor.
Entonces, cuando uno contaba cosas absolutamente crudas desde un lenguaje propio, el público se impresionaba por lo doloroso de la historia, pero se reía por lo contradictorio que era hablar de esa violencia en esos términos.
P: ¿Considera que el teatro es una forma de narrar una realidad explícita?
FR: Así uno quiera alejarse de la realidad, siempre va a hablar de la realidad, siempre va a hablar de su época. Y pongo el ejemplo de si en este momento yo estuviera en Gaza y estuviera recibiendo todos los días bombardeos, y hubieran matado a la mitad de mi familia, y yo decido, en la mitad de la Franja de Gaza, montar una comedia.
Entonces la gente va a decir: “¿Pero cómo va a montar una comedia en medio usted, siendo un gazatí que está siendo bombardeado, que lo están destruyendo? ¿Usted por qué va a montar una comedia?”. Pero, con el tiempo, dirán: “Sí supieron que, en medio de los bombardeos, la gente montó una comedia”. Eso se vuelve un acto revolucionario, un acto poético. Es como la fortaleza del arte en contra de la muerte.
P: Cuando empezó a hacer teatro, ¿qué buscaba explorar en sus obras?
FR: Yo empiezo a hacer obras y lo que nos interesaba era experimentar en la dramaturgia y buscar nuevas formas de contar. A nosotros no nos gustaba ni un teatro de denuncia, ni nos gustaba un teatro que no tuviera una narración. Entonces, Marcela hizo una investigación y ahí fue cuando montamos nuestra primera obra.
P: Hace mucho tiempo, en otra entrevista, usted contó que, en un punto, nació este pensamiento de que “hoy en día es más fácil montar un prosti que un teatro”, en sus propias palabras. ¿Qué realidad quiso evidenciar con ese comentario?
FR: Eso fue hace tal vez 20 años, cuando estaba en busca de una casa para montar mi sala de teatro. Ninguna curaduría me daba permiso para montar la sala. Yo visité alrededor de 100 predios y siempre me decían: “No, eso no se puede porque es de conservación”.
En un momento de desesperación, cuando no me daban permiso en ningún lado, yo dije: “Aquí es más fácil poner un prostíbulo que un centro cultural”. Y me dijeron en la curaduría: Sí, don Fabio, porque es que a un prostíbulo llegan dos personas, luego cinco, luego cuatro, luego diez; salen dos. En cambio, a ustedes les llegan 150 a la misma hora y eso genera mucho tráfico”.
P: ¿Considera que hoy en día el arte resulta menos viable que lo clandestino?
FR: A mí no me gusta caer en aquello de que soy un artista incomprendido. Evidentemente, conseguir financiación para actividades artísticas es mucho más difícil que para montar una fábrica de tornillos o para montar una joyería.
En Colombia, hace 40 años, cuando empezamos, no había las convocatorias que hay ahora. No había una atención y la actividad cultural no era tan importante para la economía. En este momento, si no es el primero, creo que es el segundo motor de la economía.
P: Teniendo en cuenta su trayectoria en el teatro, a nivel social, ¿Cómo percibe a los jóvenes en el teatro hoy en día? ¿Hay más o menos participación?
FR: Cada día hay muchas más escuelas de teatro en Bogotá; no sé cuántas hay, pero deben pasar de 20 escuelas de teatro. Cuando yo era chiquito había dos y nadie sabía porque no había internet. Yo me enteré de que en ese tiempo existían estas escuelas muchos años después.
Entonces hay muchas más escuelas de teatro, eso significa que hay más gente queriendo estudiar teatro. De hecho, hay más gente queriendo estudiar teatro que otras carreras, eso significa que la gente quiere hacer teatro, tanto la gente joven, como la gente no tan joven.
P: El año pasado hubo una polémica bastante grande respecto a una supuesta "colaboración" con la JEP ¿Cómo lo hizo sentir esa situación?
FR: Claro, la obra en un fin no tuvo malos comentarios, de hecho, los comentarios de esa obra fueron fantásticos y la sala se nos estaba llenando. Lo que paso fue que un periodista de una revista le dio por decir que el jefe era petrista, y que Petro nos había dado 190 millones. Que eso era para limpiarle la cara a los terroristas.
Entonces, sale esa noticia y, la verdad, a nosotros nos benefició, porque vino una cantidad de gente, periodistas, que ni era afín a Petro ni era afín a la JEP, diciendo: "El teatro Petra es un grupo serio que hace piezas con un contenido estético, y ahí no le están lavando la la cara ni a la ni a la guerrilla ni ni al ejército, ni están atacando al ejército, ni están atacando a la guerrilla, están atacando a todos por igual”.
Yo no hago obras petristas. Mi posición política no es la posición de las obras porque las obras no tienen una posición política.
P: Si pudiera montar una obra que impactara en la sociedad o cambiara su rumbo, ¿qué tema elegiría y por qué?
FR: Yo nunca he querido cambiar el rumbo de la sociedad, sí me interesa que haya cambios dentro de las relaciones que se establecen en esta sociedad, sobre todo relaciones económicas, sociales, pero… ese no es mi trabajo.
Yo, con el teatro, muestro a unos personajes que están en la realidad y que se comprometen o se cruzan en un conflicto específico. Yo nunca voy a decir: "La forma correcta de la sociedad es esta" porque yo no tengo la razón.
Yo presento en el teatro ciertas preguntas sobre nuestras relaciones, pero yo no doy cátedra porque yo hago teatro, no soy un pastor.
P: Cuando usted creó Petra y empezó a dar voz a esos personajes, ¿cuál era su objetivo inicial? ¿Considera que ese objetivo se ha cumplido? ¿Se siente satisfecho con ello?
FR: Yo lo que quiero con mis obras de teatro es producir placer a la gente. Y placer no significa risa. Es un placer estético. Lo que yo quiero es lo mismo que uno quiere como espectador cuando entra a un espectáculo: pasarla bien. Así yo salga destruido, la pase bien.
Y lo que menos quiero con el teatro es que la gente se aburra. Entonces, puedo tener un discurso políticamente muy sustentado, pero si lo cuento mal la gente se va a aburrir, y para eso no es el teatro.
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