Sigue la celebración del Día del Periodista de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Sabana
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22 de Mayo de 2026 22:00
Fanny Edith prieto Bonilla es una mujer de estatura baja, tez blanca, y ojos azul claro que transmiten cariño maternal e infinita bondad. De pelo corto y bien organizado, y unas manos que reflejan cuidado e inmenso trabajo, este año cumple 20 años de labor con la Universidad de la Sabana, los cuales resumió con una sencilla enseñanza: “servicio con amor”.
Su historia con la universidad arrancó en el año 2006, con un contrato por temporada en el restaurante Mesón. Sin embargo, justo al finalizar el tiempo estipulado, se abrió una oportunidad de tiempo completo en la Clínica de La Sabana, donde comenzó a trabajar en el área de alimentos y encontró una labor que terminó marcando gran parte de su vida.
Trabajó allí durante 15 años, en el área de dietas, llevando alimentos a pacientes hospitalizados y acompañando -desde su labor diaria- esos momentos difíciles para muchas personas.
Gracias a ello, aprendió con el tiempo a mirar con más paciencia a las personas, a entender sus circunstancias y a no juzgar de primera mano una mala respuesta o una actitud fuerte, pues muchas veces los pacientes no eran difíciles por gusto, sino porque estaban atravesando dolores o enfermedades.
Una de las experiencias que más recuerda ocurrió cuando estaba en un ascensor de la clínica. Al abrirse la puerta, vio entrar a una señora con un niño pequeño que tenía hidrocefalia, enfermedad que produce una deformación en la cabeza. Al principio, la imagen le generó impacto, pero rápidamente se dio cuenta del cariño con el que esa mujer trataba al niño. Tiempo después supo que la señora lo había adoptado, y ese gesto la hizo pensar en la fuerza del amor cuando no depende de la apariencia ni de la dificultad, sino de la decisión de cuidar.
Con el paso de los años, el trabajo en la clínica también dejó huellas físicas. Fanny tuvo una cirugía en un manguito rotador y pérdida del otro, por lo que empezó a tener restricciones laborales y continuar en una labor tan exigente dejó de ser conveniente para su salud. A esto se sumó la muerte de su esposo, una situación que cambió profundamente su vida familiar y la llevó a pensar que también era momento de prestar más atención a su casa y a sus hijos.
Camino al campus
Por eso, hace 5 años tomó la decisión de trasladarse al campus universitario, ello significó una nueva etapa. Aunque Fanny dejó con tristeza el trabajo en la clínica, encontró en el Mesón otra forma de servir. Ahora desde su labor como cajera, se relaciona diariamente con estudiantes, profesores y trabajadores. Para ella, trabajar con jóvenes ha sido una experiencia alegre y revitalizadora, porque muchas veces llegan con el ánimo bajo, con preocupaciones o con explosividad, y una palabra amable puede cambiarles un poco el día.
Fanny habla de los estudiantes con la mirada de una madre, pues menciona que sabe que muchos vienen de otras ciudades, viven solos y enfrentan cargas que no siempre son visibles. Por eso, desde su lugar de trabajo, intenta tratarlos con cariño, bromear con ellos y recordarles, de alguna manera, que la vida también se compone de momentos felices, que deben compartirse cada vez que aparecen.
Entre los recuerdos más especiales de estos 20 años, Fanny menciona un viaje que la Universidad realizó en el año 2014, cuando ocho personas, incluida ella, fueron llevadas a España para asistir a la beatificación de don Álvaro del Portillo, quien fuera vicegran canciller de la Universidad de La Sabana. Para ella, no fue únicamente un viaje a Madrid, sino un gesto de reconocimiento y cuidado de las personas, que todavía recuerda con emoción y que vivirá siempre en sus recuerdos y en su corazón.
Después de 20 años, Fanny Edith Prieto Bonilla no habla de su trabajo desde el cansancio, sino desde la gratitud. Cuando piensa en todo lo vivido, en la clínica, en el campus, con los pacientes, con los estudiantes y en su familia, pues dos de sus cuatro hijos son graduados, por cuenta de una beca del 65% de la matrícula que les brindó la institución educativa, la primera palabra que se le ocurre es gratitud. “La gratitud completa”, dijo, casi sin pensarlo, como si esa fuera la manera más sencilla de explicar una vida laboral marcada por el servicio.
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