Sigue la celebración del Día del Periodista de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Sabana
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21 de Abril de 2026 09:00
Al caer la tarde, entre el tráfico de la ciudad y el calor sofocante de ese día, llegué junto con dos amigos a un edificio donde funcionaban las oficinas de Efecto Studio. Durante el trayecto, mi padre no dejaba de elogiar a Eivar Rojas: “Él ha hecho cosas muy interesantes, hace años que no lo veo”, repetía, mientras mi mente se llenaba de ideas y posibles conversaciones con aquel personaje, pionero de las empresas de viodeojuegos en Colombia.
Al entrar a las oficinas, los nervios seguían presentes, aunque se atenuaron un poco. El lugar resultaba acogedor, con pantallas encendidas, pósters de videojuegos y, en la mesa de recepción, varios premios que acompañaban el llamativo letrero de la empresa. Más allá, los cubículos de los trabajadores destacaban sobre la decoración: monitores medianos mostraban códigos y programas en ejecución. Aunque no comprendía del todo lo que veía, intuía que se trataba de un nuevo proyecto en desarrollo.
Minutos después, Eivar nos recibió en su oficina con una sonrisa y estrechando la mano a cada uno de nosotros. Al verlo, la ansiedad por entrevistarlo se disipó de inmediato. Era un hombre de estatura media, de cabello corto ya salpicado de canas, con una expresión serena y un entusiasmo evidente por conversar. Ese día vestía un polo azul oscuro, casi del mismo tono que las paredes de su oficina. Se acomodó frente a nosotros con calma; su voz pausada y su gesto tranquilo marcaron el inicio de una charla que pronto se tornó cercana y amena.
Eivar Rojas nació al sur del Huila, en un pueblo al que él se refiere como “bastante pequeño”, un lugar escondido entre montañas llenas de cultivos cafeteros, donde durante años la tecnología era algo distante. “Solo había una o dos consolas de videojuegos en todo el pueblo”, recuerda Eivar.
Su padre, Jaime Rojas, había empezado a trabajar en los cultivos de café desde los quince años, siguiendo una tradición que se repetía en muchas familias de la región. Su madre, Genoveva Castro, se encargaba de la casa y de la crianza de Eivar y sus dos hermanos.
Estudió en el único colegio del pueblo, un colegio público llamado San José, y aunque su pasión por los videojuegos no nació en un arcade del pueblo o algo similar, desde muy joven Eivar tuvo ganas de conocer, estudiar y salir adelante. Tenía claro que aquellas ganas de comerse al mundo no podían ser solo un sueño.
Al terminar bachillerato, toma la decisión de mudarse a Cali y empezar a estudiar ingeniería electrónica en la Universidad Autónoma de Occidente. Aunque no fue del todo fácil, Eivar y su familia costearon esta oportunidad hasta el final.
A finales de los años noventa, el acceso a internet en Colombia era limitado y los recursos tecnológicos en las universidades todavía eran escasos “Ni la tecnología, ni el conocimiento, ni la base teórica le daban a uno para decir: voy a investigar sobre temas de computación o de imágenes generadas por computador. Yo abrí esa puerta”, reconoce Eivar.
Así empieza todo, con un computador ubicado en uno de los laboratorios de la facultad de ingeniería, el único en el campus que tenía instalado un software de modelado tridimensional 3D Studio Max. Una nueva tecnología que para Eivar se convertiría en su pilar de interés. “Abrí esa puerta porque descubrí que uno podía hacer modelos 3D y empecé a indagar qué era eso y cómo lo hacían”.
Un profesor notó su interés y su habilidad. En poco tiempo, Eivar terminó enseñando a otros estudiantes —incluso a algunos mayores que él— y así, entre clases y distintos proyectos, fue creando su propio universo. Muchos de sus compañeros aún lo recuerdan: “Él iba dos semestres más abajo, de todos siempre fue el más apasionado por el mundo de la animación, era una tecnología muy nueva, pero ese pelado siempre se las rebuscaba para entender y aprender más”.
Cuando Eivar tenía apenas 21 años, le surgió una nueva idea: “Quiero hacer una compañía y esa compañía la quiero establecer fuera de la universidad”.
En 2002, cuando todavía se encontraba en la universidad, salió al mercado Immersion Games. En 2005 consiguió su primer cliente en Estados Unidos, lo que para una empresa emergente en una industria casi inexistente en Colombia era un logro enorme.
Poco a poco el equipo comenzó a ampliarse: de tres personas pasaron a ser quince. Sin embargo, aunque la ilusión de hacer empresa no se esfumaba, ocho años más tarde, en 2010, Immersion Games cerró. “Era difícil emprender en Colombia en ámbitos tecnológicos porque realmente nadie lo entiende ni lo quiere entender. Entonces, tratar de generar resonancia alrededor de una idea de ese tipo, y más hace 25 años, era complejo… era difícil”, menciona el ingeniero recordando aquella época. Immersion Games no solo fue la primera empresa de Eivar; fue la primera compañía de desarrollo de videojuegos en Colombia, lo que hizo que la decisión de soltar este sueño fuera mucho más difícil.
Este momento se convirtió en una pausa obligada en la vida y los sueños del emprendedor, pero más adelante recordaría este escenario como uno necesario para llegar a donde hoy se encuentra. “Eivar siempre fue muy visionario, cuando la empresa cerró, él tenía claro que iba a volver a intentarlo, siempre nos hablaba de sus ganas de crear la empresa”, menciona, Edwin Rojas, uno de sus amigos más cercanos en aquel entonces.
Un año después, en 2011, nace Efecto Studios, esta vez en Bogotá, cerca al parque de la 94. Ahora el enfoque era distinto, había más experiencia y más claridad sobre el mercado. Como bien lo describe, esta pausa a la que fue obligado con su primera empresa fue como “hacer un acto de contrición, decir qué hice mal, qué hice bien y sí lo quiero seguir haciendo”.
Esta misma ambición por no abandonar su sueño fue la que hizo que el trabajo de la empresa comenzará a llamar la atención dentro de la industria internacional. En eventos y ferias, el estudio colombiano empezó a aparecer entre desarrolladores de distintos países que llevaban décadas produciendo videojuegos.
Uno de esos momentos ocurrió durante los Mobile Premier Awards, en el Mobile World Congress en Barcelona, donde el juego Grabbity: Fall for It, diseñado por la empresa, fue galardonado, justo un año después de la creación del estudio. Y, aunque para Eivar un reconocimiento realmente no genera un eco, cree que fue de gran motivación para él y su equipo saber que estaban haciendo las cosas bien.
La compañía empezó a ganar confianza, y poco a poco, se posicionó como una de las pioneras en la industria gaming en Latinoamérica. Más adelante se presentó el desarrollo de contenido para ARK: Survival Evolved, un videojuego que durante años se mantuvo entre los más vendidos en PC a nivel internacional, lo que entonces, también ayudó a posicionar al estudio colombiano dentro del radar de la industria global.
Con el tiempo, Efecto Studios empezó a desarrollar sus propios juegos, entre estos Decoherence, el cual terminó llegando a Apple Arcade, la plataforma de videojuegos de Apple. El ingeniero recuerda esto muy feliz y extrañado. Cuenta que ese día el equipo se enteró de la noticia de una manera inesperada: "el anuncio apareció durante una presentación oficial de Tim Cook, el director ejecutivo de Apple en aquel entonces, y no fue hasta que vimos el diseño del juego en aquella transmisión que nos dimos cuenta de que habían seleccionado nuestro juego”. Decoherence es, hasta el momento, el único videojuego latinoamericano publicado en la plataforma de Apple.
Actualmente Efecto Studios ya lleva más de 24 años en el mercado, siendo pioneros en la industria colombiana sobre programación de videojuegos, diseño de mundos virtuales y animación.
Aunque gran parte de su vida gira alrededor del desarrollo de videojuegos, la rutina de Eivar no se limita a la empresa. En medio de reuniones, proyectos y la creación de nuevas ideas, también existe otro espacio igual de importante para él: su familia. Está casado y alardea de lo mucho que ama pasar tiempo con su esposa y sus dos hijas, de 9 y 5 años.
Para alguien que ha dedicado tantos años a construir empresas, el tiempo terminó convirtiéndose en el recurso más valioso. Como él mismo lo dice: “El tiempo es el único recurso que uno no puede recuperar”. Tal vez por eso, hace algunos años decidió emprender de nuevo, pero esta vez, en un proyecto muy distinto, una empresa dedicada a la exportación de café. Esta nueva empresa, es su forma de honrar y amar sus raíces, ya que gran parte de este ejemplo lo vio en su padre, el mismo que cultivó en él ese amor por la caficultura.
Aparte de los videojuegos y el café, en los últimos años, Eivar ha comenzado junto con su empresa a impulsar un programa para formar jóvenes interesados en tecnología. Los estudiantes llegan después del colegio, reciben entrenamiento durante dos años y, si deciden continuar sus estudios universitarios en ingeniería, él mismo busca la forma de apoyarlos.
Eivar Rojas Castro, hoy, no solo busca seguir creciendo, sino crear oportunidades donde antes no existían, acompañando a jóvenes que sueñan con emprender o aprender más sobre el mundo digital. El empresario busca talentos y les da las bases para que crezcan junto con él: “Quiero que otro chino de mi pueblo llegue a lo mismo”.
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