Sigue la celebración del Día del Periodista de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Sabana
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22 de Abril de 2026 11:10
“Me entregaron una idea y había que convertirla en realidad”. Gabriel Hencker lo cuenta con tranquilidad, como si fuera una etapa más del camino. Pero esa frase resume una forma de asumir la vida profesional: aceptar el reto sin garantías y trabajar hasta hacerlo funcionar. No era solo una idea; era una responsabilidad que decidió asumir por completo.
Ocurrió en 2002, cuando aceptó irse a Centroamérica para crear desde cero una empresa de tarjetas de crédito dirigida a personas que no tenían acceso tradicional al sistema financiero. No existía una estructura consolidada ni un mercado asegurado. Había una propuesta general y la tarea de transformarla en una operación real. “El sistema financiero ha dejado de ser de élite”, afirma Hencker. En menos de un año alcanzaron el 5% del mercado. Más allá de la cifra, lo que quedó fue la confirmación de su método: disciplina, ejecución y compromiso total con el resultado.
Hoy, a sus 64 años, esa misma lógica guía su trabajo como director de Producto de Mastercard. Desde esa posición lidera el diseño y desarrollo de soluciones que terminan en las manos de millones de personas. Cada innovación, cada migración tecnológica y cada alianza estratégica impactan la manera en que los usuarios compran y pagan. Su influencia no siempre es visible, pero está presente en la rutina diaria de quienes utilizan tarjetas, pagan sin contacto o realizan compras en línea sin preguntarse qué decisiones estratégicas hicieron posible esa experiencia.
La trayectoria que lo llevó hasta allí comenzó mucho antes. Ingresó a la Universidad Externado a los 17 años para estudiar Administración de Empresas Turísticas y Hoteleras, cuando la carrera apenas comenzaba a consolidarse en Colombia. Desde el inicio mostró disciplina académica y afinidad por el área financiera. Fue monitor y se graduó con promedio de 4.6, obteniendo su título con distinción por rendimiento. Detrás de ese desempeño había también una referencia cercana: su hermano mayor, Fernando, a quien siempre ha considerado un ejemplo de responsabilidad y exigencia.
Mientras estudiaba, trabajaba como cajero de restaurante en un hotel del norte de Bogotá. Terminaba clases y salía a cumplir turno. Simultáneamente, con un amigo montó un pequeño negocio de catering donde atendían eventos familiares. “Tenía que conseguir un esmoquin prestado para poder trabajar en los eventos; me tocaba hacer de pingüinito”, dice entre risas al recordarlo.
A los 23 años comenzó a dictar clases universitarias. Descubrió que le gustaba enseñar, organizar ideas y transmitir conocimiento. Esa vocación por formar personas marcaría su estilo de liderazgo en el mundo corporativo: estructurado, paciente y enfocado en el desarrollo de equipos.
El MBA (Maestría en Administración de Empresas) en la Universidad de los Andes fue un punto de inflexión en su carrera. Después de graduarse y comenzar a trabajar, entendió que necesitaba ampliar su mirada. No quería limitarse a lo operativo ni a la ejecución del día a día; quería comprender cómo se toman las decisiones estratégicas que mueven una organización.
En Los Andes se enfrentó a discusiones sobre casos empresariales reales y a un enfoque que exigía pensar en competitividad, mercado y sostenibilidad. Allí terminó de integrar su base financiera con una visión comercial más amplia. Aunque su fortaleza seguía estando en los números, confirmó que su verdadera motivación estaba en la estrategia y en la construcción de negocio. No quería quedarse analizando cifras: quería participar en las decisiones que definían todo.
Con esa claridad pasó por el sector de consumo masivo, donde fortaleció su experiencia en mercadeo y posicionamiento, y luego ingresó al mundo de las tarjetas de crédito, en un momento en que el ecosistema de pagos en Colombia aún tenía un amplio margen de crecimiento. Uno de los retos que recuerda con mayor claridad fue la creación de la Tarjeta Naranja, donde debió construir una marca financiera con identidad propia desde cero.
Años más tarde, ya vinculado a Mastercard, viviría uno de los días más significativos de su carrera al cerrar una alianza estratégica tras meses de complejas negociaciones. “No fue un proceso fácil y requirió mucha insistencia y trabajo en equipo; ese fue un día de mucho orgullo”, reconoce. Sin embargo, No lo describe como una victoria personal, sino como el resultado de la confianza construida durante años.
Desde 2007, ha sido protagonista de procesos que transformaron el mercado: desde convertir tarjetas privadas en abiertas hasta liderar migraciones tecnológicas para el comercio electrónico. Como director de Producto, su responsabilidad es anticipar cambios y diseñar herramientas que hagan más simple la experiencia de pago, entendiendo que detrás de cada producto hay hábitos y necesidades humanas.
Esa dimensión humana no se queda en la oficina. Gabriel es definido por su entorno como un hombre de una "coherencia total". Su vecina, Joana Jaime, destaca que ha logrado un balance que le permite ser un líder financiero y, al mismo tiempo, un esposo y padre de familia al cien por ciento.
En casa, es el pilar de su familia. Su hijo Esteban, de 16 años, lo describe como un padre "muy amoroso" que siempre escucha y apoya. Aunque en el hogar también ejerce un rol de guía que enseña y pone orden, lo hace desde el ejemplo. "El valor que más nos ha inculcado es la fortaleza, siempre con el propósito de que seamos constantes con nuestros objetivos y tratemos de salir adelante. Él me motiva a que siga mi propio sueño y me dedique a lo que realmente me gusta", menciona Esteban.
Aunque su carrera ha estado marcada por la planificación, confiesa que tiende a procrastinar en ciertas decisiones difíciles, asumiéndolo como un rasgo que ha aprendido a gestionar. Los fines de semana, su rol cambia: la paella es su plato favorito de cocinar. Es una de sus formas de estar presente, de conversar sin interrupciones y de dedicarle tiempo de calidad a su familia.
Gabriel Hencker entiende que su legado no se mide únicamente en cifras, sino en la huella que deja en quienes lo rodean. Para él, un día ideal no está en una sala de juntas, sino en casa, compartiendo con sus hijos. Porque, al final, no todas las transformaciones ocurren en grandes escenarios; algunas empiezan con una idea y la decisión de convertirla en realidad.
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