Claudio Alejandro Jiménez: líder en neurología en Bogotá

9 de Octubre de 2025 09:09

Por: Claudio Jimenez
10 Min

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A veces se piensa que las dualidades son opuestas. Que no pueden convivir. Que si se es racional no se puede ser emocional, que si se es científico no se puede ser espiritual. Pero hay personas que encarnan la armonía entre mundos distintos. Claudio Jiménez es una de ellas.

Entre la neurología y la fantasía, la disciplina y la calma, la rigurosidad y la ingenuidad, Claudio no solo se dedica a explorar el cerebro humano, sino que también disfruta de la magia que ofrece el mundo y del calor de su hogar, compartido con su esposa e hija.

Conocí a Claudio en un Starbucks, un lugar poco convencional si se piensa en un neurólogo, pero que él mismo define como su espacio seguro para trabajar fuera de casa y del hospital. Sabe que en uno el estrés con los pacientes es constante, y en el otro, la distracción de querer brindar afecto a su familia le impide concentrarse.

Eligió sentarse en una esquina pequeña, en una mesa algo incómoda con un espacio bastante reducido, casi como si buscara un respiro en medio del entorno público. Allí, donde el aroma a café y los murmullos de la gente parecían desvanecerse a la distancia, fue donde lo observé por primera vez.

Vestía una chaqueta de cuero, una camiseta negra, y sostenía en la mano un casco de motociclista. De fondo sonaba una canción de Taylor Swift, como si el ambiente no tuviera absolutamente nada que ver con su profesión ni con su apariencia. Hablaba muy rápido, casi atropellando las palabras, pero curiosamente siempre fue claro.

Sus gestos eran pausados, serenos, y acompañaba cada frase con un movimiento suave de las manos. Sus ojos se abrían un poco y su rostro se tensaba cada vez que llegaba una notificación en el teléfono, siempre pendiente de llamadas o mensajes, especialmente si eran de su esposa. Tenía esa mirada propia de quienes saben que tanto su trabajo como las personas que aman requieren la misma atención y espacio en su vida.

Una vocación que cruza fronteras

Claudio Alejandro Jiménez es neurólogo y tiene una trayectoria extensa. Es líder en la creación y desarrollo de unidades de cuidado especializado para pacientes con enfermedades cerebrovasculares, como el accidente cerebrovascular (ACV), en Bogotá y en otras partes del mundo. Su vida profesional ha estado repleta de desafíos, pero también de numerosas metas cumplidas.

“Estuve en África y me impresionó ver que los problemas eran muy parecidos a los de Colombia: falta de atención oportuna, carencia de infraestructura especializada. Entonces entendí que no era solo una crisis local. Desde entonces, empecé a capacitar a profesionales en distintos países para crear centros de atención desde cero”, explica.

Desde que era estudiante de medicina vivió una experiencia que marcó su camino profesional y personal. Durante una práctica en la morgue, al ver un cuerpo sin vida, se hizo una pregunta que lo acompañaría por siempre: ¿dónde está ese impulso vital que nos mueve como seres humanos, ese que ya no está y no volverá?

Ese instante lo llevó a interesarse en la conciencia humana y, con ello, en el cerebro, el órgano que aloja los recuerdos, la vida y la mente. Fue entonces cuando decidió estudiar neurología. Su carrera no solo ha estado enfocada en comprender las enfermedades, sino en explorar la esencia misma de la existencia humana.

Desde muy joven comprendió que su misión iba mucho más allá del trabajo médico convencional. Quiso transformar la atención pública para aquellos pacientes neurológicos más vulnerables. Fundó y lideró la primera unidad de cuidados intensivos neurológicos en el Hospital Simón Bolívar, en Bogotá, un centro pionero que permitió el acceso a tratamientos especializados y que, hasta el día de hoy, ha salvado miles de vidas.

“Encontré un problema muy claro en la salud pública: no se prevenían los ACV, y cuando ocurrían, el sistema no respondía a tiempo. Así que decidí empezar desde lo básico: formar equipos, estructurar procesos, y construir poco a poco la red que hoy existe. Mi meta es prevenir antes que lamentar”, señala.

Su pasión y amor por este trabajo lo llevaron a coordinar proyectos internacionales para establecer centros de atención para ACV en países de África, y también en Uruguay y Argentina, con el respaldo de la World Stroke Organization. Esa es la manera en que Claudio dedica su vida ayudando a los demás, siempre con una sed insaciable de aprender más y seguir creciendo.

Un hombre lejos de la bata

Pero esa figura profesional no es más que una parte del hombre que se sienta en ese rincón de Starbucks, lejos de la bata blanca. Según su esposa, Claudio en casa es otra persona: amoroso, protector, tranquilo y profundamente enamorado de ella y de su hija, Atena, un nombre que eligieron como tributo a la diosa griega de la sabiduría y el arte.

A pesar del estrés que carga a diario, nunca pierde la capacidad de maravillarse con las pequeñas cosas de la vida. Es un hombre que baila con su hija todas las noches, que sale a caminar con ella para recoger flores y entregarlas a su esposa al volver a casa.

“Desde que lo conozco, siempre se levanta antes del amanecer. Nunca falla a sus rutinas: corre, medita, planea su día. Viaja constantemente, pero sin importar en qué parte del mundo esté, siempre busca el modo de estar con nosotras, aunque sea con una videollamada para leerle a nuestra hija. Es de esas personas que cumplen todo lo que se proponen”, cuenta su esposa.

A pesar de tener 43 años, en la mirada de Claudio se percibe una experiencia profunda y una sensibilidad particular hacia los demás y hacia el mundo. Es la mirada de alguien que ha vivido intensamente. Su esposa cuenta que la familia es su centro y que ambos trabajan en equipo para encontrar momentos de calidad en medio del estrés que supone la vida profesional.

Cada vez que vuelve de un día largo y difícil, Claudio transforma su hogar en un universo completamente distinto, lo llena de música rock, cuentos de fantasía y conversaciones científicas que comparte con su hija. “Quiero enseñarle a mi hija que puede ser científica y también soñar. En casa escuchamos rock juntos todas las tardes, inventamos historias. Ella ya dice que quiere ser astronauta y escritora, y eso para mí es todo”, expresa.

Ciencia, rutina y magia

A pesar de las exigencias diarias que implica su profesión, Claudio procura alimentar su mente y su espíritu con arte, música y lectura. Es un apasionado lector de Walt Whitman y Carlos Drummond de Andrade. Además, siente un profundo amor por el rock y sueña con ser músico algún día y formar su propia banda.

También está escribiendo una novela de fantasía en la que crea dos mundos alternativos donde la ciencia y la ficción se entrelazan. Él mismo confiesa que escribir, leer y hacer música son sus válvulas de escape, una forma de conservar su esencia frente a las cosas difíciles que enfrenta a diario.

Claudio insiste en que la clave del éxito está en las rutinas, como las que él mismo practica: comienza su día antes del amanecer con ejercicio y meditación, rituales que le permiten mantener el enfoque.

El equilibrio entre su vida profesional y familiar no es casualidad, sino el resultado de una estrategia construida junto a la mujer que ama, para poder salir adelante juntos. “Buscamos tiempo para la familia, pero también entendemos lo demandante de nuestras profesiones de salud, así que trabajamos para tener tiempo de calidad, especialmente los fines de semana”, dice él.

Una anécdota que revela mucho sobre quién es Claudio ocurrió un día que caminaba apurado con su esposa. De pronto, sin previo aviso, se detuvo para observar una hormiga que cargaba una hoja enorme, desproporcionada para su tamaño. Para muchos habría sido una distracción irrelevante, pero para Claudio fue un instante de asombro. “Nunca pierde esa capacidad de asombro”, dice su esposa.

En ese gesto simple se resume mucho de lo que lo define: un respeto profundo por la vida y una nobleza que se expresa incluso en los detalles más pequeños.

La bondad como camino

Claudio sabe que el cerebro humano es un misterio que apenas se está comenzando a comprender. Por eso su trabajo trasciende cada vez más y lo impulsa a aprender constantemente para alcanzar la excelencia. Este camino lo ha llevado a realizar dos subespecializaciones simultáneas en neurología vascular y neurointervencionismo, retos que asume día a día junto con la crianza de su hija.

En Colombia, las enfermedades cerebrovasculares son la segunda causa de muerte y el accidente cerebrovascular es la primera causa de discapacidad. Claudio se convirtió en pionero en Bogotá al implementar protocolos que han reducido el tiempo crítico de atención para pacientes con ACV. Esto ha permitido salvar muchas vidas y preservar diversas funciones cerebrales. Sin embargo, para él no basta con la tecnología ni con la ciencia y dice con determinación algo que parece definirlo: “Sin bondad no hay ciencia”.

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