Sigue la celebración del Día del Periodista de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Sabana
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22 de Mayo de 2026 12:00
La trayectoria profesional y humana del doctor Álvaro Enrique Romero Tapia revela la convergencia entre la excelencia médica y la formación integral de personas. Médico cirujano de la Universidad Militar Nueva Granada, psiquiatra de la Universidad Nacional de Colombia y maestro en Bioética de la Universidad de La Sabana, Romero se vinculó a la Universidad de La Sabana en 2006 como profesor de cátedra y psiquiatra de la Clínica Universidad de La Sabana. Desde entonces ha desempeñado diversas responsabilidades hasta asumir la decanatura de la Facultad de Medicina, cargo que le ha permitido consolidar el proyecto académico de una institución que lo ha marcado profundamente.
Su llegada a la Universidad de La Sabana se produjo pocos meses después de terminar su residencia en psiquiatría. Empezó como profesor de cátedra y consultor en la Clínica Universidad de La Sabana, donde dictaba clases y atendía pacientes. En esos primeros meses fue testigo de la filosofía institucional: formar profesionales competentes pero, sobre todo, buenas personas. Para él, ese principio no era una estrategia de mercadeo, sino un compromiso real: "desde la primera vez que vine a la Clínica, me sentí muy bien recibido. Me sorprendió la visión de formar excelentes profesionales pero también buenas personas, y en mi vida diaria he comprobado que la universidad se toma en serio esta visión"
A medida que se consolidaba como docente y clínico, Romero asumió nuevos retos. Fue coordinador de Salud Mental y Psiquiatría de la Clínica, subdirector de estudiantes y director de Estudiantes de la Facultad de Medicina entre 2009 y 2011, a partir de 2011 ejerció como director de programa y en 2015 fue designado decano. Esa progresión le permitió conocer a fondo cada área de la facultad y liderar procesos de acreditación, investigación y bienestar.
Lejos de describir su carrera en términos administrativos, el decano subraya su propia transformación. “He madurado como persona, como investigador y como líder y aprendí a perder el miedo a preguntar, a escribir, a dirigir equipos y a entender que el liderazgo se basa en el servicio” afirma el decano. Las responsabilidades académicas y la cercanía con los estudiantes le enseñaron a mantenerse humilde y a valorar la formación integral. “Trato de estar cerca de los estudiantes para que sientan que uno está al alcance, no he querido ser un decano que solo se ve en los discursos de grado.”
En casi dos décadas en el campus, Romero no solo ha visto crecer la Facultad; ha descubierto cómo la Universidad de La Sabana incide en la vida de su comunidad. En una de las oficinas de la clínica, una frase lo marcó: Aquí formamos excelentes profesionales pero no buenas personas. Me impactó profundamente porque era una confesión sincera de que podríamos fracasar si solo apuntamos a la excelencia técnica. Me di cuenta de que la universidad quería ir más allá, acompañarnos en nuestro propio proyecto de vida. Este enfoque también alcanzó a su familia: él mismo reconoce que si hubiera trabajado en otra institución su vida sería distinta; La Sabana influyó en la educación de sus hijos y en el desarrollo profesional de su esposa.
La principal satisfacción del decano proviene de las personas que ha acompañado. Evoca con emoción el primer grupo de estudiantes que rotó con él en la clínica: “Verlos crecer y convertirse en excelentes médicos, algunos de ellos hoy especialistas destacados, es la mayor satisfacción que deja la docencia”.
Relata también la historia de un graduado que, tras conquistar la subespecialidad, sigue consultándolo antes de tomar decisiones importantes, y la de una joven de bajos recursos que, gracias a un crédito educativo, logró graduarse y convertirse en docente. Estos testimonios reflejan el impacto humano de su labor y le recuerdan que el verdadero éxito no se mide en cargos sino en vidas transformadas.
Para Romero, el legado de la Facultad de Medicina de La Sabana trasciende los avances científicos y clínicos. Se trata de cultivar valores como la solidaridad, la gratuidad y la responsabilidad social. "Si yo tuviera que definir nuestro sello, diría que buscamos el equilibrio entre la excelencia científica y la formación de personas íntegras", comenta. Su mensaje para las nuevas generaciones es claro: que se enamoren de su profesión, que valoren cada encuentro con pacientes y colegas y que no olviden que, detrás de cada diagnóstico, hay una persona con una historia y una familia.
La vida de Álvaro Enrique Romero Tapia resume la esencia de la Universidad de La Sabana: una institución que conjuga ciencia y humanismo, que acompaña a sus miembros en la construcción de su proyecto vital y que apuesta por un liderazgo basado en el servicio.
Después de dos décadas, el decano mira hacia el futuro con la convicción de que los grandes desafíos desde la renovación curricular hasta la investigación de punta solo se resolverán si se preserva el valor de la persona. Su historia es, en última instancia, una invitación a reconocer que la universidad no es solo un lugar de trabajo, sino un espacio donde se forja la vida.
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