Sigue la celebración del Día del Periodista de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Sabana
Sigue la celebración del Día del Periodista de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Sabana
Buscar
31 de Marzo de 2026 13:45
En Bogotá, entre el caos que envuelve el Parque de las Flores, las maquinarias de las obras del metro y los escombros de lo que alguna vez fue la Avenida Caracas con 68, se encuentra el estudio de grabación Abril Records. Lugar que ha sido el espacio predilecto para artistas emergentes por años, y que hoy es el segundo hogar de Giorgina Rojas, quien se preparaba para su primer show en vivo en el Festival Estéreo Picnic (FEP).
En un bochornoso cuarto —de no más de 25 m²— regado de gruesos cables, latas vacías de pola y amplificadores que retumban sobre la caja torácica, Agraciada, el alter ego musical de Giorgina, es quien toma la batuta durante los ensayos nocturnos. Ella dirige, repite, aísla, propone y orquesta a sus 15 músicos durante dos horas, dos veces por semana.
Sin pausa, pero sin prisa, su ensamble tiene por delante un reto técnico sin precedentes: darle “vida orgánica” a una producción musical que se rige enteramente desde lo digital. Ella debe traducir géneros musicales alternativos como el bedroom pop y el glitch pop a la lógica de un escenario para miles de personas.
Dentro de los intérpretes del parche, se encuentran figuras como buenosdías, viejosol y jjcqs, amigos cercanos y creativos de la misma escena, que, junto con Giorgina, representan a 3 de los 21 mil virtuosos independientes en Bogotá que luchan por vivir de su arte.
Ser una joven de 22 años, emergente e independiente representa todo un reto, implica autogestión absoluta. Hay múltiples factores que complican la subsistencia profesional. Como, por ejemplo, las ínfimas regalías que dan las plataformas de streaming, solamente en Spotify las ganancias oscilan entre los 0,005 y 0,003 USD por reproducción. O la compleja financiación de proyectos sin el apoyo de una disquera. Ya que, en promedio, la realización de un álbum cuesta $7,800 USD en adelante. Es por esto que la invitación al FEP para Giorgina resultó toda una sorpresa.
Un día cualquiera, en un scrolleo por Instagram aparece una notificación a los mensajes directos de Giorgina. Un dm de Páramo, la empresa organizadora del festival, aparecía de primeras sobre su pantalla. Parecía falso, pero el mensaje era claro y sin rodeos, una invitación a cotizar la participación de Agraciada en el festival.
Así, sin más, Giorgina no lo pensó mucho, y respondió con “Ah, bueno”. Y aunque perpleja, sin saber la razón de su elección, la conversación prosiguió a un contrato formal por 2 millones de pesos colombianos. De las 66 vacantes en el festival, ¿cómo pudo haber sido seleccionada si era una artista con poca presencia pública? Definitivamente, fue un shock la noticia para alguien tan sensible como ella.
Precisamente, esa es su espada de doble filo: la “hipersensibilidad”. Por un lado, le permite empatizar a raíz de sus propias experiencias de vida y traducir esos pensamientos, personas y conceptos a colores y texturas musicales. Esto se debe a una rara aptitud conocida como sinestesia. Por el otro lado, le remite a un camino de dudas, impulsividad y constante reafirmación ajena. La negatividad siempre la derrumba. Su madre, Cielo Esperanza, debe recordarle con frecuencia “Tú puedes, todo el mundo lo puede hacer, pero tú lo puedes hacer mejor”.
Su pareja, Sofía, pese a no entenderla del todo, intenta acompañarla preguntando sobre su estado de ánimo, pero entrometiéndose poco. Aunque sigue sin entender por qué Giorgina todavía hace compras impulsivas por internet, de las cuales se arrepiente a los pocos días.
La duda siempre ha mermado su carrera musical. A finales del 2025, Giorgina ya había lanzado dos EPs (proyecto de reproducción extendida) y nueve sencillos, y, sin embargo, aún había una decisión crucial pendiente. Renunciar al call center en donde trabajaba desde hacía más de 2 años para dedicarse de lleno a la preparación del show. La duda la invadió. Ni siquiera su alter ego estaba seguro de que fuera una decisión razonable.
Era difícil renunciar a la estabilidad de un buen salario y un horario fijo; además, a ella siempre le había gustado la plata trabajada y honesta. Desde pequeña lo manifestaba: en el colegio les peinaba el cabello a sus compañeros por 200 pesos y vendía "cachirulos" (objetos insignificantes y variados) en los recreos. Nunca dudó que su salida directa del bachillerato sería el trabajo.
De todas formas, renunció ante la incertidumbre que la carcomía. “Se puso las pilas”, reflexiona Valentina Jiménez, una de sus mejores amigas del call center, y así, se comprometió de lleno con su proceso creativo y con los ahorros de su chequera familiar.
Ese compromiso es el determinante para estar frente a los escenarios del FEP y de la rigurosidad impuesta durante sus ensayos. Esa es una cualidad de Agraciada y de Giorgina. Sea desde la ideación de su estrategia de difusión en TikTok hasta lo que implica encontrar la configuración exacta de modulación de sus guitarras. Todo es calculado, meticuloso, y responde a un propósito particular: perfección artística.
Sin embargo, a las 6 de la tarde, cuando el sofoco del estudio se vuelve insoportable, Agraciada se diluye y Giorgina reaparece nítida. Regresa esa versión que no duda en preguntar ni hacer el oso; la que goza del parche, ser anfitriona de rumbas intensas y que, sagradamente, convierte cualquier tienda de víveres Oxxo en santuario de cofradía nocturna entre amigos o extraños.
Así, entre cables, dudas y escombros a las afueras del estudio, Giorgina ha aprendido que el riesgo también tiene cabida como una forma de fe. Mientras la ciudad se transforma día por medio, ella se reconstruye a punta de ensayo. El pasado domingo 22 de marzo en el FEP debutó Agraciada; también lo hizo la certeza y cuatro años de trabajo, durante los cuales elegir su arte ha valido la pena.
Conoce más historias, productos y proyectos.