Sigue la celebración del Día del Periodista de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Sabana
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22 de Mayo de 2026 03:00
“Subí a Monserrate a pagar una promesa con unos alumnos por haber pasado el TOEFL… y casi me muero”. Así, entre risas, recuerda Juan Gabriel García Manrique una de las experiencias que marcó su vida personal. Lo que empezó como un gesto simbólico con sus estudiantes terminó convirtiéndose en un punto de quiebre: desde ese día decidió cambiar su estilo de vida. Comenzó a entrenar, recuperó su estado físico y, desde hace 16 años, se dedica al running, participando en múltiples medias maratones y carreras de 10 kilómetros.
Esa cercanía con sus estudiantes no es casualidad. Es, en realidad, una de las razones por las que ha permanecido durante 30 años en la Universidad de La Sabana.
Juan Gabriel es egresado de la Universidad del Rosario, donde cursó su pregrado, y de la Universidad del Valle, donde cursó su posgrado. Es especialista en Medicina Familiar, una disciplina que se enfoca en la atención integral de las personas, acompañándolas a lo largo de su vida, no solo desde lo físico, sino también considerando su entorno familiar y social. Más que tratar enfermedades, la medicina familiar busca comprender al paciente como un todo.
Su llegada a la Universidad de La Sabana en 1996 se dio inesperadamente: “llegué por un aviso en el periódico… necesitaban un médico familiar”, cuenta. Aunque inicialmente no existía una estructura clara para su área, terminó vinculándose desde los inicios de la Facultad de Medicina, trabajando con la primera promoción de estudiantes y desarrollando posteriormente todo el campo de la medicina familiar dentro de la institución.
Lo que comenzó como una oportunidad se convirtió en un proyecto de vida. “Me dijeron: apuéstele al futuro… y le aposté”, recuerda. Esa decisión, tomada cuando la facultad apenas empezaba, hoy se refleja en una trayectoria consolidada y de alto impacto.
A lo largo de estos años, ha sido testigo de grandes cambios: avances en investigación, innovación, transformaciones curriculares y nuevas formas de enseñanza. Sin embargo, hay algo que, según él, ha permanecido constante: el sentido humano. “El trato humano siempre ha sido muy bueno”, afirma, destacando este elemento, como uno de los principales motivos por los que decidió quedarse.
Uno de los momentos más significativos de su carrera fue la creación de la especialización en Medicina Familiar, un proyecto que había soñado desde sus inicios. “Empezamos a trabajar en el 2000 y en el 2006 finalmente comenzó la especialización”, explica. Este logro no solo marcó un hito académico, sino también personal.
Pero si hay algo que realmente define su experiencia en la Universidad, no es un solo momento, sino las relaciones que ha construido. “He formado como una familia… he ido a matrimonios de alumnos”, dice. Su forma de enseñar ha estado siempre ligada a la cercanía, al acompañamiento y a la construcción de vínculos que trascienden el aula.
Recuerdos que marcan
Esa misma capacidad de adaptación y compromiso se evidenció en uno de los momentos más difíciles que ha vivido la Universidad: la inundación del campus. “Fue abrumador ver el campus inundado ese mismo día”, recuerda. Sin embargo, lejos de detenerse, la comunidad universitaria reaccionó con rapidez. “No perdimos ni una clase, nos adaptamos muy rápido y seguimos con todas las actividades docentes”.
Para él, esta situación dejó una enseñanza profunda: la Universidad no es solo un espacio físico. “Fue una oportunidad para entender que la Universidad no es el campus, somos todos: alumnos, docentes, administrativos y directivas”. Esta experiencia, además, impulsó el desarrollo de la virtualidad y demostró la resiliencia de toda la comunidad.
En su vida personal, su labor como profesor también ha tenido un impacto significativo. Ser profesor implica un aprendizaje constante, especialmente en un campo como la medicina. “Te obliga a aprender todos los días”, afirma. Sin embargo, ha logrado mantener un equilibrio con su familia, algo que considera fundamental. Las experiencias que vive en su trabajo, muchas veces, las comparte en casa. Así su profesión es parte de su vida cotidiana.
Cuando habla de la Universidad, lo hace con convicción. “Aquí se respeta mucho al ser humano… se dice, se hace y se vive”, asegura. Para él, valores como el humanismo, la honestidad, la búsqueda de la verdad, la libertad y el respeto no son solo conceptos, sino realidades que se reflejan en el día a día.
Después de 30 años, su historia no se define únicamente por el tiempo sino también por el impacto. Juan Gabriel García no solo ha formado médicos, sino que ha construido relaciones, ha acompañado procesos de vida y ha dejado una huella basada en la cercanía y la humanidad.
Y tal vez esa es la verdadera razón por la que se ha quedado tanto tiempo: porque encontró un lugar donde enseñar también significa conectar, acompañar y construir comunidad.
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