La Peña de Juaica es una joya ambiental que requiere protección

30 de Abril de 2026 16:50

Vista de la Peña de Juaica, una formación rocosa cubierta de vegetación entre los municipios de Tenjo y Tabio, Cundinamarca.
Por: Ana María Gutiérrez Solarte

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Juaica es una peña inmensa entre Tabio y Tenjo. Para los Muiscas fue sagrada, y los apasionados por la ciencia de lo paranormal indican que es un punto alto de radiación y, por eso, convoca objetos voladores no identificados. Ha resistido siglos de viento y de lluvia. Guarda los pasos de indígenas, campesinos, visitantes y curiosos buscadores de señales en el cielo.

A pesar de guardar tantas historias, desde el 2021 acceder a ella está prohibido. Se han registrado muchísimos hurtos. Visitantes, en internet, la reportan como un lugar inseguro. Dicen que es hermosa; lo único es que, al hacerle una visita, regresan sin sus pertenencias.

Conocí la Peña de Juaica en busca de un lugar fuera de lo común. Llegué a ella al enterarme de que Tenjo fue el escenario del primer Festival OVNI en Cundinamarca. El municipio busca atraer turistas intrigados por lo inexplicable. La idea no es solo ofrecer un lugar misterioso, sino también impulsar la economía local: que los tenjanos conozcan el fenómeno y que sus bolsillos se vean beneficiados.

En mi primera visita a Tenjo hablé con Alejandro Montoya, ufólogo del Instituto Municipal de Cultura y Turismo. Me explicó que en la región se han documentado principalmente avistamientos de luces en el cielo, lo que en ufología se conoce como “contacto de primer tipo”, aunque también se reportan huellas en cultivos y testimonios de personas que aseguran haber tenido encuentros más cercanos.

Según Montoya, la Peña de Juaica, junto con los cerros Majuy y Tablazo, conforman un corredor donde las manifestaciones de luces en el cielo son recurrentes. Por eso, plantea que Tenjo podría convertirse en el “Roswell de Cundinamarca”. Roswell es una ciudad de Nuevo México que vive del turismo ufológico. El municipio de Sabana Centro, igual que Roswell, puede aprovechar su reconocimiento por los ovnis para promover un turismo alternativo. Sin embargo, Juaica, el punto más alto para estos fenómenos, está cerrada.

Llegar hasta la Peña no es sencillo. La carretera está llena de curvas que marean, y a medida que se avanza la señal telefónica empieza a fallar. El trayecto deja de ser pavimento y se convierte en trocha: la vía es destapada e irregular. En la aplicación de navegación Waze, aparece una dirección marcada, pero al final el camino se corta y no lleva a ninguna entrada oficial; lo que hay es un paso cerrado.

En ese punto me encontré con un habitante de Tabio que tenía una sonrisa incompleta y un diente brillante que resaltaba y cegaba con la luz del sol. Muy amable, me advirtió: “Por allá roban. Toca tener cuidado”. Además de su aviso, me sugirió otra forma de llegar a la Peña.

Seguí sus indicaciones, sabiendo que el acceso está prohibido por la Alcaldía municipal de Tenjo. Unos metros antes de la tienda “Porkis” (punto de referencia que el amable señor me había dado) encontré un restaurante-ecohotel que ofrecía caminatas guiadas. Fue ahí donde decidí entrar, ya que, de acuerdo con el decreto Municipal No. 040 de 2021 de la administración de Tenjo, solo pueden acceder personas autorizadas, quienes residen y son dueños de terreno.

El restaurante-ecohotel Atawa era propiedad privada, así que tenía la certeza de que podría estar aún más cerca de la Peña de Juaica.

Llegar a Atawa fue similar al arribo al espacio público de la Peña: era una vía destapada, con curvas y subidas. Al llegar me recibió Sandra Jaramillo, la dueña del hotel. Le conté que necesitaba conocer la Peña. Ella, muy cordial, me preguntó si sabía lo que pasaba en esta zona, refiriéndose a los objetos extraños que se presentan en el cielo. Me mostró unos videos que tomó con su celular de las luces que se manifiestan por la noche. En uno de ellos, lo que parece ser un ovni en el cielo se encuentra con un avión. El platillo volador le encendía las luces, como si le estuviera dando paso.

El hotel de Jaramillo tiene un acceso privado hacia la Peña, así que, coordiné una visita para conocer y disfrutar este maravilloso lugar.

Atawa eco-hotel, la entrada para visitar Juaica. Fotografía por: Ana María Gutiérrez Solarte

Desde tiempos antiguos se ha dicho que Juaica es un portal energético. Algunos aseguran que sobre ella se abren portales misteriosos. Otros la culpan de lo inexplicable: luces que cruzan el cielo y desaparecen en su cima. Lo que es un hecho es que Juaica ha sufrido a causa de quienes la visitan; Con cada paso descuidado o fogata improvisada, la han ido destruyendo.

Además de los visitantes que la lastiman, hay que mencionar a los que no vienen por ovnis ni por energía, sino por billeteras, zapatos, chaquetas y celulares. Juaica además de montaña, fue cajero; porque más de un caminante ha tenido que entregar hasta lo del pasaje.

Era el momento de encontrarme con Juaica. Me presenté con mis padres y la cámara fotográfica. Jaramillo nos recibió igual de acogedora que la primera vez. Comimos y después la dueña del lugar nos indicó el camino para subir hasta la Peña. Nos recomendó quitarnos los zapatos y medias para recargar energías.

En el camino nos encontramos con los residentes de la Peña. Reconocimos la guasca (la planta que comúnmente condimenta el ajiaco), un ciempiés, un búho y “chupallas” o epífitas, esas plantas que crecen sobre otras. Además, encontramos huesos de mamíferos pequeños.

Una epífita, la clase de plantas que crecen sobre otras. Fotografía por: Ana María Gutiérrez Solarte

Olía a tierra húmeda y el aire se sentía fresco. Conforme subíamos, los pájaros se veían más cerca. Las mariposas combinaban perfectamente con la vegetación. Entre los 2.800 y 3.300 metros sobre el nivel del mar de Juaica, los insectos y las plantas parecen vestidos con un abrigo natural, pues tienen una pelusa que los protege del frío.

Juaica es un ecosistema clave para la región

Cuphea dipetala, una planta con flores con un abrigo natural. Fotografía por: Ana María Gutiérrez Solarte

La Alcaldía de Tenjo establece que la Peña alberga nacimientos de agua y una variedad de flora y fauna propias del bosque altoandino. Por eso, más que un destino turístico o místico, su conservación resulta esencial para preservar especies endémicas como lo son el copetón, la chisga, la zarigüeya o chucha; importante mamífero que dispersa semillas, y los borugos: agricultores naturales esenciales para la sostenibilidad del ecosistema que solo pueden tener una cría al año.

Nos vimos de frente con Juaica. Jaramillo, antes de subir, nos dijo que cuando llegáramos buscáramos las caras de los guardianes que se esconden entre sus rocas. En efecto, nos tomó un tiempo considerable encontrar los siete rostros. La primera que vi fue la del lado izquierdo: su pómulo, sus labios y su ojo llamaron mi atención de inmediato. Seguimos la recomendación de Jaramillo y dejamos nuestros pies descalzos.

El paisaje de la Peña tiene su contraparte terrenal: la inseguridad. Según datos del Centro de Operaciones de la Policía Nacional (COENO), obtenidos por un derecho de petición solicitando un reporte de seguridad, entre 2021 y 2024 en Tenjo se registraron más de 200 casos de hurto a personas, aunque no hay cifras específicas solo de la montaña. El periódico El Tiempo reportó un caso en el que varios deportistas fueron asaltados y quedaron descalzos, pero no por su voluntad como nosotros; los ladrones los despojaron de sus zapatos. Ahí es cuando se entiende las advertencias de los locales y las recomendaciones que es mejor verla desde abajo antes que tentar a la suerte. Porque sí, la energía de la montaña es intensa, pero igual de intenso es el riesgo de perder artículos valiosos.

Además de su fama por los robos, la Peña también carga con la huella de los turistas que la tratan mal. Si los asaltos ponen en riesgo a los visitantes, la falta de cuidado pone en riesgo a la propia montaña. El Observador advirtió que, en inspecciones, encontraron árboles cortados, restos de fogatas y basura. Este reporte va de acuerdo con lo que indica la alcaldía de Tenjo: la Peña está cerrada por motivos de protección ambiental; buscan custodiar esta importante reserva ecológica.

La Peña de Juaica hace parte del Distrito de Manejo Integrado (DMI), una figura ambiental que busca garantizar la conservación de los ecosistemas de la región. Como pude apreciar, y como manifiesta la alcaldía de Tenjo, hay demasiadas formas naturales. Sin embargo, antes del cierre, el ecosistema se hallaba en una situación crítica: las fogatas degradaron el suelo y el tránsito constante de visitantes afectó los procesos de regeneración natural. Por eso el cierre no fue un capricho, fue una respuesta ante el agotamiento que comenzaba a mostrar Juaica y la amenaza de sus especies.

De acuerdo con la Secretaría de Ambiente y Asuntos Agropecuarios de Tabio, uno de los principales esfuerzos se ha centrado en involucrar a la comunidad en los procesos de restauración y conservación del ecosistema. Esto incluye jornadas de reforestación y educación ambiental para los habitantes y visitantes. Alejandro Montoya me explicó que el cierre de la Peña permitió iniciar un proceso de reforestación y recuperación natural, simultáneamente está realizando talleres de ufología en el Instituto municipal de Cultura y Turismo de Tenjo. El acceso restringido ha servido para que el ecosistema empiece a regenerarse.

Estaba cara a cara con la Peña y olvidé que estaba cerrada.

De vuelta a las instalaciones del hotel pensé en que se puede visitar con respeto: se puede estar descalzo, ver a los ovnis, conectar con la naturaleza y demás, pero esto ahora no es fácil.

Su cierre responde a situaciones que, nosotros, hombres y mujeres, hemos provocado. Juaica está en pausa, sanando las heridas el tiempo y las visitas agresivas.

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