Omar Niño Rueda: tributo al llano

2 de Junio de 2026 14:00

Escritor Omar Niño
Por: María Juliana Bueno Martínez

Compartir

Dentro de Bogotá, una ciudad donde cada evento convoca multitudes y desata su propio caos, hay un lugar en el que el ruido parece transformarse en historias: la Feria del Libro. En 2026, el evento llega a su edición número 38. Desde 1988, ha reunido lectores, autores y curiosos alrededor de conversatorios, firmas y encuentros que convierten a la ciudad en un epicentro literario.

Lo que comenzó como el sueño de Jorge Valencia Jaramillo, periodista, poeta y apasionado por los libros, hoy es una de las ferias más importantes de América Latina. Este año, el país invitado es India, trayendo consigo una diversidad cultural que amplía aún más el panorama. Con más de 2300 eventos, 570 expositores y más de 500 autores de 28 países, la feria parece inabarcable.

Al cruzar la entrada, se nota como lo colombiano permanece. Basta un instante para sentirlo: mazorca asada, frituras y humo. Una mezcla que contradice la idea de un “templo del saber”, pero que termina envolviendo cada pabellón. Después de horas de camino, el cuerpo pide comida; aunque adentro, entre libros y conversaciones, parece más urgente alimentar la mente.

Recorrer la feria es perderse. Cada pasillo abre una posibilidad distinta: charlas que comienzan sin aviso, stands que ofrecen desde novelas románticas hasta libros de cocina, religión o crianza. Hay de todo, incluso lo impensable. Pero, en medio de esa abundancia, también existen espacios silenciosos, casi invisibles, donde la multitud no se detiene. Allí, lejos de las grandes editoriales, habita otra historia.

Aunque Colombia cuenta con su propio pabellón —con representación de sus 32 departamentos, un espacio dedicado a las víctimas del conflicto armado y un auditorio central para Boyacá como departamento invitado—, este stand está dentro de los más de 18 pabellones comerciales dominados por grandes nombres editoriales. Es allí donde aparecen esos autores en los que pocos se detienen. O, mejor dicho, aquellos a los que solo llegan quienes saben reconocer lo que está hecho con paciencia y memoria.

Fue en uno de esos rincones donde apareció él: Omar Niño Rueda.

Un hombre de unos setenta años, vestido de negro: gafas oscuras, chaqueta negra, sombrero topochero firme sobre la cabeza y un jean azul claro. No hacía falta escucharlo para entenderlo; había en su presencia algo que remite directamente al llano. Sus libros, alineados sobre la mesa, lo confirmaban: portadas abiertas al paisaje y el horizonte amplio de esa región.

A diferencia de muchos autores que escriben pensando en el mercado, él parecía hacerlo por una razón distinta: preservar. Más que vender, quería contar. Más que figurar, quería que su cultura fuera vista. Como él mismo lo dijo, escribir no fue solo una decisión personal: fue una exigencia de su gente. En el llano, le pedían que narrara sus municipios, sus costumbres, su forma de vida. Le pedían, en otras palabras, que no los dejará desaparecer.

No siempre fue escritor. Durante años fue periodista del coleo, un deporte ecuestre colombo-venezolano en el que jinetes derriban a un toro sujetándolo por la cola, y también fue presentador en festivales de Casanare. Su primer libro nació como un acto de memoria: contar la historia de ese deporte y rendir homenaje a su amigo Fausto Guerrero, con quien compartió años de locución.

Pero no se detuvo ahí. Con el tiempo, llegaron más libros y la gente comenzó a buscarlo para que escribiera sobre sus pueblos, sus palabras y sus tradiciones. Así nacieron títulos como Un paraíso llamado llano, libro que recopila historias, agüeros y costumbres propias de los llanos, y Llaneridad y algo más, un diccionario del léxico llanero que funciona como una especie de mapa para entender un territorio que no siempre se deja traducir.

Porque el llano no es solo una región: es una cultura. Una llena de agüeros, leyendas, rezos a los espíritus, caballiceros, adagios y ganado. Una cultura que él narra desde distintos lugares: primero como hijo, evocando la figura de su padre, y luego como abuelo, con la urgencia de transmitir lo aprendido antes de que se pierda.

“Yo empecé a escribir por una razón muy simple: quería honrar a mi compañero de locución en el coleo. Pero en ese camino, recorriendo el Casanare y Meta, la gente empezó a pedirme algo más. Me decían que escribiera sobre ellos, sobre sus pueblos, que cada municipio merecía su propio libro. Y entonces me tocó hacerlo: escribir de todos, de lo que somos… de los agüeros, de los rezos de mi abuela, de todo.”

En sus páginas viven adagios como “Con buena soga en soguero, siempre anda el cachilapero”; adivinanzas como “Teresita la patona pasa el río y no se moja: la sombra”; y leyendas como el Silbón, la Bola de Fuego y la Llorona. Todo un universo que resiste en la palabra escrita, como si el tiempo no lograra borrarlo,

Pero esa permanencia de sus escritos, no se queda simplemente plasmado en el papel. En medio de la feria: sus libros se agotaron. Diez ejemplares de Llaneridad y algo más no fueron suficientes. Las personas se los llevaban rápido, como si en esas páginas hubiera algo urgente por descubrir. Tal vez lo había. Tal vez, en un país que a veces se desconoce a sí mismo, entender el llano es también una forma de entendernos.

Porque lo que sucedía en ese stand no era solo la venta de libros. Era un hombre sosteniendo, con firmeza, el orgullo de su tierra. Una herencia que viene de sus abuelos, de su padre, Juan Cancio Niño —quien inspiró Un paraíso llamado llano—, y de una forma de vida que no siempre encuentra espacio en escenarios masivos. Su literatura no solo cuenta el llano: nos hace parte de él.

En medio de una feria dominada por grandes nombres, son estos autores los que sostienen otra narrativa: la de los territorios, la de las memorias pequeñas, la de las culturas que no buscan protagonismo, pero lo merecen. Sus libros no solo se leen; se recorren, como quien atraviesa un paisaje desconocido.

Hablar con él dejó una sensación difícil de explicar. No era solo admiración: era cercanía y felicidad de ver que aún hay personas que buscan escribir y exaltar su cultura sin importar la edad ni el momento. Un orgullo inesperado de verlo allí, de pie, junto a sus libros: Historia del coleo, volúmenes I y II; Un paraíso llamado llano; Metamorfosis criolla; Abuelo, tú qué sabes…

En un lugar donde los grandes nombres dominan, donde las editoriales ocupan los espacios más visibles, donde no todos son escuchados…
¿cuántas veces elegimos lo conocido en lugar de lo que realmente tiene algo que decir?

Esa sensación se confirmó al abrir uno de los ejemplares que adquirí para conocer esa tan misteriosa cultura llanera. Entre sus páginas estaba todo: el paisaje, la memoria, la identidad. Y, al final, una dedicatoria breve que lo resumía todo:

Es un autor que realmente escucha a sus lectores, y escuchar —en su caso— también es una forma de escribir. A diferencia de muchos de los stands por los que pasé, en él había algo distinto: atención, memoria y, sobre todo, cercanía.

Bastó una sola mención, casi al pasar, de que bailaba joropo para entender que no se trataba de una conversación cualquiera. Hay quienes oyen, pero pocos registran; pocos convierten ese instante en algo que permanece.

Entonces la duda cambia de forma: ya no es solo qué libro comprar, sino qué historia decidir llevarse… y de quién. ¿La de una gran editorial, o la de alguien que todavía está luchando por no desaparecer?

La respuesta, de alguna manera, ya estaba escrita al final del libro:

“Para Juliana, gran bailadora de joropo, pese a que es de la región cundinamarquesa. Eso es querer el llano".

Publicaciones relacionadas

Conoce más historias, productos y proyectos.

30 Mayo 2026 10:00

10 Min

Sin tiquetes al centro: punk al sur

La escena punk en Bogotá atraviesa una transformación marcada por el cierre de espacios emblemáticos, el aumento de costos y nuevas regulaciones urbanas que limitan su autosuficiencia. A través del festival Punk al Parque, Kalle y Ruido y bandas como Mal Augurio, esta cultura resiste desplazándose al sur de la ciudad, mutando sin perder su esencia.

Gregorio Arciniegas Sanchez

29 Mayo 2026 13:00

11 Min

Tejer: el oficio artesanal que Cogua no puede perder

Cogua tiene fama de ruanas. Pero detrás del corredor dominical y las ferias de noviembre, los tejedores que sostienen esa fama llevan años hablando solos.

Juan Nicolas Ospina Rojas

28 Mayo 2026 21:31

9 Min

Elecciones presidenciales 2026: riesgos, deberes y derechos

Conexión Sabana 360 copila las leyes, derechos y deberes de los ciudadanos para ejercer el derecho al voto ante riesgos electorales durante la primera vuelta de las elecciones presidenciales 2026

Luis Guillermo Hernandez Cardenas

28 Mayo 2026 14:15

10 Min

A seis kilómetros del aula

El acceso de Isabel a la educación secundaria en una vereda de Fusagasugá no es un problema de voluntad, sino de condiciones materiales e institucionales: una carretera rural, una infraestructura escolar sin adaptaciones, y unas políticas de educación inclusiva que existen en el papel.

Laura Camila Gomez Rivero

28 Mayo 2026 13:00

13 Min

Entre la niebla y los drones, rescatan soldados heridos

Bajo condiciones extremas, amenazas invisibles y decisiones que no admiten error, un equipo de rescate aéreo del Black Hawk de la Fuerza Aeroespacial Colombiana arriesga su vida para salvar a otros. En medio de la zona de combate entran donde otros no pueden, sostienen la vida en el caos y salen antes de que el tiempo se agote.

Valeria Valderrama Mendieta

28 Mayo 2026 11:56

10 Min

El grano de café que sostiene a Colombia se hunde

El café ha sostenido a Colombia durante generaciones. Hoy, entre lluvias que no paran y precios que no se estabilizan, el grano más importante del país enfrenta una crisis que ya no da espera.

Isabella Barrera Guzman

28 Mayo 2026 08:05

12 Min

Paliar el dolor, enfrentar el sistema

La falta de educación, la entrega tardía de medicamentos o nuevos formatos de autorización de servicios hacen que el acceso a cuidados paliativos sea limitado, como el caso de Estefanía Gomez, quien murió hace 7 años.

Maria Alejandra Tenjo Bustamante

27 Mayo 2026 09:00

6 Min

Pacto Histórico: muestra de los avances de la representación femenina en la política

El Pacto Histórico lidera la representación femenina en el Senado con un 43,3% de sus curules ocupadas por mujeres, aunque la media general apenas alcanza el 25 %. A pesar de mecanismos como la "lista cremallera", persisten barreras de financiación (2,2 % de recursos estatales), violencia de género y triple jornada laboral.

Sara Isabella Lancheros Sanchez