Sigue la celebración del Día del Periodista de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Sabana
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25 de Mayo de 2026 12:00
El pasado 15 de mayo, el municipio de Cajicá se convirtió en el epicentro de la música andina colombiana con la realización del XXIII Concurso Nacional de Duetos y Música Andina Colombiana. El evento reunió a intérpretes de distintas regiones del país alrededor de tiples, requintos, bandolas y duetos que continúan defendiendo una tradición musical que se resiste al olvido, mientras nuevas generaciones buscan abrirse espacio en uno de los escenarios culturales más importantes del género.
Conexión Sabana 360 acompañó una de las franjas del festival, en la que participaron agrupaciones como la estudiantina de la Universidad Pedagógica Nacional. Bajo luces rojas y azules, una escenografía inspirada en fachadas coloniales y un auditorio colmado, en su mayoría, por público adulto, el encuentro transformó la música andina en una experiencia cercana al espectáculo cultural más que a un concierto convencional.
Detrás del evento hubo semanas de preparación. Eddie Moreno, líder del área de producción y logística, explicó que la organización se realizó con cerca de dos semanas de anticipación e incluyó espacios especializados como camerinos y salas privadas para audiciones, diseñadas para garantizar condiciones óptimas para los participantes.
Según César Martínez, encargado de producción audiovisual y prensa del Centro Cultural de Cajicá, la entidad articula distintas áreas para hacer posible el festival: coordinación de turismo, patrimonio, bibliotecas, fomento cultural y escuelas de formación artística. Estas últimas se han convertido en uno de los pilares del proyecto cultural del municipio gracias a sus procesos pedagógicos en artes escénicas, danza y música.
Dentro de esa estructura, el área de cuerdas frotadas y pulsadas, liderada por Óscar Ruiz Acosta, cumple un papel determinante en la realización del concurso, especialmente por su enfoque en instrumentos tradicionales como el tiple y la bandola.
Uno de los momentos clave del festival fueron las audiciones privadas, espacios que permiten evaluar con mayor precisión la interpretación musical de los concursantes. Jonathan Barragán, profesor de guitarra de la entidad, explicó que ciertos matices técnicos y dinámicas sonoras suelen perderse en escenarios abiertos, mientras que una audición acústica facilita apreciar con mayor detalle la ejecución de cada músico. Así, el proceso busca equilibrar la valoración técnica con la capacidad escénica de los artistas antes de llegar a la final.
El maestro Oscar Orlando Santafé, de la Universidad Pedagógica, añadió que las audiciones públicas representan una segunda prueba donde no solo importa la calidad musical, sino también la conexión con el público y la capacidad de emocionar desde el escenario.
Entre los participantes estuvieron los músicos santandereanos Dayra Torralba y Alejandro Gonzales, provenientes del municipio de Vélez. Ella, intérprete de requinto; él, tiplista con cerca de 15 años de trayectoria. Ambos llegaron a Cajicá para competir en la categoría de Solista Instrumental.
En conversación con Conexión Sabana 360, Dayra aseguró que participar en el festival representaba uno de sus mayores sueños desde la infancia. También destacó el nivel de exigencia del certamen, considerado por muchos músicos como uno de los más difíciles para clasificar. La artista elogió además la hospitalidad del municipio y el respaldo brindado por el Centro Cultural, que cubrió gastos de alojamiento y alimentación para los concursantes.
Por su parte, Gonzales afirmó que su meta iba más allá de obtener un premio. “Conectar con el público” era, según explicó, el verdadero propósito de su participación. El músico también resaltó el orgullo de representar la tradición santandereana en una edición donde el requinto tuvo una presencia limitada.
Uno de los momentos más recordados de la jornada ocurrió durante la presentación de la estudiantina de la Universidad Pedagógica. En medio de un torbellino —género caracterizado por su velocidad y energía—, el maestro Santafé incentivó la participación del público con una consigna que desató risas y aplausos colectivos. La escena recordó que la música andina no solo sobrevive desde la academia y la técnica, sino también desde la fiesta, la memoria y la celebración compartida.
Para Santafé, el valor del festival va mucho más allá de la competencia. El maestro destacó que las secretarías de cultura funcionan como “semilleros” para las futuras generaciones de músicos profesionales y recordó que hace apenas tres décadas resultaba difícil imaginar carreras profesionales construidas alrededor de instrumentos como el tiple o la bandola.
El XXIII Concurso Nacional de Duetos y Música Andina Colombiana dejó claro que la tradición andina sigue encontrando nuevas formas de mantenerse vigente. Más que un encuentro musical, el festival reafirmó el papel de la formación cultural y de los procesos comunitarios como herramientas fundamentales para preservar una de las expresiones más representativas de la identidad colombiana.

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