Sigue la celebración del Día del Periodista de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Sabana
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16 de Abril de 2026 19:00
“Desde el mundo del cine hay, sobre todo, dos bandos: el más tradicional, más purista, donde ven el formato vertical como un horror, casi una aberración”. Así, sin rodeos, la productora Zosia García arrancó la masterclass Cambio de ángulo: hablemos de cine vertical, en el Festival Internacional de Cine de Cartagena de Indias.
Más que una simple provocación, su comentario pone sobre la mesa algo evidente; nos guste o no, el formato vertical ya está aquí y hace parte del presente audiovisual.
El cine pensado para celulares no es una moda pasajera. Es, más bien, una respuesta directa a cómo consumimos contenido hoy. Frente a formatos clásicos como el CinemaScope o el 16:9, este tipo de narrativa nace de lo cotidiano: la pantalla del teléfono. Para algunos resulta incómodo; para otros, es simplemente una evolución natural de una cultura que no deja de moverse.
A lo largo de la charla, hubo una idea que se repitió varias veces: la capacidad de adaptarse. “Todo se puede verticalizar”, dijo García, abriendo el juego a todo tipo de contenidos, desde noticias y conciertos hasta ficción o incluso textos religiosos. Al final, la lógica es bastante simple, si la gente está en el celular, las historias también tienen que estar ahí.
Este cambio no solo afecta cómo se ven las cosas, sino también cómo se escriben y se producen. Los guiones para formato vertical comparten bases con el cine tradicional, pero suman recursos propios, como repetir cierta información para enganchar al espectador una y otra vez en un entorno lleno de distracciones.
Otro punto interesante fue el económico. Hacer cine vertical suele ser más barato: menos días de rodaje, equipos más pequeños, menos logística. Eso permite producciones más ágiles. Claro, eso no garantiza éxito: proyectos grandes pueden fracasar y otros más modestos pueden explotar y volverse virales.
En ese contexto, la idea de democratización cobra fuerza. Así como YouTube abrió la puerta a creadores de todo tipo, es probable que aparezcan plataformas centradas únicamente en contenido vertical, con nuevas formas de distribución y monetización.
También entra en juego la inteligencia artificial. Estas herramientas no solo reducen costos, sino que permiten explorar ideas que antes eran difíciles de llevar a pantalla: desde mundos fantásticos hasta propuestas más raras o experimentales.
Para los productores independientes, todo esto representa una oportunidad. Acostumbrados a trabajar con pocos recursos, pueden aprovechar el formato vertical para optimizar procesos y generar alianzas. Incluso ya se habla de tarifas especiales para este tipo de producciones en algunos mercados.
Al mismo tiempo, empiezan a surgir nuevos modelos de negocio; plataformas, licencias, coproducciones. Y también el debate sobre si estos contenidos deberían recibir apoyos institucionales como cualquier otra obra audiovisual.
Pero la conversación no se queda en lo técnico o lo económico. También toca un tema controversial, la relación entre el contenido vertical y la adicción al celular. Lejos de esquivarlo, se reconoce que es una realidad. Sin embargo, la discusión va más allá del contenido en sí y apunta al uso general de la tecnología.
En esa línea, también se cuestiona el papel de los adultos en la relación de los niños con las pantallas. El problema no sería el formato vertical como tal, sino el ecosistema digital en el que existe. A todo esto se suma algo claro, la tecnología avanza más rápido que las reglas. Y aunque eso genera vacíos, también abre espacio para experimentar sin tantas restricciones.
Incluso se planteó que lo “vertical” no es tan nuevo como parece. Ha estado presente en el arte desde hace siglos. Por ejemplo, en la arquitectura de las catedrales, lo que invita a pensar que más que una ruptura, estamos ante una adaptación de algo que ya existía.
La industria, de hecho, ya se está moviendo en esa dirección. Hay tráilers en formato vertical y se imaginan plataformas especializadas con experiencias diseñadas específicamente para este tipo de contenido.
Aun así, la discusión sigue abierta: ¿el cine vertical amplía el lenguaje audiovisual o lo simplifica? De un lado está la defensa del cine tradicional; del otro, la necesidad de conectar con audiencias que viven pegadas al celular.
La masterclass no da una respuesta definitiva, pero sí deja una idea clara, esto no se trata de reemplazar un formato por otro. La pregunta no es si el vertical es mejor o peor, sino qué tipo de historias pueden surgir cuando aceptamos que la pantalla del bolsillo también cuenta.
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