Elecciones 2026. Cubrimiento especial.
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17 de Septiembre de 2005 20:00
A mí no me gustaba el fútbol. La verdad, era un niño más inclinado al cine, las artes, los juguetes y la natación. Y, si bien el fútbol reinaba, como siempre lo ha hecho, en su condición de deporte rey, no me despertaba ninguna emoción. La Selección Colombia no era protagonista en ninguna competición, el fútbol local no cosechaba triunfos internacionales y, por ende, muchos niños se mantenían alejados de él. Sin embargo, el 11 de octubre de 2013, Radamel Falcao y una camada renovada de futbolistas lograron que el país regresara a una Copa del Mundo: Brasil 2014. Todo el país celebraba, los niños saltaban y muchos nos interesábamos cada vez más por el balompié. Pero, unos meses antes del inicio del Mundial, aquella figura reconocida mundialmente como el Tigre se rompió los ligamentos y quedó fuera del torneo que todo futbolista desea disputar.
Colombia, sin un referente y con uno de los grupos de la muerte, quedaba a la deriva, mientras el temor de ser eliminados en la primera fase recorría las venas de todo un país. Pero fue entonces cuando un joven tartamudo, que ya brillaba en Europa, tomó la batuta y comenzó a escribir la historia del que sería el mejor jugador del combinado nacional. Doce años después, ese enganche nos dice adiós: lo hace con una imagen empañada por su reciente rendimiento, pero también con un legado que ningún otro futbolista ha dejado a lo largo de la historia del país. James David Rodríguez Rubio se retira de la Selección Colombia.
El presente de Rodríguez no es, ni mucho menos, auspicioso. Cada seis meses se mete en Google para buscar casas: "Casas en Vancouver", "Casas en El Pireo". Aunque, en esta etapa de su carrera, no tuvo que hacerlo. Durante lo que resta de 2026 jugará en Atlético Nacional, adonde llega a la liga colombiana para poner punto final a su trayectoria como profesional. Una carrera en la que ha militado en 14 equipos, cinco de los cuales formaron parte de su recorrido posterior a la Copa América, el último gran torneo que disputó. Hace unos meses lo vimos en el Mundial, donde su falta de ritmo, producto de no haberse asentado en ningún equipo, terminó pesándole: cero goles y cero asistencias fueron el magro registro de James, quien, junto con compañeros como Luis Díaz, Luis Suárez y Richard Ríos, ha sido uno de los principales señalados por la temprana eliminación de la Selección. Y sí, las críticas son merecidas. James siempre se ha distinguido por ser el arquitecto del equipo, ese futbolista capaz de filtrar pases en tres cuartos de cancha para que terminen en gol. En la Copa América de 2024 fue el máximo asistidor, con seis pases de gol. En las eliminatorias al Mundial también sobresalió: fue el futbolista con más pases clave y grandes ocasiones creadas, con un total de 57, además de erigirse como el máximo asistidor, con siete asistencias. De ese James queda poco. También ha sido muy cuestionado por su actitud y su supuesta falta de disciplina. En su serie de Netflix, James, el ya excapitán explicó una de las razones de su salida del Bayern Múnich, donde tuvo discusiones con su entrenador, Niko Kovač, pues a Rodríguez no le parecía correcto entrenar en bicicleta durante 30 minutos después de los entrenamientos. Por eso y más decisiones en su carrera, muchos colombianos perdieron la paciencia y este anuncio puede llegar a sentirse como un tren que arriba demasiado tarde.
Pese a ser una despedida agridulce, James ha sido el jugador más decisivo de la historia de la Selección Colombia. En aquel Mundial, cuando las papas quemaban y no había un líder futbolístico, el 10 tomó el mando. Seis goles y dos asistencias condujeron a Colombia a su mejor participación histórica en las Copas del Mundo: los cuartos de final. Además de haber sido el goleador del campeonato, James convirtió uno de esos tantos que quedan inscritos en los libros de historia y que ya pueden contemplarse en cualquier museo del fútbol. El 28 de junio de 2014, en el templo del fútbol conocido como el Maracaná, Colombia enfrentaba a Uruguay. En el minuto 28, después de que el balón pasara de cabeza en cabeza, el 10 colombiano lo amortiguó con el pecho, levantó la mirada y divisó, a la distancia, a Fernando Muslera, el arquero uruguayo. Rodríguez apuntó a la cabeza del guardameta, como si se tratara de un bolo dispuesto para una media moñona, y lanzó una potente volea. El balón tomó una trayectoria recta que solo pudo desviar el travesaño. Luego cayó, dibujando una típica "picabarra". Lo siguiente que escuchó James Rodríguez fue a 78.000 almas coreando una sola palabra: "¡Gol!". Llegaron los bailes y el célebre Ras Tas Tas: aquel joven bailaba y se abrazaba con sus compañeros, como si no acabara de marcar una de las mejores anotaciones de la historia del deporte.
Pero la carrera de James es mucho más que un Mundial. Es el máximo goleador de la historia de la Selección Colombia en partidos oficiales, con 23 anotaciones, y el futbolista con más encuentros disputados con la camiseta amarilla, con 131 apariciones. Disputó tres Mundiales, cinco Copas América y 56 partidos en las eliminatorias sudamericanas. En el ámbito de clubes tampoco le fue nada mal. Lució el número 10 del Real Madrid, el equipo más grande del mundo, donde ganó dos Champions League y una Liga española. También jugó en el Bayern Múnich, el club más laureado del fútbol alemán. Antes de aquel gran Mundial ya era figura en equipos como el Mónaco y el Porto, con el que ganó una Europa League. Ah, y a los 18 años le entregó a Banfield, uno de los clubes más tradicionales de Argentina, su único título de liga.
James Rodríguez se despide de la Selección Colombia siendo mucho más que el futbolista con las mejores estadísticas que hemos tenido. Se marcha después de haber devuelto al país a algunos de los torneos más importantes del planeta. Se va dejando una huella que marcó a millones de jóvenes colombianos, quienes, con la ayuda de sus madres y de Moco de Gorila, se peinaban el cabello hacia atrás para intentar parecerse a él. Se despide un hombre cuya carrera en clubes nunca terminó de explotar, pero cuyo mayor amor siempre fue la camiseta de su país. "Yo aquí juego hasta cojo" fue una de sus frases, de esas que quedarán en la memoria de toda una nación.
Gracias, James, porque a toda una generación nos presentaste una de las pasiones más intensas que existen: el fútbol.
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