Elecciones 2026. Cubrimiento especial.
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7 de Octubre de 2026 09:18
Dentro del bullicioso Centro Comercial Gran San Victorino —el caótico corazón del comercio de ropa mayorista en Bogotá, un laberinto de miles de locales y puestos de calle donde, durante décadas, los colombianos han acudido en busca de la ropa para estrenar en diciembre, atraídos por sus bajos precios—, en el pequeño local 2059, está Omar Rojas, diseñador de la marca Hollsting, quien, con ojos achinados al sonreír, las manos en los bolsillos y una voz amable, pero entusiasta, recibe a sus clientes.
Él se mueve con la naturalidad de quien lleva años aprendiendo a sobrevivir en un oficio que nunca estudió formalmente. Su camino hacia la moda tampoco comenzó en una escuela de diseño, sino de madrugada, entre las 2:00 y las 3:00, cuando salía a vender ropa en los puestos callejeros de los madrugones. A las 10:00 de la mañana se subía de nuevo al taxi para seguir trabajando y recolectando dinero.
Hoy, desde ese pequeño local, ha conseguido llevar sus prendas a escenarios que parecerían lejanos al Gran San, como La Casa de los Famosos y A Otro Nivel, dos programas de televisión de gran popularidad en Colombia que reúnen a millones de espectadores alrededor de la convivencia de celebridades y la competencia musical, respectivamente.
A los 31 años, Omar comenzó cortando 24 buzos. Los vendió todos, reinvirtió las ganancias y así el negocio escaló de forma masiva, hasta que llegó a cortar 2.000 buzos diarios, que vendía al por mayor a diferentes lugares de Colombia. Llegó a mover cerca de 2.000 millones de pesos, con 18 personas trabajando en su fábrica, además de coordinar talleres satélites en Bosa, Soacha y Patio Bonito.
Al principio, el dueño de unas máquinas de bordado de 12 cabezotes no quería trabajar para él. Omar tuvo que rogarle que lo ayudara. Tiempo después, cuando el negocio explotó, el mismo bordador que antes lo había rechazado pasaba todo el día trabajando exclusivamente para él.
La cantidad de dinero en efectivo que manejaba Omar era tan desbordante y difícil de administrar que, según cuenta, duró ocho meses guardando los fajos de billetes dentro de canecas.
Entre 2015 y 2016 se divorció de Jacqueline Fernández, con quien comenzó el negocio de corte y estampado. De aquellos años, Omar recuerda una relación intensa con el trabajo y el dinero. Trabajaba de domingo a domingo y reconoce que llegó a concentrarse tanto en acumular que descuidó otros aspectos de su vida.
Hoy, al mirar atrás, Omar identifica con claridad que la verdadera raíz de su posterior caída no fue el mercado, sino su propio ego: «Tú te llenas de orgullo, orgullo por lo que tienes, orgullo por lo que haces. Es que el orgullo es algo tremendo que te puede arruinar». Jhoselyn, su hija, describe a ese Omar de entonces como un hombre al que «le encantaba aparentar mucho», incluso cuando aquello que mostraba no correspondía necesariamente con su realidad económica.
Con una deuda de 300 millones de pesos con bancos, tintorerías y proveedores, la quiebra y la soledad lo arrastraron a una depresión. Caminaba de noche, sin rumbo, por las zonas de bares de la Primera de Mayo y el Restrepo, dos sectores populares de Bogotá donde abundan los bares y la vida nocturna.
Luego sufrió un accidente que le fracturó el pie y lo dejó siete meses en cama. Ese encierro fue, para él, una «reseteada» espiritual. Al levantarse, decidió liquidar su ego: vendió su camioneta para pagar deudas porque, como él mismo dice, «no es lógico andar en severa camioneta y debiéndole a Raimundo y todo el mundo». Empezó a movilizarse en TransMilenio, buses públicos y bicicleta, y no volvió a comprar un carro sino hasta hace un año, cuando adquirió uno sencillo y económico.
Entre esas deudas estaba la de un hombre al que debía 40 millones de pesos y que se paraba afuera de la tienda para insultarlo y exigirle su dinero. Omar le respondió: «Hermano, haga lo que quiera, métame abogado, pero yo ahorita no le puedo pagar. Tiene que esperarme a diciembre». Para saldar la deuda, junto con su administradora, Johana Pulido, se propusieron un plan de pago de $400.000 COP pesos diarios.
Metamorfosis del mercado
Tras el impacto de la pandemia de COVID-19, entre 2020 y 2021, y el fallecimiento de su padre en 2021, San Victorino sufrió una metamorfosis. Los madrugones tradicionales, en los que Omar solía vender desde las tres de la mañana, se vaciaron. Muchos locales que no innovaron se quedaron estancados y ocultos.
El comercio electrónico se aceleró de forma abrumadora. Según el Observatorio de Inexmoda, aunque los hogares colombianos destinaron 12,37 billones de pesos a la moda en el primer cuatrimestre de 2026 —un crecimiento real del 4,9 %—, esa demanda también la capturan plataformas como Shein y Temu, cuyos envíos transfronterizos a Colombia casi se duplicaron, superando los 37 millones de paquetes en 2025.
«Shein es un ganador de ganadores», admite Omar con una risa. Para competir, en vez de quejarse, decidió «vender sin vender» mediante transmisiones de TikTok Live, utilizando su carisma para atraer a cientos de jóvenes de vuelta a la experiencia del local físico.
Aunque Omar confiesa abiertamente: «Yo no sé coser», su labor de diseño es meticulosa. Selecciona las gamas de gris, marfil, azul y negro en El Restrepo, analiza las texturas y supervisa la confección con su equipo de talleres satélites, corrigiendo hormas, ribetes y cuellos. Su propuesta busca recuperar la armonía y la elegancia clásica con un toque contemporáneo.
Su trabajo se visibilizó en la televisión nacional. Vistió al actor Alejandro Estrada en La Casa de los Famosos y a los finalistas de A Otro Nivel. Además, participó en la pasarela «Bogotá Corazón Productivo», una iniciativa que visibilizó el talento y la producción de los emprendedores y diseñadores locales.
Su sueño no es participar en ferias locales de moda, sino mudarse seis meses a China para estudiar sus avanzados métodos de producción, y asistir al Fashion Week de París.
Pero, más que los lugares a los que quiere llegar, Omar habla de lo que todavía quiere aprender. Después de haberlo perdido casi todo y de reconstruir su vida desde cero, sigue mirando hacia adelante, con la curiosidad de quien entiende que todavía le queda mucho por aprender, hacer y reinventar.
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