Elecciones 2026. Cubrimiento especial.
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20 de Septiembre de 2026 19:58
Pocas horas después del terremoto que sacudió al país, cuando el pánico aún estaba fresco, se viralizó en redes sociales un video que desató indignación nacional. En él, un supervisor de Blackstone Medical Services, una compañía de origen estadounidense con sede en Sabaneta, Antioquia, dedicada a la atención de servicios de salud para Estados Unidos, amenazaba a los trabajadores que temían por su seguridad: “Yo no les voy a dar la orden de que se vayan. El que se quiera ir, se va, pero si no pasa nada hoy, ustedes tendrán que responder por abandono de puesto el día de hoy”.
Lo paradójico es que la misma empresa terminó validando la postura del supervisor con su silencio. Sin embargo, este no es un caso aislado. Cada día, tanto en redes sociales como en medios de comunicación, aparecen denuncias de abusos de poder similares por parte de empresas BPO (Business Process Outsourcing), dejando al descubierto la precariedad y la desprotección que puede esconder este millonario sector de servicios tercerizados en el país.
Hablamos de una industria que hoy se consolida como un gran motor de empleo formal en el país. En 2024, según cifras de la Asociación Colombiana de BPO (BPrO), el sector generaba cerca de 790.000 empleos formales y representaba alrededor del 3,3 % del PIB colombiano.
Yo tenía 18 años la primera vez que busqué trabajo y, al tener un buen nivel de inglés, un call center de una empresa estadounidense fue la primera opción que apareció, y muy lucrativa para mi edad, incluso.
De las cosas que más me impactaron desde el inicio fueron, por ejemplo, lo cronometrados que estaban los tiempos de descanso: para almorzar no se daba ni un minuto más ni un minuto menos. Otra cosa que me parecía graciosa, pero malévola, era que había tenis de mesa y consolas de videojuegos; sin embargo, si a los tiempos reducidos de descanso le sumamos el alto estrés al que están expuestos los trabajadores, se imaginarán que nadie tenía ganas de utilizarlos.
Aprendí hasta dónde podía llegar el control de un empleador sobre sus trabajadores, y lo pasados que podían llegar a ser los estadounidenses con alguien que no hablaba con su acento. Sobra decir que no duré mucho en ese lugar; a diferencia de muchos otros jóvenes, yo no lo necesitaba.
El tema no arrancó el día del terremoto. Tomó aún más fuerza en mi mente cuando una conocida me contó que la estaban presionando para que no fuera tanto al baño en su call center. Una situación que en principio podría parecer menor, al lado de lo ocurrido durante el sismo, termina revelando una misma lógica: el control sobre el trabajador puede llegar incluso a sus necesidades más básicas.
También en 2024, la gravedad de esta situación quedó en evidencia con las denuncias contra el gigante francés Teleperformance, donde un empleado reveló haber contemplado el suicidio debido al constante acoso laboral de sus supervisores. Incluso, a finales de 2023, la ministra del Trabajo, Gloria Inés Ramírez, anunció auditorías a call centers debido a diversas denuncias acerca de sus condiciones laborales.
Estos casos permiten entender que lo ocurrido en Blackstone Medical Services no fue simplemente un episodio aislado, sino parte de una discusión que lleva años alrededor de las condiciones laborales de quienes trabajan en este sector.
Dada la falta de oportunidades laborales para jóvenes con formación en idiomas y otras áreas académicas, y ante la creciente oferta de empleo de estas compañías, la relación parece, a primera vista, un gana-gana. Para las empresas, contratar en Colombia implica asumir costos laborales significativamente menores que los que tendrían en países como Estados Unidos; para los trabajadores, en cambio, representa la posibilidad de acceder a ingresos atractivos. El dominio del inglés hace aún más evidente la diferencia: según la sección de salarios de Computrabajo Colombia, una persona que se desempeña en el área de la comunicación registra un ingreso medio de $1.935.869 mensuales, calculado a partir de 2.636 salarios reportados en la plataforma. En el caso de los agentes bilingües, la sección de salarios de Indeed Colombia registra un promedio de $2.729.474 mensuales, calculado con base en 823 salarios publicados en la plataforma durante los últimos 36 meses. Para un joven recién graduado, una diferencia de casi $800.000 mensuales puede ser suficiente para hacer que un empleo en un BPO resulte más atractivo que comenzar a ejercer la profesión para la que se preparó.
Sin embargo, a pesar de lo deslumbrantes que puedan ser las ofertas, la subordinación laboral no es un pase libre. En la Sentencia C-386 de 2000, la Corte Constitucional colombiana dejó claro que el poder de un empleador para dar órdenes tiene como límite el respeto por la dignidad y los derechos fundamentales del trabajador. Cuando una empresa restringe el derecho básico de ir al baño o, peor aún, impide a su personal evacuar durante un sismo para salvaguardar su vida, la decisión puede entrar en conflicto con los límites constitucionales y con las obligaciones de seguridad que tienen los empleadores.
El problema, entonces, no es que estas empresas lleguen a Colombia, generen empleo o les permitan a miles de jóvenes mejorar sus ingresos; en el papel, suena increíble. El problema aparece cuando ese supuesto escenario perfecto deja de serlo y el trabajador termina pagando con su tiempo, su salud, su dignidad y hasta su seguridad. Porque ningún salario, por atractivo que parezca, debería ser suficiente para comprar el derecho a ignorar nuestras necesidades básicas o, mucho menos, a poner en juego nuestra vida. El trabajo debería ser una herramienta para vivir mejor, no una razón para aceptar condiciones que ponen en riesgo aquello que el salario pretende garantizar: una vida digna, una vida que merezca la pena ser vivida.
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