Elecciones 2026. Cubrimiento especial.
Elecciones 2026. Cubrimiento especial.
Buscar
7 de Octubre de 2026 15:00
Ya no hay técnico que marque el ritmo, ni necesidad de llegar a un entreno de fútbol a las siete de la mañana, tampoco concentración que lo aleje de su casa cada tres días. Fernando Uribe entrena sin horarios desde hace nueve meses en el gimnasio de su casa en Pereira, donde lo acompañan sus dos perritas: África, un golden retriever, y Chanel, un bulldog francés. Después de 20 años viviendo una rutina sin descanso, ahora encuentra un nuevo camino entre los campos de café en la finca María Helena.
Fernando Uribe tiene 38 años, nació el primero de enero de 1989 en Pereira, una ciudad ubicada en la región centro-occidente de Colombia. Es el tercero de cuatro hermanos, en una casa donde el deporte siempre fue el centro de atención. Empezó a jugar fútbol a los seis años y, a los 15, se fue de la casa a Neiva, ubicada en el suroccidente de Colombia, mientras jugaba en el Atlético Huila, un equipo de fútbol profesional de media tabla. Llegó a tener el récord del jugador más joven en anotar un gol en la liga profesional colombiana con tan solo 15 años. Construyó su personalidad a través del fútbol; el tener rutinas y disciplina lo ha aplicado durante toda su vida, pero al mismo tiempo menciona que siempre ha sido de pocos amigos; no sabe quién se acerca por interés o por conveniencia, por esa razón creció siendo una persona desconfiada y retraída. Durante 20 años, su rutina fue siempre la misma: levantarse a las cinco de la mañana, entrenar dos horas, volver al mediodía y cada tres días desaparecer de su hogar para estar en concentración. Sus hijas, Ana Sofía y Valentina, se acostumbraron a verlo poco, pues cuando ellas se levantaban, él ya se había ido; cuando él volvía, ellas seguían en el colegio.
El momento donde se conoce mejor a Fernando no es en una cancha de fútbol, sino en un parqueadero en Barranquilla. Es la noche del 2 de agosto del 2022. Él entrena junto al Atlético Junior, equipo 12 veces campeón de la Liga nacional. Siempre es de los primeros en entrar y los últimos en salir. Su esposa lleva horas llamando a los familiares de sus compañeros para que le avisen que salgan rápido, pues su mamá de 56 años se encuentra agonizando en Pereira. Cuando sale y ve a su familia esperándolo en el carro, nadie tuvo que decirle nada: con verlas a la cara fue suficiente. El camino a la casa fue silencioso e incómodo. Al llegar, recibe la llamada más esperada, pero que ojalá nunca hubiera ocurrido. "Perdió a una de las mujeres que más amaba en la vida", menciona su hermana, Fernanda Uribe, hoy con 15 años de edad.
Su madre María Helena había luchado contra un cáncer de colon durante casi dos años. Lo venció; después, reapareció en el recto. Ana Sofía explica qué, Fernando tuvo que jugar, por primera vez, por dinero; deseaba pagarle los mejores tratamientos a su madre. Sin perder nunca la esperanza, según quienes conocieron a María Helena, tenía la costumbre de verle el lado positivo a cada situación que se le atravesara. Era espiritual, agradecida hasta con una rosa cualquiera e incapaz de quejarse de algo. Mientras Fernando jugaba, la familia lo mantenía alejado de la enfermedad. "Nadie quería que el jugador se desconcentrara", dice él mismo, porque había partidos que ganar y una familia que mantener. A los cinco o seis días del funeral de su madre, él estaba de vuelta entrenando; ahí empezó lo que describe ser la lesión más grande de su carrera. Nunca imaginó que, a través de su duelo, tuviera que replantearse su futuro. La desmotivación y el arrepentimiento de no haber compartido el tiempo suficiente junto a su madre es algo que no repetirá con otro ser querido.
Después de esa pérdida, el fútbol dejó de ser importante para él. Fue campeón en 2023 junto a Millonarios, el segundo equipo más grande de Colombia; lo disfrutó, pero incluso admite que ya no había motivación alguna. Su madre, antes de morir, le había dado un tipo de permiso: si estás cansado, ya has hecho suficiente, si quieres descansar, descansa. Esa frase pesó más que cualquier lesión al decidir su futuro.
El primer retiro, a finales de 2023, en Millonarios, trajo una incertidumbre que jamás había pensado: seis meses en Bogotá sintiendo el vacío que deja una rutina de 20 años. Ahí empezó a hacerse la pregunta que lo perseguiría durante los siguientes meses: si durante toda la vida había sido quien hacía los goles, ¿quién era cuando ya no había partido? Al sentir ese vacío, decidió volver a jugar en el Pereira; necesitaba esa adrenalina que nada más el fútbol le daba, pero el cuerpo y la mente ya no conectaban. Cuando entendió que ya no podía rendir igual, le dijo al presidente del club que no le pagaran, que cobrar sin jugar lo sentía como un robo. Ese gesto le dio la oportunidad de ser Gerente deportivo. Después de varios meses en el cargo, en medio de una crisis económica que le atribuyeron injustamente y que terminó con amenazas y un robo millonario hacia su casa familiar, decidió alejarse del fútbol.
En esa incertidumbre, apareció la tierra. A comienzos de 2025, compró una finca pequeña y tradicional en el Eje Cafetero, la región donde siempre quiso tener algo propio. Lo primero que hizo al firmar las escrituras fue cambiarle el nombre: la llamó Finca María Helena, como su madre, que siempre quiso tener su propia finca. Aunque no venía de una familia relacionada con el campo, Fernando aprendió del café casi todo desde cero: cursos, catas, una sociedad para lanzar su propia marca en homenaje a su mamá. "Quería demostrar que podía ser bueno en algo más que no fuera el fútbol, y lo logró", resume Ana Sofía. Con el apoyo de un familiar del antiguo dueño de la finca, quien terminó convirtiéndose en su socio, lanzaron Cuesto Café, una marca en crecimiento que se nutre de la producción de su propia finca. El café se comercializa a través del Comité Nacional de Cafeteros. Ya se han realizado las primeras exportaciones y se han enviado muestras a nuevos mercados.
Es un hombre alto, que viste bien aunque con un aire juvenil que no encaja del todo con su seriedad. Le gusta la salsa, entrena todos los días y sigue jugando fútbol, ahora como hobbie. Curiosamente, la adaptación a tantos países durante su carrera siempre resultó fácil para él. Estuvo en Brasil, con el equipo de Flamengo, cuatro veces campeón de la Copa Libertadores de América. México, donde se convirtió en el décimo goleador histórico con 61 goles anotados junto al equipo Toluca. Italia, con Chievo Verona, equipo campeón de la segunda y tercera división de Italia. Sus hijas eran quienes enfrentaban en silencio cada mudanza, dejando a amigos recién hechos para aprender a ser nuevas en otro lugar, otra vez. Aunque para él, sus hijas siempre se adaptaron bien a cada país al que llegaban.
Hoy, cuando habla del café, dice que encontró algo que el fútbol nunca le dio: la paciencia. Un cafetal no se apura ni negocia; hay que abonarlo, limpiarlo y esperar todos los días sin importar el resultado. "Aprendió a sentirse tranquilo, a no estar bajo presión todo el tiempo y a ser él quien maneje sus propios tiempos", expresa Ana Sofía, sobre el padre que tiene hoy. Además de su sociedad en Cuesto Café, prepara su propia marca, que llevará el nombre de su madre. También planea diversificar el negocio hacia el turismo cafetero, con catas y recorridos por el cultivo, y ampliar su clientela.
En la finca María Helena, Fernando Uribe parece haber encontrado, por fin, un lugar donde no necesita contacto con su madre para sentirse cercano a ella, y aunque menciona que si tuviera una conversación hoy con María Helena, le pediría perdón; ese lugar que conmemoró en su honor solo le trae paz y tranquilidad. También encontró una respuesta a la pregunta que se hizo el día que dejó de ser futbolista: quién es, cuando ya no hay partido.
Conoce más historias, productos y proyectos.