Sigue la celebración del Día del Periodista de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Sabana
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19 de Mayo de 2026 18:00
En Zipaquirá, un grupo de jóvenes decidió que la participación política no podía seguir reducida a campañas vacías, reuniones protocolarias o discursos desconectados de la realidad. Así nació Divergencia, un colectivo juvenil que desde 2024 viene construyendo espacios de incidencia social y política enfocados en las necesidades reales de las juventudes del territorio.
Lejos de las estructuras jerárquicas tradicionales, el colectivo funciona bajo una organización horizontal donde cada integrante tiene voz y participación en la toma de decisiones. El colectivo está integrado por estudiantes y profesionales de áreas como trabajo social, psicología, derecho, antropología, ciencia política y relaciones internacionales, quienes han encontrado en el trabajo comunitario una herramienta para transformar su entorno.
“Queríamos darle voz a las diferentes subjetividades que existen en el municipio, a las diferentes formas de ser joven”, explicó Nicolás Bustos, estudiante de trabajo social y consejero de juventud por la lista independiente del movimiento político Divergencia Zipa.
La organización surgió inicialmente como un proceso social y comunitario, pero rápidamente entendió que también era necesario ocupar espacios institucionales para generar cambios desde la incidencia pública. Actualmente, algunos de sus integrantes participan en escenarios como el Consejo Municipal de Juventudes, el Consejo Consultivo de Mujeres, deliberando en diferentes mesas de concertación y decisión.
Sin embargo, la relación con la institucionalidad no ha sido sencilla. Los integrantes del colectivo aseguran que muchas veces sus posturas críticas generan incomodidad dentro de la administración municipal, especialmente porque cuestionan la inversión de recursos públicos y exigen mayor atención hacia sectores históricamente invisibilizados.
“Nos hemos denominado varias veces como la juventud que incomoda y la juventud rebelde”, afirmó Juliana Gómez, psicóloga e integrante del colectivo.
Entre las principales críticas del grupo aparece el “adultocentrismo”, concepto con el que describen las dinámicas institucionales que ignoran o instrumentalizan las voces jóvenes. Para Divergencia, la juventud no puede limitarse únicamente a quienes encajan en modelos tradicionales de liderazgo o representación.
“¿Dónde están los jóvenes rurales? ¿Dónde están los chicos del skatepark, los deportistas alternativos o la comunidad LGBT? Son juventudes que muchas veces no encajan dentro de lo conveniente para una administración”, señaló Gómez durante la entrevista.
Desde esa perspectiva, el colectivo ha desarrollado iniciativas enfocadas en poblaciones juveniles diversas. Uno de sus proyectos más importantes ha sido “Voces del territorio”, una propuesta financiada a través del Banco de Iniciativas de la Gobernación de Cundinamarca. El programa incluye talleres de gestión del riesgo, reducción de daños, pedagogía ambiental, reconocimiento territorial y defensa de derechos.
Las actividades han involucrado a artistas, deportistas alternativos, jóvenes rurales, víctimas del conflicto armado y comunidades ambientalistas. También han trabajado junto al colectivo de la quebrada El Amoladero, promoviendo jornadas de limpieza y reconocimiento ecosistémico de uno de los pocos cuerpos hídricos no canalizados de Zipaquirá.
Para los integrantes de Divergencia, uno de los mayores logros ha sido consolidar espacios donde los jóvenes participan de manera voluntaria y encuentran un entorno seguro para expresarse.
“El impacto más bonito ha sido que los jóvenes llegan porque creen en el proceso. Sienten que los espacios de Divergencia son un lugar seguro para poder ser y estar”, afirmó Bustos.
Actualmente, el colectivo también lidera la organización de un campamento provincial de juventudes que reunirá a jóvenes de los once municipios de Sabana Centro entre el 17 y el 19 de julio. La iniciativa busca fortalecer redes comunitarias a través del arte, la cultura y el intercambio de experiencias entre procesos juveniles del territorio.
A diferencia de otros encuentros institucionales centrados únicamente en identificar problemáticas, Divergencia propone escenarios donde el objetivo principal sea construir comunidad.
“Queremos que los jóvenes se conozcan, sepan quién es el otro y qué está haciendo en su territorio”, explicó Gómez.
El colectivo también hizo un llamado a las juventudes frente a las próximas elecciones, insistiendo en la necesidad de ejercer un voto informado, crítico y empático. Para ellos, la participación política no debe basarse únicamente en discursos de consumo o estatus social, sino en la defensa de derechos y en el reconocimiento de las desigualdades que viven distintos sectores del país.
“Mi voto no solo es por mí, sino por todos los que estamos persiguiendo algo”, expresó Gómez al reflexionar sobre la importancia de pensar en quienes no cuentan con los mismos privilegios socioeconómicos.
Más allá de la incidencia institucional, Divergencia insiste en que la pedagogía social sigue siendo la herramienta más poderosa para transformar realidades, romper burbujas de privilegio y generar empatía frente a las múltiples problemáticas que atraviesan las juventudes colombianas.
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