Elecciones 2026. Cubrimiento especial.
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7 de Septiembre de 2026 17:55
Durante años, los museos fueron vistos como espacios silenciosos, solemnes y relacionados principalmente con el pasado. Sin embargo, en Bogotá esta percepción está cambiando. Museos como el Museo de Arte Moderno de Bogotá (MAMBO), el Museo Nacional de Colombia y el Museo del Oro están buscando nuevas maneras de acercarse a las generaciones jóvenes, combinando sus colecciones con experiencias interactivas, tecnología y nuevas formas de contar historias.
En el Museo Nacional, por ejemplo, recorrer una sala ya no significa únicamente observar objetos detrás de una vitrina. El museo ha incorporado recursos audiovisuales, experiencias sonoras, mapas en relieve con sensores y herramientas digitales que permiten al visitante participar de una manera más activa. Algunas experiencias incluso incluyen realidad virtual y elementos que pueden ser manipulados, haciendo que el público deje de ser un simple espectador para convertirse en parte del recorrido.
Un ejemplo llamativo fue la exposición “Por arte de magia”, dedicada al legado del reconocido mago colombiano Gustavo Lorgia y a la historia de la magia en Colombia. La muestra exploró la magia como una expresión artística y cultural relacionada con la fantasía, la ilusión y la sorpresa. Además, su temática permitió acercarse a la historia desde un lenguaje diferente, más lúdico y cercano a públicos que quizás no se sienten atraídos por una exposición tradicional.
Esta transformación también se evidencia en otras experiencias del museo, donde las proyecciones audiovisuales, los sonidos, las estaciones participativas y las herramientas táctiles permiten descubrir el patrimonio de una manera más dinámica. La tecnología no reemplaza las piezas históricas, sino que funciona como un puente para comprenderlas y relacionarlas con el presente.
El MAMBO, por su parte, apuesta por el arte moderno y contemporáneo como un espacio de conversación. Sus exposiciones y actividades buscan generar preguntas y acercar el arte a las preocupaciones y lenguajes actuales.
El Museo del Oro también demuestra que la historia puede contarse de maneras diferentes. Sus piezas prehispánicas adquieren nuevas lecturas cuando se acompañan de recursos audiovisuales, narrativas educativas y herramientas que ayudan a comprender las culturas que las crearon.
Estos cambios responden a una necesidad: los jóvenes no necesariamente han dejado de interesarse por la cultura, sino que buscan experiencias diferentes para acercarse a ella. Interactuar, experimentar, tomar fotografías, escuchar historias y compartir lo vivido hace que la visita tenga un significado más personal.
Los museos de Bogotá, entonces, no están abandonando su función de conservar la memoria. La están transformando. El reto consiste en lograr que el patrimonio dialogue con las nuevas generaciones y demostrar que un museo no es solamente un lugar donde se observa el pasado, sino también un espacio para vivirlo, cuestionarlo y conectarlo con el presente.
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