Elecciones 2026. Cubrimiento especial.
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23 de Octubre de 2026 15:33
La práctica del cosplay (costume play) en Bogotá reúne a una comunidad de personas cuyas actividades abarcan desde el pasatiempo personal hasta el desarrollo de emprendimientos relacionados con la confección de trajes, el estilismo y la elaboración de utilería técnica.
La inversión necesaria para elaborar un traje varía según la complejidad del diseño, los materiales utilizados y el nivel de competencia al que aspire cada participante. De acuerdo con Sandra Herrera, creadora de contenido y cosplayer conocida como LoboMolotov, los trajes de iniciación, adquiridos comercialmente o elaborados mediante procesos de confección básica, pueden oscilar entre $300.000 y $800.000.
En los proyectos de complejidad intermedia o avanzada, que incorporan armaduras, accesorios especializados y detalles personalizados, el presupuesto puede está entre 2 millones y 2.5 millones de pesos. Por su parte, los trajes destinados a certámenes nacionales e internacionales de alto nivel superan los 10 millones, debido a las exigencias técnicas y al nivel de detalle requerido.
Estas inversiones individuales se inscriben en un contexto más amplio: el de la economía cultural y creativa de Bogotá. Según datos de la Cuenta Satélite de Economía Cultural y Creativa del DANE y la Secretaría Distrital de Cultura, Recreación y Deporte, la capital concentra el 61 % de la economía cultural y creativa de Colombia, sin incluir el turismo cultural. En 2024, este sector generó $20.8 billones de valor agregado, equivalentes al 5.5 % del valor agregado de la ciudad y al 4.8 % de su PIB, y vinculó a 235.313 personas ocupadas.
Aunque estas cifras corresponden al conjunto de las actividades culturales y creativas, permiten contextualizar el entorno económico en el que se desarrolla el cosplay. Para conocer cómo se materializan esas diferencias de inversión en la práctica, durante el Salón del Ocio y la Fantasía (SOFA) se consultó a tres participantes con distintas experiencias sobre los costos de sus trajes y los procesos de elaboración.
Doctor Strange / Juan Pablo Castilla, cosplayer profesional: lleva entre 18 y 19 años practicando cosplay. Su vestuario tuvo un costo aproximado de $2.000.000, y fue elaborado por el artesano James Valero.
Master Chief 117 / Jorge: trabaja como barista y utiliza café proveniente de los Llanos Orientales en su actividad profesional. Elaboró su armadura de forma autónoma, con ayuda de tutoriales disponibles en internet. El proceso tomó dos meses y medio y requirió una inversión de $600.000 en materiales.
Sombrereros / Carlos Alberto Sánchez y Erika Barragán: ambos son profesores de profesión y llevan cinco años practicando cosplay. La elaboración de sus trajes representó una inversión aproximada de $250.000 por pieza.
Más allá de los costos y los procesos de confección, el cosplay también tiene una dimensión social y cultural. La profesora Lina Parra Ante, investigadora académica en el área de negocios y diseño, explicó que "esta práctica puede entenderse desde dos perspectivas. La primera, de carácter técnico, se relaciona con la interpretación de un personaje mediante una representación o performance, en la que el traje puede ser confeccionado por el propio participante o por un tercero. La segunda aborda su dimensión social y simbólica, vinculada con la representación dentro de una comunidad y la construcción de identidad cultural", dijo.
"Definiendo el cosplay hay varias definiciones, hay desde el punto de vista puramente técnico que tiene que ver con el costume play... pero hay otras que son mucho más amplias y variadas que tienen que ver con la representación simbólica del ejercicio de ser cosplay o hacer cosplay dentro de una comunidad", señaló Parra.
Esta dimensión cultural también se relaciona con los procesos creativos que implica la actividad. Según la investigadora, el cosplay da lugar a la creación de nuevos productos culturales mediante distintas etapas, entre ellas la observación, la conceptualización, el diseño, la confección, la elaboración de utilería, el maquillaje, la estilización y la interpretación del personaje.
A estos procesos se suma la posibilidad de comercializar los productos y servicios asociados con la práctica. Parra sostuvo que la aparición de modelos de negocio responde a la necesidad de hacer sostenible una afición cuyos costos de ejecución pueden ser elevados.
Uno de los espacios donde convergen estas expresiones culturales y comerciales son las convenciones presenciales. En Bogotá, el Salón del Ocio y la Fantasía (SOFA), celebrado en Corferias del 8 al 12 de octubre de 2026, constituye un punto de encuentro para participantes, expositores y públicos interesados en estas actividades.
De acuerdo con las cifras de la Secretaría Distrital de Desarrollo Económico, el evento proyectó la asistencia de cerca de 200.000 visitantes, con 414 expositores y más de 450 experiencias programadas en 23 pabellones, distribuidos en un área superior a los 53.000 metros cuadrados.
La dimensión comercial del cosplay también se refleja en estimaciones internacionales del sector. Según un informe de la firma DataIntelo, el mercado mundial del cosplay alcanzó USD 4.800 millones en 2025 y se proyecta que llegue a USD 9.200 millones en 2033, con una tasa de crecimiento anual compuesta de 8,5%
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