Elecciones 2026. Cubrimiento especial.
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26 de Octubre de 2026 10:30
Nadie pensaría que la fantasía de vivir una historia colegial estadounidense como al estilo de la serie Off Campus sería posible de lograr en Bogotá. Sí, incluso en el lugar menos esperado. Nadie pensaría que en una bodega detrás de San Andresito del norte existiría un lugar así: un coliseo exclusivamente para hockey en línea.
Para muchos, el hockey en línea es algo más que desconocido o que se percibe como lejano en Colombia. Es un deporte que es visto como el ambiente de las series cliché adolescentes o simplemente como uno de los grandes deportes nórdicos que parecerían imposibles de ver en nuestro país.
Sin embargo, es posible desde hace varios años, a finales de los 90s llegó la modalidad de roller hockey a Colombia. Cabe aclarar que el hockey es un deporte que cuenta con muchas variantes distintas, pero la de roller que se juega con patines en línea es la más similar a la que se juega en hielo y en la NHL. Además de eso, hay otros sitios donde este deporte se puede practicar. En canchas públicas ubicadas en barrios como Alta Blanca, 20 de Julio o Salitre. Y si se habla de canchas de última categoría, el país cuenta con otras dos más: una en Guaymaral y otra en Cali, específicamente en el Coliseo Miguel Calero.
Caminar por la zona de vestuarios horas antes del primer cara a cara de la jornada permite presenciar el ritual meticuloso del equipamiento. Mientras los deportistas ajustan sus canilleras, se aprietan los patines y encintan las palas de sus sticks, el ambiente de camaradería se transforma gradualmente en una concentración absoluta. La prueba: las bromas que hacen Bart Skala y Daniel Gómez, jugadores del equipo Capitals Azul quienes, entre risas y bromas, no pierden el foco del partido que está a minutos de comenzar.
Para competir en el nivel de élite, la biomecánica del patinador requiere desaprender la postura del patinaje de carreras tradicional. El equilibrio no reposa sobre una posición erguida, sino sobre una flexión constante de rodillas y un centro de gravedad bajo que amortigüe los impactos y potencie las aceleraciones explosivas.
Jorge Lugo, entrenador de Capitals Azul, y referente de la categoría élite y deportista con años de trayectoria en el circuito nacional, gracias a la representación que ha tenido en las selecciones Cundinamarca y Colombia, detalla desde la banca la exigencia física que implica dominar el disco en carrera: “es un deporte difícil porque exige al cuerpo en todo sentido, en cuanto a estado físico, concentración y sobre todo mucha coordinación".
Esta exigencia técnica abarca de manera transversal a todo el escalafón competitivo. Desde las divisiones juveniles que operan como la cantera natural del deporte nacional hasta los seleccionados mayores que representan al país en citas continentales y campeonatos mundiales, la curva de aprendizaje no tolera la improvisación. La velocidad a la que se desplaza el puck —superando con facilidad los 80 kilómetros por hora— exige una toma de decisiones instantánea. En la pista, una recuperación defensiva en la zona propia se traduce en cuestión de segundos en un contragolpe vertical hacia el arco rival.
Cuando el árbitro principal realiza el face-off o saque neutral en el círculo central, el silencio del coliseo se rompe en una ráfaga de movimiento. Cinco jugadores por equipo en cancha —cuatro patinadores de campo, dos delanteros y dos defensas, y el arquero — ejecutan una danza constante de bloqueos, cortinas y pases al hueco. A diferencia del fútbol el recambio de jugadores en el hockey sobre ruedas se realiza 'en caliente', sin detener el juego en una ventana de sustituciones, sino un patinador agotado salta la valla hacia el banquillo e instantáneamente su relevo ingresa al juego, manteniendo la intensidad del choque sin perder la estructura táctica.
La figura del arquero merece un capítulo aparte en la dinámica del partido. Protegido por una armadura que puede superar los diez kilogramos de peso entre pads (las protecciones que se coloca en ambas piernas), una pechera bastante ancha, un casco con una rejilla y forma distinta al de los demás jugadores y guantes específicos (el blocker y la catcher), debe mantener una movilidad felina en posición de mariposa para tapar los ángulos inferiores del arco.
Esteban Gnecco, también guardameta de Capitals Azul, describe la exigencia mental y el nivel de concentración requeridos durante los dos periodos de juego: “el reto es enorme en cuanto a reflejos, sobre todo cuando el rival es quien te llega constantemente, detener tantos disparos en lapsos tan cortos es lo que llega a desgastarnos a los arqueros.”
Durante el desarrollo de la fecha, las transiciones se suceden a un ritmo vertiginoso. La superficie sintética de la pista —compuesta por baldosas plásticas interconectadas tipo SportCourt o baldosas de polipropileno— reduce la fricción de las ruedas y permite giros sobre el eje que serían imposibles en el asfalto convencional. Las sanciones temporales de dos minutos por faltas de impacto o enganche obligan a los equipos a reconfigurar sus líneas para ejecutar esquemas defensivos de cuadro (box defense) o esquemas ofensivos de circulación rápida del disco para desgastar al rival.
El crecimiento técnico evidente del hockey en línea en Colombia contrasta con las realidades estructurales y financieras que rodean a sus practicantes. A pesar de los logros internacionales acumulados por las selecciones nacionales en torneos mundiales avalados por la World Skate, la disciplina continúa batallando por una mayor visibilidad mediática, patrocinio privado y la construcción de escenarios públicos especializados.
La falta de patrocinio a gran escala es suplida en gran medida por la autogestión de las familias, los deportistas y las dirigencias de los clubes locales. Los entrenadores cumplen roles multifacéticos que van desde la preparación física y la dirección estratégica hasta la logística de mantenimiento del equipamiento deportivo. Gracias a este esfuerzo comunitario, los programas de formación en categorías menores aseguran la renovación generacional y consolidan un semillero de atletas capaces de medirse en igualdad de condiciones con potencias continentales de la disciplina.
Al sonar la chicharra que decreta el final del tiempo reglamentario, la tensión competitiva instalada en la pista da paso inmediato a la camaradería en los pasillos y camerinos del coliseo. Los jugadores exhaustos se despojan de los patines, se quitan los cascos dejando al descubierto los rostros marcados por la sudoración y se saludan estrechando las manos con sus rivales de turno. En los pasillos, los análisis tácticos sobre un disparo tapado o un contragolpe fallido se cruzan entre risas, abrazos y conversaciones relajadas.
Afuera, en las graderías y bordes de la pista, la tribuna juega un papel fundamental en la atmósfera de cada fecha de la Liga. Padres de familia, antiguos jugadores, amigos de los deportistas y apasionados del patinaje conforman una comunidad estrecha que acompaña los viajes, financia las rifas para la compra de equipamiento y alienta incondicionalmente desde el primer saque neutral.
Daniel Córdoba expresa desde la tribuna el sentimiento que une a este grupo de apasionados por el hockey: “yo empecé a ver hockey a raíz de que uno de mis mejores amigos me contó que jugaba y me invitó a que lo viéramos en uno de sus partidos y eso despertó en mí una afición que jamás llegué a creer que sería posible de tener. Gracias a eso empecé a ver, también, partidos de la NHL.”
Vivir una jornada completa de la Liga Nacional de hockey en línea desde las entrañas del escenario demuestra que esta disciplina sobre ruedas es mucho más que un espectáculo de velocidad y potencia biomecánica. Es un ecosistema vivo donde la destreza individual, el sacrificio familiar y la pasión colectiva convergen para abrirse paso a golpe de puck. Cuando las luces de la bodega en San Andresito se apagan y los bolsos con el equipamiento son guardados en los vehículos, queda la certeza de que sobre la pista la adrenalina no es una coincidencia, sino la huella indeleble de un deporte que sigue rodando con fuerza en Colombia.
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