El Tejo, deporte nacional que lucha contra el estigma

6 de Abril de 2026 13:54

Por: Isabella P. López

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Normalmente cuando pensamos en deporte colombiano, lo primero que se viene a la cabeza es el fútbol, sin embargo, entre las calles de la capital se esconde el verdadero deporte nacional: el Tejo, el cual fue declarado Patrimonio Cultural Inmaterial de la Nación mediante la Ley 1947 del 8 de enero de 2019.

A pesar de haber conocido ya esta actividad, era la primera vez que la jugaba. Así que empecé a indagar cómo surgió este deporte, descubriendo su importancia y carácter cultural, pues es autóctono del Altiplano Cundiboyacense, específicamente de Turmequé, en Boyacá, y su origen se remonta a los ancestros de los indígenas muiscas que poblaban la región.

Mi búsqueda de la historia del tejo me llevó, junto a otros tres amigos, a la única escuela de este deporte en Bogotá: el Club de Tejo “Cosa Rica”, ubicado en su sede de Toberín. Desde que entramos, el lugar olía a pólvora y mostraba una estética muy particular, con una decoración que evocaba la cultura colombiana a lo largo de los años. Había teléfonos antiguos, máquinas de escribir, tocadiscos, carteles de los buses tradicionales (anteriores a la llegada de los SITP) y fotografías de Cundinamarca y Bogotá de distintas épocas, entre muchos otros objetos.

Las mesas estaban cubiertas con tapas de botellas de vidrio y, en la parte superior de toda la sala, colgaban banderas de diversas nacionalidades. Cerca de la caja había una vitrina llena de souvenirs ideales para turistas. Justo antes de pasar a la zona de las canchas se encontraban también varios elementos típicos de una “hora loca” que cualquiera podía tomar: collares de flores neón, sombreros vueltiaos y sombreros de distintos disfraces, como de vaquero o de vikingo. Eso sí, al final debías devolverlos, excepto el collar, que podías llevártelo como recuerdo.

Foto: Isabella P. López

"Aquí llegan los extranjeros y las personas más famosas”, menciona Jorge Melo, profesor de Tejo, quien se ha dedicado a practicar este deporte por más de medio siglo, o como él dice: "llevo 53 años en la vagancia del tema". Mientras mis amigos y yo esperábamos nuestra cancha, me prestó un libro sobre la formación del tejo a nivel nacional e internacional.

Vídeo: Isabella P. López

El profesor Melo insistió en que el nombre original del deporte no es tejo, sino Turmequé, en honor al "cacique Turmequé", y era practicado hace aproximadamente 2000 años por los Muiscas. Este deporte, que es un patrimonio vivo, llevó al alcalde de Turmequé a condecorar al profesor Melo, por ser el único que "sigue andando ese patrimonio".

Durante sus inicios, el tejo tenía un componente de riqueza local, pues se jugaba con "discos de oro, porque ellos tenían mucho oro", explicó Jorge Melo. No obstante, la historia está marcada por el drama de las apuestas. Hace 523 años, el juego se implementó a mano y los indígenas que jugaban con el cacique Turmequé y su esposa Lucero, llegaron a apostar "la sal, el oro y las mujeres". Esta práctica generó conflictos graves, resultando en "muertes, guerras, violaciones por culpa de ellos dos". Debido a esos "malos recuerdos" relacionados con las apuestas, Melo nos explicó que en su club no aceptan apuestas y "los hombres nunca los dejamos entrar solos".

La persecución histórica

A pesar de la raíz histórica, la práctica enfrentó siglos de persecución. El sociólogo Christian Bernal señaló que, con la llegada de los españoles, "la misma religión, incluso el catolicismo, y el Estado, en ese momento, empezaron a perseguir y a prohibir el tejo", ya que se consideraba una cuestión inmoral”.

Aunque hace 6 años fue declarado patrimonio nacional, cultural e inmaterial, Bernal indica que, a pesar de ese reconocimiento, ha faltado mayor visibilidad y la implementación de políticas públicas que "robustezcan y promocionen" este deporte.

Esta historia de estigmatización ha perdurado. Christian Bernal enfatiza que hoy en día, el tejo ha "perdido mucho impacto" en Bogotá y se ha vuelto "un poco marginal". Se le asocia con lugares populares y con el consumo de alcohol, lo que lo convierte en un espacio "estigmático".

En su opinión, el tejo puede considerarse "estratificado," alineándose su práctica con los estratos sociales bajos, una situación que también ocurrió con otras tradiciones de origen indígena, como la bebida tradicional, la chicha. "Espacialmente, el tejo está prácticamente relegado en el centro de la ciudad o en barrios populares. Por esta razón, la tradición se limita a unos sectores específicos de la población", explica Bernal, quien sugiere que, si se crearan nuevos espacios de tejo, sería fundamental desligarlo del consumo de alcohol y de los espacios que pueden resultar problemáticos, para darle otra imagen al deporte.

A Jugar Tejo

Tras absorber toda esta historia, era momento de poner en práctica el Turmequé. Con mis tres amigos listos, el profesor Melo, quien ha sido campeón más de cuatro veces, se dispuso a enseñarnos. Nos explicó que su club se centró en los últimos años en hacerlo recreacional, pues se cansó de las canchas normales donde había "muertos, puñaladas y balas con las apuestas".

La técnica fundamental para el lanzamiento del tejo, según las indicaciones del profesor, es que "se lanza al tejo alto". Este movimiento debe realizarse con suavidad, "como si estuviera caminando en cámara lenta". El lanzador solo tiene que "levantarlo un poquitico y lanzarlo" para ejecutar lo que se conoce como el "estilo del jugador", una técnica aplicable tanto en la cancha estándar como en la "cancha larga".

Es crucial, sin embargo, diferenciar esta práctica de la modalidad profesional o tradicional, pues la diferencia principal entre el tejo profesional y el recreativo, según el relato del profesor, comienza por el objetivo de la práctica. Mientras el tejo profesional está orientado a la competencia, con jugadores que entrenan para participar en ligas y campeonatos oficiales, el tejo recreativo se vive como una actividad social cuyo propósito principal es divertirse y compartir con otros.

Otra diferencia fundamental está en el nivel de técnica, la formalidad y el equipamiento. En el ámbito profesional se exige precisión, estrategia y entrenamiento constante, además de seguir reglas estrictas establecidas por la federación: medidas exactas, jueces, uniformes, parámetros de puntuación, tejos con peso reglamentado que suele estar entre 680 g y 1.4 kg, y canchas certificadas que cumplen todos los estándares oficiales. En contraste, el tejo recreativo se juega de manera mucho más libre y flexible: la técnica depende de cada persona, los grupos ajustan las reglas según su comodidad y el equipamiento varía según el lugar, generalmente con tejos más livianos o elementos adaptados al entorno.

Así mismo es que la distancia entre canchas es clave, ya que en el tejo profesional existe una medida reglamentada entre el jugador y el bocín, que suele estar entre los 17 y 19,5 metros, dependiendo de la categoría, además debe cumplirse un espaciado estándar entre cancha y cancha para garantizar la seguridad durante las competencias. En el tejo recreativo, estas distancias son mucho más variables y suelen tener una distancia más corta: cada establecimiento adapta la longitud según el espacio disponible y el distanciamiento entre canchas no necesariamente responde a normas.

Finalmente, el ambiente y la accesibilidad refuerzan la diferencia entre ambos tipos de práctica. El tejo profesional reúne a jugadores inscritos en clubes y ligas, en escenarios deportivos estructurados. El tejo recreativo, por su parte, es más accesible y común en reuniones, celebraciones o espacios turísticos donde lo importante es disfrutar, sin necesidad de un nivel técnico elevado.

Tras mostrarnos la diferencia entre el tejo profesional y el tejo recreativo, nos mostró que los implementos utilizados van más allá de la pólvora, la cancha de arcilla y el disco de acero. En el equipamiento profesional también se incluyen una serie de elementos esenciales que pueden observarse en la siguiente fotografía.

Foto: Isabella P. López
Vídeo: Isabella P. López

Allí se verían los tejos, un conjunto de implementos metálicos de acero, sólidos y brillantes, dispuestos uno junto al otro para evidenciar su forma y tamaño uniformes. También aparece el meditejo, una herramienta de medición, similar a un calibrador, con un mecanismo de apertura y cierre que permite medir con precisión la distancia entre los tejos y el bocín. Junto a ellos se encuentran las mechas, pequeños sobres o triángulos de papel cargados de pólvora, cuyo aspecto distintivo suele resaltar al estar apilados o ubicados al lado del bocín. Este último, el bocín, es un aro metálico incrustado en la arcilla, a menudo con una o varias mechas ya insertadas. Finalmente, la cancha se presenta como una caja rectangular de madera llena de arcilla o greda húmeda.

Vídeo: Isabella P. López

También nos explicaron como funciona el tema del puntaje en tejo, en donde los puntos se obtienen según el tipo de impacto que logre el jugador: la mano, que vale 1 punto, se consigue cuando el tejo queda más cerca del bocín que el del oponente; la mecha, que otorga 3 puntos, ocurre cuando el lanzamiento impacta y explota uno de los sobres de pólvora; la embocinada, valorada en 6 puntos, se logra al introducir el tejo directamente en el bocín quedando justo en la mitad; y la moñona, la jugada perfecta de 9 puntos, combina una embocinada con la explosión de una mecha al mismo tiempo. Solo se contabiliza la mejor jugada por lanzamiento, y los equipos suman puntos turno a turno hasta alcanzar la cifra establecida por el juego o el torneo, que suele ser 21 o 27 puntos.

Tras toda la explicación, intentamos poner en práctica lo que nos había enseñado, desde la técnica hasta el sistema de puntaje. A cada uno de nosotros nos entregó un tejo acorde con nuestra fuerza y estatura, y luego nos dividimos en dos equipos, cada uno de dos personas. Hicimos nuestro primer lanzamiento y, para no haber jugado nunca, no estuvo nada mal: al menos logramos pegarle a la arcilla. Después de varios intentos logramos nuestra primera mecha, lo que nos dejó sorprendidos y muy felices con el resultado. No solo nosotros celebramos; el profesor Melo también se mostró orgulloso y sorprendido de que aprendiéramos tan “rápido”.

Mientras tanto, en este ambiente de juego y amigos, Melo nos detalló el ambicioso futuro del deporte. Su club no solo recibe extranjeros, a quienes les brindan homenaje con champaña y les bajan "las banderas de los países", sino que también promueve la historia de "los primeros campeonatos, los primeros que hubo en Bogotá, los primeros en el mundo". Además, el profesor está impulsando una "visión de Tejo que es única en el mundo", que busca los "Guinness récord" para darse a conocer a nivel internacional.

Jugamos durante dos horas, acompañados de buena música y un excelente ambiente. De vez en cuando, el profesor Melo se acercaba para ver cómo íbamos y, cuando la arcilla acumulaba demasiados picos o marcas del tejo, alguien llegaba con un rastrillo para aplanarla y dejarla nuevamente suave. Melo nos dijo que el primero en lograr una embocinada se ganaría un detalle del lugar: un mini tejo hecho a mano. Tras varias rondas, el ganador fue Víctor, un amigo que jugaba en el equipo contrario; aun así, todos celebramos su logro.

Al terminar la partida, el profesor Melo nos entregó un libro que contenía mensajes de otras personas sobre su experiencia en el lugar, además de firmas de algunos famosos y de varios extranjeros que habían pasado por allí. Nosotros también dejamos nuestro mensaje antes de irnos.

Un Patrimonio Milenario

Esta visita al Club “Cosa Rica” demostró que, aunque el tejo es un deporte milenario, originario de los ancestros muiscas y conocido como turmequé, ha alcanzado el estatus de patrimonio nacional, cultural e inmaterial. De hecho, el profesor Melo destaca la labor de su club en promover la historia de los "primeros campeonatos".

A pesar de este reconocimiento, la supervivencia del tejo en la capital sigue amenazada por la marginalización. Tal como lo menciona el sociólogo Christian Bernal, el tejo ha “perdido mucho impacto” en Bogotá debido al estigma que enfrenta. Por ello, su futuro depende de la promoción y la implementación de políticas públicas que muestren que el tejo puede desarrollarse en un ambiente sano y seguro, además de ser un deporte entretenido que exige práctica y constancia. Esta labor es fundamental para desvincularlo de su imagen negativa y consolidarlo como un atractivo cultural capaz de atraer a “muchos interesados, a muchos curiosos” en un contexto de turismo en crecimiento.

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