Elecciones 2026. Cubrimiento especial.
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26 de Agosto de 2026 10:00
La Escuela de Unidades Montadas y Equitación del Ejército Nacional se consolidó como el epicentro del deporte hípico nacional, al albergar un evento donde se fusionaron la competencia de alto nivel, la cultura campestre y el espectáculo multidisciplinar.
La capital fue testigo de una de las citas más importantes del calendario hípico en Colombia: el Bogotá Horse Week. Organizado por la Liga Ecuestre Militar y la Federación Ecuestre de Colombia, junto a aliados estratégicos como Estribo Fest y Campo Bravo. El evento no solo reunió a los mejores jinetes y amazonas de la región, sino que logró redefinir por completo el concepto de los certámenes deportivos ecuestres en el país.
Entre las disciplinas más llamativas, destacó la equitación de trabajo. Esta modalidad mide la agilidad, obediencia y complicidad del binomio al superar obstáculos que recrean las tareas cotidianas del campo, lo cual lleva la destreza práctica al terreno deportivo.
A diferencia de los concursos tradicionales —habitualmente restringidos a un nicho técnico y a un público estrictamente especializado—, este evento se diseñó bajo un formato innovador e híbrido. La iniciativa logró fusionar la alta competición de rendimiento con una amplia propuesta de estilo de vida, cultura, gastronomía y entretenimiento para toda la familia. Durante las intensas jornadas del certamen, la pista principal y las instalaciones de la Escuela de Unidades Montadas y Equitación del Ejército Nacional albergaron a más de 1.500 ejemplares y miles de espectadores que vivieron de cerca una experiencia donde la destreza, la fuerza y la elegancia se tomaron el escenario.
Más allá del alto rendimiento, la cita sirvió para visibilizar formas alternativas de conexión con estos animales. Para Natalia Castro Montenegro, entrenadora de caballos en libertad y gran apasionada por la equitación, la interacción en pista trasciende lo puramente deportivo: "Me dedico mucho al coaching de empresas, mujeres y niños a través de los caballos; son sesiones muy bonitas donde se logra generar una conexión especial con estos animales". Según explica, el trabajo guiado con equinos permite abordar dinámicas corporativas y desafíos comunicativos desde un punto neutro: "Trabajamos la unión en equipo y desafíos en finanzas o relaciones entre empleados y jefes; lo lindo es que todo queda en una jerarquía cero".
La jornada inicial abrió los portones de la equitación a toda la ciudadanía. El certamen estructuró su desarrollo en dos grandes fases pensadas para conectar con distintos perfiles de visitantes. La primera etapa ofreció un marco festivo, pedagógico e incluyente, enfocado en el acercamiento del público general a la cultura hípica. A través de muestras gastronómicas de primer nivel, zonas comerciales con marcas de emprendimiento agropecuario, exposiciones de vehículos clásicos y espectáculos de juzgamiento con exhibiciones de razas exóticas de caballos como los Frisones y los Gypsy Vanners.
Por otro lado, la segunda fase concentró la atención del circuito profesional al enfocar sus actividades en las pruebas oficiales del ranking nacional. Allí, la precisión técnica, la estrategia de los entrenadores y la exigencia física de los caballos marcaron cada una de las rondas de competencia, que atrajo a jueces de amplia trayectoria y delegaciones de diferentes rincones del territorio colombiano.
El gran atractivo deportivo de este encuentro radicó en la versatilidad de su programa, capaz de integrar en una sola sede disciplinas que comúnmente se disputan en escenarios y fechas totalmente aisladas. El plato fuerte de la agenda fue la ejecución del Gran Torneo de Colombia (GTC), una de las válidas de salto de mayor envergadura del país, donde la destreza para superar obstáculos a gran altura exigió la máxima concentración de cada uno de los binomios.
Respecto a la exigencia de las pruebas de salto, la vocería de la organización detalló la dinámica en pista: "La modalidad consiste en realizar saltos sobre el obstáculo y se evalúa, en varios casos, contra el cronómetro: entra en un tiempo óptimo el más rápido y sin derribar ningún obstáculo". En cuanto al margen de error, precisó que "cada vara que cae son cuatro puntos de penalidad, y por tiempo también se suman segundos".
La convocatoria de la competencia reflejó un carácter federal e incluyente. "Hay cinco ligas participan: Antioquia, Valle, Bogotá, Cundinamarca y la Liga Ecuestre Militar", señalaron los organizadores, para enfatizar que "no es un evento dirigido solo a militares, sino a todos los deportistas federados. Concursan desde niños de 7 años hasta personas de más de 70, sin distinción de edad ni de género; es un deporte muy inclusivo". Esta apertura se evidenció en la masiva llegada de competidores locales: "Vienen clubes de toda la Sabana: Cajicá, Cota, Tabio, Zipaquirá, Tenjo, Facatativá y del interior de Bogotá".
A la par del espectáculo del salto, los asistentes disfrutaron de partidos de polo con figuras destacadas del circuito local, así como exhibiciones de dressage o adiestramiento, una modalidad donde la exactitud de los movimientos y la sincronía entre jinete y montura emulan una compleja danza técnica. De igual forma, la pista vio rodar pruebas de vaulting —gimnasia artística sobre el caballo en movimiento—, recorridos de enduro, muestras de equitación de trabajo y la adrenalina propia de los juegos occidentales con las carreras de barriles.
Más allá de las medallas e insignias entregadas en la mesa de premiación, el verdadero impacto de este evento radicó en la capacidad logística desplegada en la capital. Lograr el bienestar, la estabulación adecuada y el seguimiento veterinario de más de un millar de caballos requirió un esfuerzo de gestión sin precedentes que posicionó a las instalaciones militares de la ciudad como un complejo ecuestre de escala internacional.
La masiva asistencia de criadores, deportistas élite, profesionales de la salud animal y aficionados de todas las edades confirmó el dinamismo económico y social que gira alrededor del sector equino en el país. Al cerrar los portones de su edición recapitulativa, el Bogotá Horse Week reafirmó que el deporte de las riendas en Colombia no es una práctica reservada para unos pocos, sino una fiesta multidisciplinar capaz de unir la tradición del campo con el ritmo de la ciudad moderna.
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