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15 de Diciembre de 2025 23:59
Esta publicación hace parte del especial transmedia "Historias Entretejidas".
Cuando se visita el parque o se viaja a los pueblos vecinos durante el fin de semana, es costumbre curiosear entre los puestos de los artesanos y negocios locales. Con prisa de verlo todo, los turistas pueden recorrer mercados enteros en cuestión de horas, tal vez tomando una foto o comprando algo.
Pero rara vez se detiene a reflexionar sobre el proceso de creación de una sola pieza. Si bien se venden en los mercados, no deberían reducirse a un producto más. Estas obras de arte llevan consigo la memoria de un artesano que dedicó años, o incluso toda su vida, a aprender las técnicas que ahora conservan la identidad de la comunidad a la que pertenecen.
Pero hoy no se fue al pueblo; se dio un paseo con Miriam Valbuena por “La Cumbre” de Cajicá, donde ella encuentra la inspiración para sus tapices. Ella es una de las veinte artesanas que ahora llenan los pasillos de la renovada Casa del Artesano de Cajicá.
La historia comienza alrededor de las 9 de la mañana, cuando Miriam y su amiga, Betty, llegaron al inicio del sendero. El lugar estaba lleno de ciclistas, familias, mascotas, coches ruidosos con música, etc. No parecía molestarlas; al contrario, disfrutaron de la música.
Caminaron unos 500 metros cuando se encontraron con un camino de tierra que se desvía de la calle pavimentada. Mientras avanzaban, Miriam explicó que allí encuentra los palos que usa como soportes para sus tapices.
Siguieron caminando hasta volver al sendero. Ascendieron en silencio, saludando a quien se cruzaba en su camino.
Hablaron de la urbanización de Cajicá en los últimos años. Tomaron como ejemplo el actual sendero en el que caminan. Comentaron que hace unos años era igual que ese tramo de camino destapado por el que subieron, sin cercas ni pavimento, puro bosque, tierra y piedras.
Resaltaron cómo parte del terreno se ha vendido a personas y empresas a lo largo de los años, algunos son salón de eventos, viviendas cercadas y restaurantes. Ellas no creen que el cambio haya perjudicado a La Cumbre, aparte de algunas decisiones cuestionables de diseño (como el uso de rejas metálicas, que a Miriam y Betty no les agradan porque consideran que la madera se integra mejor al paisaje), no les preocupa de más.
Charlaron sobre la sanación y cómo soltar el pasado puede liberar a una persona. Aunque no dieron ejemplos ni anécdotas puntuales, sentían que la naturaleza y la experiencia de recorrer ese camino nuevamente, después de pasar semanas sin ir, les habían brindado la oportunidad de sentirse en paz, estar juntas todo el día, y dejar ir lo que las agobie.
También hablaron de los lugares donde solían ir a la iglesia, los mejores sitios para desayunar, tomar un chocolate caliente, y de la experiencia de Miriam como presidenta de la junta de acción comunal de El Cortijo durante 12 años y como fundadora del consejo consultivo de mujeres de Cajicá, donde lleva 12 años representando a los artesanos en la casa de la mujer.
Al acercarse a su destino, el bosque se transformó en vastas praderas con casas tradicionales campesinas. Esto es lo que inspira a Miriam: la belleza del verde, las flores y las viviendas típicas de la fortaleza de piedra. Son estas insignias de La Cumbre que inspiran a Miriam a crear sus tapices.
Antes de llegar a su destino, oyeron el canto de los pájaros como si estuvieran en un cuento. No encontraron el origen, pero fue divertido detenerse un momento a buscarlo.
Al final, se detuvieron a comer una cuajada con melao en una tiendita con vista a las montañas circundantes, y tan rápido como ascendieron, comenzaron el descenso.
La bajada fue más rápida de lo esperado. Después de otra parada para comer un tamal de calabaza, típico del territorio (que no les pareció muy bueno, aunque reconocieron el tiempo y la habilidad que requiere hacerlo), continuaron el descenso. En un instante en que Miriam se adelantó, Betty tomó un momento para reflexionar qué significan las décadas de amistad que ha vivido con ella.
Ella aprecia mucho a Miriam, la inspira a salir de su zona de confort, a superarse y a forjar algo nuevo en su vida. Su voz se quebró de emoción al recordar cómo le enseñó a tejer (aunque Miriam dice que no tiene paciencia para enseñar), cómo subió al Monte Pincio y los muchos años que ha servido a la comunidad.
Justo cuando llegó a la conclusión de su reflexión, en la distancia, Miriam decidió desviarse del sendero, cruzar el alambre de púas y llegar a un claro para recoger ramas de eucalipto, un ejemplo perfecto de cómo es ella: una mujer de 70 años, siempre aventurera, valiente e impredecible.
Una vez que llegaron de nuevo al inicio del sendero a las 2 de la tarde, tuvieron un momento para apreciar los muros de la finca cercana. Estos solían verse a lo largo y ancho del municipio, pero al igual que las casas que subieron a ver, ya no se encuentran en la ciudad.
De este viaje, Miriam se lleva más que ramas de eucalipto e inspiración para un nuevo tapiz, se lleva memorias, amistad y el amor por los momentos que hacen que vivir valga la pena.
Se debe reconocer el impacto que artistas y líderes como Miriam pueden tener en otras personas, en su comunidad y en la historia. La existencia de Miriam es prueba de que los artesanos son mucho más que vendedores; son el patrimonio vivo de Cajicá.
Para volver a la página de los microperfiles, haz clic en este link: https://www.conexionsabana360.com/la-region-en-360/descubre/microperfiles-artesanos-de-cajica
Fotografías realizadas por Luis Guillermo Hernández Cárdenas
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