Sigue la celebración del Día del Periodista de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Sabana
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14 de Mayo de 2026 13:00
La Plaza “El Cacique” es un relato sobre la resistencia del comercio tradicional frente a la modernización urbana en Chía. El olor a cilantro recién cortado se mezcla con el bullicio de voces que se llaman por el nombre.
Son las seis de la mañana y Jesús Eduardo Sarmiento ya acomoda su puesto, como lo ha hecho durante los últimos once años en la Plaza de Mercado “El Cacique”. Afuera, el ruido de los carros y la apertura de nuevas tiendas anuncian otra jornada en una Chía que cambia rápido, mientras adentro, el tiempo parece sostenerse en las manos de quienes aún creen en el comercio de siempre. “Esto ya no es como antes”, dice Jesús mientras organiza los productos. No se refiere solo a las ventas, sino al entorno: calles más llenas, precios más altos y una competencia que no da tregua.
La Plaza de Mercado “El Cacique”, con más de 40 años de historia en el centro de Chía, alberga hoy a decenas de comerciantes y productores campesinos que abastecen diariamente a la comunidad. Según el DANE y la Cámara de Comercio de Bogotá, en la última década más del 60% del comercio minorista en municipios cercanos ha migrado hacia grandes superficies, transformando los hábitos de consumo.
El sector centro evidencia un paisaje en evolución, donde lo moderno impone un ritmo acelerado; sin embargo, la plaza resiste como un hito de memoria, manteniendo dinámicas sociales y arquitectónicas que conectan directamente el campo con la ciudad.
La plaza no es solo un punto de venta, es un bien de interés patrimonial. La arquitecta Juliana Bello afirma que “la construcción es un elemento clave para considerarla patrimonio por su antigüedad y persistencia en el tiempo”.
Sin embargo, este legado enfrenta un entorno hostil. Jesús señala que “el comercio informal se ha tomado las vías, afectando la armonía del espacio”, y agrega que “los precios elevados y el descontrol en los costos asociados al negocio” impactan directamente su sostenibilidad.
Según el DANE, el incremento de los precios de los alimentos y el transporte ha golpeado especialmente a los pequeños comerciantes, profundizando estas tensiones.
El contraste con las grandes superficies es, en el fondo, una lucha de sentidos. Mientras los supermercados se basan en la eficiencia, la plaza se sostiene en el capital emocional. Cristian Castañeda, director de la Dirección de Desarrollo Agropecuario y Empresarial de Chía, reconoce que, aunque es difícil competir, existe una ventaja única: el valor de ser un cliente “súper consentido”. “Allá te dicen: mi amor, ¿qué necesitas?”, explica, destacando la cercanía como factor que fortalece los lazos entre campesinos y compradores.
Por su parte, la administración pública ha intentado transformar el espacio. Luz Ángela Correa, quien está a cargo del sector agropecuario en la secretaría, señala que “se cambió el techo y se modernizaron los baños”, aunque admite que no existe una política de protección patrimonial que garantice su permanencia frente al crecimiento urbano.
La era moderna le exige a “El Cacique” una evolución física, pero su verdadera fuerza reside en lo intangible. La plaza continúa siendo el corazón de pequeños productores, donde incluso los residuos se transforman en abono para mantener el ciclo agrícola. Sin embargo, sin protección patrimonial, estas transformaciones pueden diluir su valor cultural. Como muestra su ubicación dentro de un entorno cada vez más comercializado, el riesgo no es solo económico sino simbólico: perder la plaza es perder una forma de relación social.
La modernización podrá renovar fachadas, pero difícilmente automatizar la cercanía humana. Mientras los supermercados ofrecen rapidez, la plaza ofrece pertenencia. En una Chía que avanza hacia el futuro, “El Cacique” recuerda que el progreso sin raíces no es evolución, sino olvido.
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