Sigue la celebración del Día del Periodista de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Sabana
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18 de Mayo de 2026 20:32
Andrés termina su entrenamiento en una cancha de Bogotá, entre sudor y dolor de sus piernas. El cansancio no es solo del momento, es de todo el día: a las 4:00 de la mañana sonó la alarma. Salió de su casa aún de noche y tomó un bus casi vacío. A las 6:00 ya estaba entrenando. Dos horas después, sin mucho descanso, llegó al colegio. A las 8:00 estaba en clase, tratando de concentrarse mientras el sueño y el desgaste empezaban a sentirse. Su jornada continuó hasta las 4:00 de la tarde, cuando salió para volver, otra vez, a entrenar.
Hacia las 7:00 p.m. llegó a su casa, pero Andrés sabía que su jornada aún no terminaba: le esperaban tareas, trabajos de distintas asignaturas y el mismo esfuerzo de siempre por no fallar en ninguno de los dos caminos.
En Colombia, el proceso de formación deportiva inicia desde edades tempranas, especialmente en disciplinas como el fútbol, donde las exigencias competitivas aumentan progresivamente. Sin embargo, este camino suele entrar en tensión con un sistema educativo diseñado bajo esquemas tradicionales, caracterizados por horarios rígidos, presencialidad obligatoria y estructuras poco adaptables. En este contexto, la formación integral del deportista se convierte en un reto constante, en el que el tiempo se vuelve el recurso más limitado.
El deporte formativo hace parte del Sistema Nacional del Deporte y se reconoce como un proceso clave para el desarrollo de talentos. No obstante, en la práctica, la articulación con el sistema educativo sigue siendo parcial. Aunque existen lineamientos de educación flexible impulsados en conjunto por el Ministerio del Deporte y el Ministerio de Educación, su implementación no es homogénea ni alcanza a cubrir a la totalidad de jóvenes deportistas en formación.
Según datos del sistema deportivo colombiano, cientos de miles de niños y jóvenes participan en procesos de formación y competencia a través de clubes, ligas y programas institucionales. Sin embargo, no existe una cifra consolidada que indique cuántos de ellos logran articular de manera efectiva su formación académica con el deporte de alto rendimiento, lo que evidencia una falta de seguimiento estructurado a esta problemática.
A nivel internacional, organismos como la UNESCO han señalado que la falta de integración entre educación y deporte puede generar consecuencias como el abandono escolar, la sobrecarga física y emocional, o la frustración de trayectorias deportivas. En este sentido, la literatura sobre desarrollo deportivo coincide en que el equilibrio entre ambas dimensiones no solo es deseable, sino necesario para garantizar procesos sostenibles a largo plazo.
Este problema no es exclusivo de Colombia. En países como España, el modelo de “carrera dual” se ha consolidado como una estrategia para responder a esta necesidad. Este enfoque permite que los deportistas combinen estudios y entrenamiento mediante planes académicos flexibles, tutorías personalizadas y una coordinación directa entre instituciones educativas y entidades deportivas.
De manera similar, en Estados Unidos, el sistema educativo, especialmente a nivel secundario y universitario, integra el deporte como parte estructural de la formación, facilitando que los estudiantes accedan a programas diseñados específicamente para atletas, con apoyo académico, becas y seguimiento continuo.
A pesar de estos avances, el desafío sigue siendo estructural. Lograr un equilibrio real entre el desarrollo académico y deportivo implica no solo ajustes individuales, sino transformaciones en los modelos educativos y en la manera en que se entiende la formación de los jóvenes deportistas.
En Bogotá, esta realidad se vive todos los días. Para muchos jóvenes, el conflicto entre estudio y deporte no es teórico, sino una decisión concreta.
Es el caso de David Chica, futbolista de 18 años que en 2025, cuando tenía 16 años y cursaba grado decimo, dejó el colegio para enfocarse en su carrera deportiva y dirigirse hacia las divisiones inferiores de Millonarios FC. Su historia refleja una tensión constante: “fue muy complicado, porque yo quería mantener las dos cosas y sentía que lo estaba logrando, pero el colegio no me lo permitió y me tocó elegir”.
En su experiencia, el principal obstáculo fue el tiempo. Cumplir con entrenamientos, competencias y responsabilidades académicas exige una organización muy alta, y más aún cuando no hay flexibilidad desde el entorno. Según explica, “lo más difícil para combinar estudio y fútbol es el tiempo, tienes que aprender a manejarlo muy bien para no fallar en ninguna de las dos”, ya que cualquier desbalance puede afectar tanto el rendimiento académico como el desarrollo deportivo.
Pero más allá de lo práctico, también existe un costo emocional. La decisión implica renuncias que van más allá del aula, como perderse momentos importantes de la vida escolar. “A veces da nostalgia ver a tus amigos en su graduación o en su promoción”, dice David, reflejando una sensación que acompaña a muchos jóvenes en situaciones similares.
Sin embargo, su experiencia actual muestra que el problema no necesariamente es elegir, sino las condiciones en las que se da esa elección. Hoy, bajo un modelo más flexible, ha logrado reorganizar su rutina y encontrar un equilibrio que antes parecía imposible. “Tengo tiempo para mis entrenamientos y con mi nuevo colegio puedo estudiar a mis tiempos”, lo que le permite mantenerse en un alto nivel en ambas áreas. Aunque el proceso fue difícil, su conclusión es clara: “creo que valió totalmente la pena. A veces es duro pensar que pude haber seguido en el otro colegio, pero siento que fue lo mejor para mí”.
Frente a este panorama, han comenzado a surgir modelos que buscan cambiar la lógica tradicional. En lugar de que el deportista se adapte al sistema, estas iniciativas proponen soluciones para la educación basada en la realidad del atleta.
Uno de estos casos es CLAN Academy, una academia que ha desarrollado un modelo educativo pensado específicamente para jóvenes deportistas. Desde la institución uno de sus ejecutivos explica que la idea surgió al identificar “una gran necesidad en los talentos jóvenes de poder prepararse para su sueño sin bajar su nivel académico”, lo que los llevó a diseñar un programa flexible que puede desarrollarse desde distintos contextos.
A diferencia del modelo tradicional, el enfoque se basa en la personalización. Cada estudiante tiene un plan ajustado a sus condiciones particulares, ya que, como señalan dentro de la academia, “para cada estudiante el programa es diferente, dependiendo de sus competencias, viajes o entrenamientos”. Esto permite que el tiempo deje de ser una barrera y se convierta en un elemento organizable.
En ese sentido, la estructura del modelo gira alrededor de planes individuales que buscan integrar todas las dimensiones del deportista. Según explican en Clan, se encargan de organizar los tiempos de manera que “encajen el estudio, los entrenamientos y las competencias”, algo que contrasta con la rigidez del sistema tradicional.
Esa flexibilidad es precisamente su principal diferencial. Desde CLAN destacan que “cada uno va a su ritmo”, en un entorno donde todos los estudiantes comparten una misma realidad como atletas, lo que genera una dinámica distinta a la de un colegio convencional.
A esto se suman limitaciones en términos de acceso. Aunque el modelo ofrece oportunidades, también implica costos que no todos pueden asumir, ya que “tener un diploma internacional tiene costos altos”. Esta situación evidencia una desigualdad importante, ya que mientras algunos pueden acceder a modelos flexibles que potencian su desarrollo, otros siguen dependiendo de un sistema tradicional que no se adapta a sus necesidades. Aunque existen alternativas como becas o apoyos individuales para ciertos talentos, estas no siempre son suficientes para garantizar un acceso completo.
Sin embargo, no es la única alternativa. Modelos de educación virtual y opciones como el estudio en casa han comenzado a ganar terreno entre familias de jóvenes deportistas. Instituciones como el Gimnasio Virtual San Francisco Javier, con sede en Cajicá, ofrecen esquemas académicos flexibles que permiten a los estudiantes organizar su tiempo según sus entrenamientos y competencias. Estas modalidades amplían el abanico de posibilidades, aunque también abren el debate sobre su calidad, regulación y alcance dentro del sistema educativo colombiano, ya que se debe de tener en cuenta que no todos los estudiantes cuentan con las mismas condiciones de autonomía y disciplina, lo que hace necesario evaluar cada caso de manera individual.
Mientras algunos jóvenes se ven obligados a elegir, otros empiezan a encontrar alternativas que les permiten no hacerlo. Sin embargo, más allá de los modelos, el impacto de esta decisión también tiene una dimensión psicológica importante.
Para Rafael Zabarain, psicólogo vinculado a procesos formativos en la Federación Colombiana de Fútbol, verse obligado a escoger entre el estudio y el deporte puede generar efectos emocionales relevantes en los jóvenes. Desde su perspectiva, esta situación puede traducirse en “frustración al no poder hacer lo que realmente les gusta”, así como en desmotivación al sentirse limitados por un entorno que no se adapta a sus necesidades.
A largo plazo, las consecuencias pueden ir más allá de lo inmediato. Zabarain advierte que, aunque el resultado depende del camino que elija cada joven, suele mantenerse una sensación persistente de “no haberlo intentado”, lo que incluso podría derivar en abandono del proceso escogido si no hay satisfacción con la decisión tomada.
En ese sentido, los modelos educativos flexibles aparecen como una alternativa viable para reducir esa tensión, ya que este tipo de esquemas sí pueden ayudar a lograr un equilibrio entre estudio y deporte, aunque es muy necesario garantizar la calidad educativa dentro de estos programas.
Para Zabarain, tanto los padres como las instituciones educativas deben asumir una postura más abierta, entendiendo que el desarrollo del joven no es solo académico ni deportivo. “Es importante trabajar en conjunto con los profesores de estas instituciones”, de manera que se pueda acompañar al estudiante-deportista de forma integral.
Finalmente, el mensaje para quienes atraviesan esta situación apunta a la planificación y al acompañamiento: intentar sostener ambas dimensiones es posible, pero requiere organización desde el inicio, así como el apoyo constante de padres y docentes para construir un proyecto de vida sólido.
La pregunta de fondo sigue abierta:
¿Debe el joven deportista adaptarse al sistema educativo o debería el sistema transformarse para responder a sus necesidades?
Mientras tanto, Andrés termina su entrenamiento en una cancha de Bogotá. Está agotado. Mira el reloj, toma su maleta y se prepara para volver a casa, donde aún lo esperan tareas, clases y evaluaciones. Como él, miles de jóvenes siguen intentando, día a día, encontrar un equilibrio que el sistema todavía no termina de ofrecer.
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