Elecciones 2026. Cubrimiento especial.
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30 de Septiembre de 2026 21:21
Detrás de las mujeres que hoy renuncian a su voz, su voto y su independencia no hay una revolución silenciosa, sino el eco bien vestido de una propaganda que ya conocíamos.
El término tradwife (abreviación del inglés traditional wife, o esposa tradicional) describe a mujeres que deciden dedicarse por completo al hogar, la crianza y el cuidado de su esposo. No es un fenómeno pasajero, pues el hashtag #tradwife acumuló más de 175 millones de visualizaciones en 2025, impulsado por creadoras como Nara Smith y Hannah Neeleman, aunque no nació ahí. Hunde sus raíces en los grupos antifeministas estadounidenses de los años setenta, cuando Phyllis Schlafly se opuso a la Enmienda de Igualdad de Derechos alegando que las mujeres ya estaban "protegidas" en la familia tradicional. Medio siglo después, el mismo argumento resurge con otro maquillaje: la libre elección.
Lo impresionante es que este "nuevo regalo" (cuerpos esqueléticos, voces suaves y casi infantiles, vestimenta sobria que no deja espacio para la expresión) viene envuelto en el precioso lazo morado del feminismo. Ser feminista es decidir qué hacer con tu libertad. Por lo tanto, escoger no ser libre, es libertad, ¿no? Parece una frase lógica y, a simple vista, coherente. Es imposible obviar cómo las redes, la sociedad e, incluso, mis círculos más cercanos parecen promover y aceptar esta idea sin siquiera entenderla como tal. Lentamente, casi como el viento que se cuela por una grieta que creímos haber resanado con literatura, arte y música feminista, estos ideales han ido metiéndose en nuestras conversaciones y hábitos nuevamente. Sin afanes ni prisas, porque la opresión entiende que no se trata de una carrera de velocidad, sino de una maratón, donde la paciencia y la constancia son lo que te llevarán a la meta final. Así es cómo la propaganda funciona, nos venden una ideología disfrazada de un deseo, un "regalo". No hay herramienta más efectiva que las redes y los algoritmos para sostener un aprendizaje pasivo e indetectable. O casi. La grieta se nos va abriendo cada vez más y nosotras nos preocupamos es por mantenernos a la moda.
Crecer como mujer es crecer con la constante pregunta de ¿quién soy? O, más bien, ¿quién debo ser? La respuesta es ser lo que desees ser, libremente. Es entonces que aquellas mujeres, quienes piensan que renunciar al voto, a su voz, a su independencia, a su nombre, es libertad. Es su decisión. No se dan cuenta de que están confundiendo la ausencia de cadenas visibles con la ausencia de cadenas. Han aceptado, entonces, aquel "regalo", sin saber qué hay realmente dentro.
Lo paradójico es que quienes promueven este estilo de vida son las mismas mujeres que han sabido explotar y aprovechar al máximo los derechos que tanto critican. Erika Kirk, viuda de Charlie Kirk y actual directora de Turning Point USA, la organización conservadora que él fundó, es un ejemplo perfecto, pues pasó de describirse como un "rol de apoyo" en la misión de su esposo a liderar, ella sola, una organización con presencia en más de 4.200 campus. Usa esa misma voz para decirle a otras mujeres que renuncien a construir lo mismo. Y ahí está la trampa, no es que ella las haya obligado, es que ha pasado años modelando una imagen tan repetida y deseable, que sus seguidoras ya no distinguen entre lo que eligieron y lo que se les enseñó a desear. Es curioso cómo la opresión viene, esta vez, como un grito y no como un silencio impuesto.
La renuncia no se queda en las redes. En Estados Unidos, un número creciente de predicadores conservadores pide abiertamente derogar la Decimonovena Enmienda, la que en 1920 otorgó el voto a las mujeres. Dale Partridge, pastor con cientos de miles de seguidores, afirmó en 2026 que "derogaremos la Decimonovena Enmienda dentro de diez años" y responsabilizó al voto femenino de resultados que no comparte. No es una anécdota aislada, es la misma lógica tradwife llevada a su conclusión política más literal. Esa lógica es, casi textualmente, la que sostiene a Gilead, el régimen distópico de "El cuento de la criada" que escribió Atwood en 1985.
No es casualidad que este resurgir tradwife coincida con el renovado interés en "El cuento de la criada". Allí aparece Eden, una adolescente de apenas 16 años, criada para creer que casarse joven, tener hijos, servirle a los hombres y nunca atreverse a tener una opinión era su vocación más alta, no una condena. Eden sí conoció el mundo antes de Gilead, pero eso no la salvó, pues fue lo suficientemente manipulada como para convencerse, genuinamente, de que lo impuesto por aquel régimen era lo correcto. Nadie tuvo que amenazarla con un arma para que lo creyera. Y ese es exactamente el punto: el adoctrinamiento más efectivo no necesita coerción constante, le basta con moldear a alguien lo suficiente hasta que confunda lo impuesto con lo propio. El discurso tradwife de hoy apuesta a lo mismo, aunque con herramientas distintas: no dice "obedece", dice "encuentra paz"; no dice "renuncia", dice "vuelve a lo esencial". La ficción no inventó nada, pues es fácil ser Eden en un mundo donde la propaganda está en todas partes. Atwood solo le puso nombre y estética a un mecanismo que ya conocíamos: lo fácil que se puede hacer confundir la jaula con el hogar, porque nunca se mostró una puerta abierta. La ficción es, muchas veces, un espejo de la realidad.
Entonces, ¿qué deberíamos entender por mujer? Abuela, madre, esposa, hija, ama de casa, trabajadora, artista, oficinista... Todo, cualquier cosa, menos silencio y resignación. La sumisión no es tan hermosa y dorada como nos quieren hacer creer. No dejemos que la grieta nos coja ventaja, porque en un abrir y cerrar de ojos, se nos cae la casa. Pero más allá de eso, considero que, quizás, hay una pregunta más importante: ¿cómo sabemos, cualquiera de nosotros, que lo que llamamos deseo propio no es solo la propaganda que llevamos más tiempo sin cuestionar? Porque "nadie es tan esclavo como quien se cree libre sin serlo", como escribió Goethe. Solo nos queda seguir cuestionándonos todo y constantemente. La inquietud y la curiosidad son nuestras mejores aliadas para no perdernos en ideales de alguien más.
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