Elecciones 2026. Cubrimiento especial.
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14 de Septiembre de 2026 11:14
Muchos asocian el relincho de un caballo y el olor a tierra bajo el sol cálido con un clima vacacional y un pasadía lejos del ruido de la metrópolis. No obstante, para algunos se trata de un estilo de vida que va más allá del pasatiempo: una pasión que combina tradición y adrenalina en la unión con una criatura que suele triplicar el peso de cualquier atleta, a través de un lenguaje que no se habla.
Lo cierto es que, para estos atletas, sus compañeros de cuatro patas, los aficionados a los animales y cualquier otro individuo curioso por descubrir lo que puede ofrecer el mundo ecuestre, se presentó una oportunidad única de vivir este deporte en primera mano: el Bogotá Horse Week 2026.
A partir del 13 de agosto y hasta el 6 de septiembre de 2026, el Cantón de Caballería del Ejército Nacional, situado en el norte de Bogotá, abrió sus puertas al público de forma gratuita durante casi un mes para albergar uno de los eventos más relevantes de la industria ecuestre.
El evento involucró competiciones de carácter diverso con participantes de todas las edades y numerosos premios económicos y conmemorativos, partiendo desde la categoría preinfantil hasta las categorías de Gran Premio, demostrando que se trata de un deporte que no excluye géneros ni edades, sino que se basa en la disciplina, la tenacidad, la confianza y la conexión con el caballo.
Con respecto a las propuestas de valor, Bogotá Horse Week incluyó tres escenarios principales y tres secundarios, que involucraron las siguientes disciplinas y competiciones.
En primer lugar, el salto ecuestre evidenció que cada ayuda, movimiento y batida al galope son cruciales para superar, sin penalizaciones y en tiempo récord, una pista de aproximadamente 13 obstáculos que deben saltarse en un orden particular y con una precisión matemática que puede hacer la diferencia a la hora de trazar una parábola perfecta en el aire.
En segundo lugar, se llevó a cabo el Campeonato Nacional de Endurance, una disciplina en la que el ganador no es el más veloz, sino el que equilibra mejor su energía para llegar a la meta con el menor desgaste físico posible. A lo largo de la competición (que recorre una distancia determinada en kilómetros a través de un terreno variado) se realizan paradas en las que veterinarios y expertos inspeccionan valores como la frecuencia cardíaca del equino, para corroborar que se encuentra en condiciones idóneas de continuar. En la parada final se determina el ganador a partir de dichos parámetros.
En tercer lugar, la tradición, la elegancia y la precisión se pusieron a prueba en las competiciones de Equitación de Trabajo y Adiestramiento, donde se evaluó la obediencia de los ejemplares, su versatilidad y su capacidad para combinar los tres aires (paso, trote y galope) y, en ocasiones, movimientos más complejos. Todo esto a través de un lenguaje que pretende ser invisible, pero que revela una coreografía elegante y una sincronización perfecta entre caballo y jinete.
En cuarto lugar, fue protagonista el Vaulting, una disciplina que también exige precisión coreográfica, pero que esta vez recae principalmente sobre el volteador, quien debe ejecutar diversos movimientos artísticos sobre el lomo del caballo, en una montura adaptada y al son de una melodía, mientras el equino (guiado por un conductor de cuerda) traza un círculo perfecto y mantiene una cadencia constante.
En quinto lugar, la adrenalina y la velocidad levantaron la arena de los picaderos en las competencias de polo, varas y barriles. El primero es un deporte en el que dos equipos se enfrentan a caballo para marcar goles en la portería rival, utilizando un mazo para dirigir la pelota. Por su parte, la competencia de varas y barriles recoge tradiciones vaqueras en las que el binomio debe realizar un recorrido en zigzag entre varas, o rodear tres barriles en el menor tiempo posible.
Adicionalmente, se realizaron competencias que, más allá de evaluar la conexión de un binomio interespecie, implicaron la selección de los mejores ejemplares equinos de Colombia en dos razas particulares: los Gypsy Vanner, nativos de las Islas Británicas y caracterizados por un manto comúnmente bicolor, un aspecto robusto, abundante cabello en crines, cola y patas, y un carácter dócil y noble; y el Caballo Criollo Colombiano que, originario de este país, demuestra una resistencia incomparable, con una energía y presencia notables al andar, y que puede poseer el inigualable paso fino, suave y rítmico.
No obstante, la competencia no fue la única protagonista del evento. Paralelamente, se desarrolló en un sector del recinto una villa comercial, donde numerosos emprendedores ofrecían a los participantes, atletas y familias productos variados: desde plantas, regalos y prendas de vestir ecuestres, hasta una diversidad gastronómica que combinaba platos tradicionales como el asado llanero con propuestas como hamburguesas o incluso confitería internacional.
Asimismo, la villa comercial incluyó un espacio cercado donde el domador Juan Pablo Saiz ofrecía, en determinados momentos, un espectáculo de doma en libertad, utilizando ejemplares de los atletas o jinetes presentes para demostrar que es posible establecer una conexión con el equino a través de su propio lenguaje, valiéndose de herramientas tan discretas como la respiración.
Sin duda, el Bogotá Horse Week, en su segunda edición, fue una experiencia para todos los públicos que abrió una puerta para unir a las personas y los caballos sin necesidad de salir de la ciudad, a través de una mirada deportiva y competitiva que muchos desconocen, pero que representa un mundo en el que caballo y jinete trabajan en sintonía para lograr hazañas asombrosas, como ejecutar movimientos precisos a altas velocidades o volar por unos instantes sobre obstáculos de grandes dimensiones.
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