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11 de Agosto de 2026 14:00
La Banda Filarmónica Juvenil presentó Los sonidos del tambor, un concierto que recorrió las raíces indígenas, caribeñas, africanas y andinas de la música latinoamericana, en un homenaje al talento joven y a Bogotá.
El pasado domingo 9 de agosto, el Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo, ubicado en la Avenida Calle 170 #67-51, recibió a la Banda Filarmónica Juvenil para presentar un concierto dirigido por Andrés Francisco Cristancho Cáceres que convirtió la música en un puente entre culturas, generaciones y memorias.
La presentación, realizada en el marco de la celebración del cumpleaños de Bogotá, propuso un recorrido por diferentes ritmos y tradiciones que han contribuido a construir la identidad musical de América Latina. Desde las raíces indígenas hasta las influencias africanas, caribeñas y andinas, cada interpretación hizo parte de una historia que continúa transformándose con las nuevas generaciones.
Para Cristancho, la propuesta nació de las experiencias de los jóvenes que integran la agrupación y de las vivencias que él mismo ha acumulado durante su trayectoria profesional. Su intención fue rendir homenaje a la música latinoamericana y recuperar composiciones que, a pesar del paso del tiempo, conservan su fuerza.
“Estos ritmos son tan poderosos que no necesitan ayuda, simplemente van a prevalecer”, afirmó el director. Desde su perspectiva, no se trata únicamente de preservar estas expresiones musicales, sino de disfrutarlas, interpretarlas con cariño y permitir que continúen presentes.
“Más que hacer algo por ellos, ellos están haciendo algo por nosotros”, explicó. En medio de la gran cantidad de música que se produce actualmente, considera importante recuperar aquellas obras que están bien construidas y que tienen la capacidad de conectar con las personas.
El repertorio incluyó obras como El guayatuno, de Efraín Medina; Prende la vela, de Lucho Bermúdez; Cachaco, de Francisco Cristancho Hernández; y reconocidos boleros como Nosotros, En mi viejo San Juan, Contigo en la distancia, Frenesí y Piel canela.
El tambor fue uno de los protagonistas de este recorrido. Su presencia evocó las raíces y los intercambios culturales que atravesaron el continente y dieron origen a diferentes expresiones musicales. De esta manera, el concierto conectó los sonidos del Caribe, África y América con una mirada contemporánea.
Sin embargo, mantener viva esta memoria musical también depende de quienes vienen detrás. Cristancho considera fundamental que los jóvenes conozcan estas expresiones, tanto para preservar el patrimonio como para comprender el oficio de ser músico.
“Como músicos, tenemos un oficio que llevar y ese oficio es sumamente importante”, señaló. Para él, acercarse a estos repertorios permite descubrir que la música va mucho más allá de las expresiones comerciales o de la música clásica: existen otras manifestaciones que también hacen parte de nuestra historia y que merecen ser conocidas.
En el escenario, esa diversidad también se hizo evidente. Julian Pelayos, saxofonista de la agrupación, destacó que "la propuesta tiene un formato particular porque combina diferentes géneros, ritmos y voces". Para él, el tambor es una insignia y hace parte del corazón de la música.
Pelayos también resaltó "la importancia de que los jóvenes tengan espacios para mostrar sus talentos, fortalecer sus capacidades y construir una comunidad alrededor de la música".
La voz tuvo un papel protagonista con Isabella Ruiz Gallardo, quien participó en La Voz Kids en 2014. La cantante animó al público a cantar, bailar y celebrar a través de los boleros. Isabella expresó su gratitud por pertenecer a la agrupación, pues considera que este espacio le ha permitido dedicarse a lo que ama de una manera versátil y explorar distintos géneros y formatos.
Esta presentación permitió acercar a la audiencia no solamente a la música, sino también a las historias de quienes están detrás de ella. Escuchar a los artistas, conocer sus perspectivas y observar la conexión que lograron construir con el público hizo que la experiencia trascendiera el registro de un evento.
Los sonidos del tambor demostró que las tradiciones permanecen vivas cuando existen nuevas generaciones dispuestas a conocerlas, interpretarlas y darles nuevos significados.
En una ciudad diversa como Bogotá, celebrar su cumpleaños a través de la música latinoamericana fue también una manera de reconocer las múltiples culturas que la habitan. Esta vez, fueron los jóvenes de la Banda Filarmónica Juvenil quienes hicieron sonar ese legado y recordaron que, mientras existan músicos dispuestos a interpretarlo, el latido del tambor seguirá presente.
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