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8 de Septiembre de 2026 11:00
La llegada y el fortalecimiento del fenómeno de El Niño ponen bajo la lupa la capacidad de respuesta de los municipios de Sabana Centro frente a eventos climáticos extremos. Chía, Cota, Cajicá, Sopó y Zipaquirá comparten un desafío presupuestal y técnico determinante: gestionar las emergencias inmediatas de la temporada seca sin congelar las obras de infraestructura preventiva necesarias para mitigar futuras crecientes en la cuenca del río Bogotá.
El análisis de la vulnerabilidad en la región muestra que las épocas de sequía severa suelen anteceder a periodos de precipitaciones intensas, lo que exige una planificación financiera continua. La falta de articulación entre las administraciones municipales para ejecutar proyectos conjuntos deja a la provincia expuesta a emergencias cíclicas, donde las inversiones provisionales terminan sustituyendo las soluciones estructurales de largo plazo.
Una ventana técnica desaprovechada
Según el hidrólogo e ingeniero ambientaDaniel Humberto Gil, las temporadas secas constituyen el período idóneo para ejecutar obras preventivas en la cuenca media del río Bogotá, como dragados e intervención de jarillones. Estos mantenimientos son claves para contener inundaciones y reducir el riesgo de desastres hidrológicos cuando regresan las lluvias.
Gil enfatiza un principio técnico clave: los cauces y afluentes deben intervenirse justamente cuando sus niveles de agua tocan el punto más bajo. Al enfocar los recursos financieros solo en las contingencias del verano —como el suministro de agua mediante carrotanques o el control de incendios forestales—, las administraciones postergaron la adecuación de canales, colectores y compuertas en el río Bogotá y el río Frío.
La temporada seca exige prioridades, no frenar la prevención
Para Gil, un evento como El Niño obliga a atender prioridades estacionales: el abastecimiento de agua, la estabilidad energética de los embalses y la salud pública ante los incendios. Esa urgencia, no justifica congelar la infraestructura preventiva. “Considero que las alcaldías tienen fondos comprometidos y deben tener un fondo de gestión del riesgo; no veo que rivalicen las dos inversiones” e insiste en que atender la coyuntura del verano “no implica detener otro tipo de inversiones públicas” de fondo.
No se trata de escoger entre sequía e inundaciones
Una de las conclusiones centrales del análisis técnico es que la gestión de la sequía y la preparación para la temporada de lluvias no deberían competir por los mismos rubros. Para el hidrólogo, la administración pública cuenta con herramientas financieras para operar ambos frentes en paralelo. “Las alcaldías deben gestionar lo que está ocurriendo en el momento, que es la temporada seca, pero a la vez estar previniendo o tomando medidas para una temporada de lluvias muy fuertes”, comenta. Con ello, es esencial adoptar medidas preventivas que mitiguen los efectos de los fenómenos climáticos extremos, así no ocurran de manera simultánea.
Un territorio de humedales e infraestructura gris
Según el 10.º Informe de Calidad de Vida de Sabana Centro, publicado el 27 de noviembre de 2025 por Sabana Centro Cómo Vamos, el 78 % de los puntos de monitoreo en la cuenca alta y media del río Bogotá presenta alertas de riesgo en la calidad del agua, lo que confirma la fragilidad de la fuente que abastece a los once municipios de la provincia. El informe advierte que la expansión urbana ha impermeabilizado el suelo y reducido su capacidad natural de absorción, un panorama que se agrava con la caída del 11,2 % en la inversión municipal para infraestructura ambiental y la falta de obras preventivas frente a variaciones climáticas extremas.
Bogotá y sectores de la Sabana están construidos sobre terrenos arcillosos de lo que fue el antiguo lago Humboldt, explica María Fernanda Garzón, directora de la Fundación Con los Pies en la Tierra. “En época de lluvias, la estructura ecológica y los humedales ayudan a captar agua y evitar inundaciones; pero en temporada seca y bajo el fenómeno de El Niño, la falta de recarga hídrica agudiza las sequías y eleva el riesgo de incendios en zonas como los cerros orientales”.
Frente al deterioro del territorio, Garzón subraya la urgencia de integrar a la ciudadanía en la prevención y la conservación: “creemos que lo que no se conoce no se ama ni se defiende. Para ser más resilientes frente al cambio climático debemos conservar las áreas verdes que generan microclimas, reducen la temperatura y capturan CO₂”. En consecuencia, la invitación que hace a la ciudadanía es a transformar sus hábitos de consumo y participar activamente en la gobernanza ambiental, con el fin de proteger ecosistemas vitales como humedales, páramos y el río Bogotá.
Una infraestructura que no resistiría una nueva ola invernal
Al evaluar si la infraestructura instalada entre Gachancipá y Chía soportaría una creciente histórica similar a la ola invernal de 2011, la evaluación técnica advierte una alta fragilidad. La mayoría de los colectores y captaciones responden a promedios hidrológicos del pasado que colapsan ante eventos climáticos severos.
“Una obra puede responder al evento para el cual fue diseñada, pero si llega un evento mucho mayor, por cómo fue proyectada no va a dar respuesta”, advierte Gil, quien insiste en la urgencia de adaptar la red e integrar soluciones de infraestructura verde para recuperar el ciclo del agua. El seguimiento a estos procesos en Sabana Centro apunta a lo mismo: superar la atención improvisada de emergencias y la parálisis presupuestal de cada verano.
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