Sigue la celebración del Día del Periodista de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Sabana
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8 de Marzo de 2026 17:30
En medio de la jornada electoral en Tocancipá, el voto joven apareció como una expresión de expectativa, inconformidad y búsqueda de cambios. Aunque persiste la percepción de que muchos jóvenes se sienten distantes de la política, también hay quienes decidieron salir a las urnas con la intención de participar, influir y no dejar que otros tomen decisiones por ellos.
Zarith Briceño, quien trabaja en el área de nómina, decidió votar al considerar que la participación sigue siendo necesaria para aspirar a transformaciones reales. Para ella, una de las mayores preocupaciones no es solo por quién se vota, sino el hecho de que muchas personas, especialmente jóvenes, aún no se involucran en los procesos electorales. Desde su perspectiva, cuando la ciudadanía no participa, los resultados terminan construyéndose de manera parcial y con menor representación de lo que realmente piensa la población.
Zarith aseguró que, como ocurre con muchos votantes, su decisión parte de una esperanza, incluso si esa expectativa convive con la desconfianza. “Todos esperamos un cambio”, afirmó al referirse a lo que espera de los representantes y senadores que resulten elegidos. Su postura refleja una sensación frecuente entre los jóvenes: votar aun cuando no exista plena certeza de que las cosas vayan a transformarse de inmediato.
Más allá de esa expectativa general, Zarith también fue clara al señalar cuáles son los temas que considera prioritarios para su generación. En su opinión, el arte y el deporte siguen siendo áreas relegadas, pese a que ocupan un lugar importante en la vida de muchos jóvenes del municipio. Según explicó, en Tocancipá estos espacios no reciben la atención suficiente, a pesar de que buena parte de la juventud encuentra allí formas de expresión, desarrollo personal y construcción de proyecto de vida.
Uno de los puntos de los jóvenes sufragantes es solicitar una participación real dentro de la política local. Aunque reconoce la existencia de espacios de participación juvenil, considera que muchas veces estos terminan siendo más simbólicos que efectivos. A su juicio, se invita a los jóvenes a hacer parte de algunos escenarios, pero eso no necesariamente se traduce en decisiones o cambios concretos que respondan a sus necesidades.
A esta mirada se suma la de Sara María Rodríguez Rojas, estudiante de Ingeniería Agronómica en la U.D.C.A., de 20 años, quien participó por primera vez en unas elecciones. Para ella, votar representa una forma de ejercer la democracia y de hacer visible la voz de los jóvenes dentro del proceso político. Su participación, además del componente simbólico de ser una primera experiencia en las urnas, estuvo motivada por la convicción de que la juventud debe tener un papel más activo en las decisiones del país.
Sara aseguró que espera que los elegidos no se mantengan atrapados en las lógicas tradicionales de confrontación política entre extremos, sino que escuchen visiones más amplias y menos polarizadas. Desde su perspectiva, muchos jóvenes ya no se identifican del todo con lecturas rígidas entre derecha e izquierda, sino que buscan posturas más equilibradas y abiertas al diálogo. Por eso, considera que una de las transformaciones necesarias para su generación pasa por reducir la polarización que ha marcado durante años el debate político en Colombia.
En cuanto a las prioridades para los jóvenes, la estudiante señaló que la educación debería ocupar un lugar central, no solo como acceso a oportunidades, sino también como formación política. En su opinión, muchas personas llegan a votar sin tener claridad sobre cómo funciona el sistema electoral, qué se elige en cada jornada o qué significa participar en consultas, Senado o Cámara de Representantes. Para ella, esto demuestra que la pedagogía democrática sigue siendo insuficiente y que la política no debería limitarse únicamente a la campaña visible, sino también a explicar ideas, propuestas y funciones de cada cargo.
Su experiencia en la jornada también dejó ver una dificultad concreta. Sara contó que al momento de votar solo recibió los tarjetones de Cámara y Senado, y que no pudo participar en la consulta porque no sabía que debía solicitarla. Aunque no relató el hecho como un incidente grave, sí lo mencionó como una situación que evidencia la necesidad de mayor orientación para quienes votan, especialmente cuando se trata de personas jóvenes o de votantes primerizos.
Ambos testimonios dejan ver una tensión que atraviesa el voto joven en Tocancipá: por un lado, la necesidad de participar y no caer en la apatía; por el otro, la sensación de que las instituciones todavía no les dan a las nuevas generaciones un lugar protagónico en la toma de decisiones. En esa dualidad, el voto aparece como una herramienta de expresión, pero también como una forma de exigir atención sobre temas que suelen quedar por fuera de las prioridades tradicionales.
Así, en Tocancipá, el voto joven no solo habla de participación en las urnas, sino también de una generación que quiere ser tomada en serio. Para voces como las de Zarith y Sara, la política no debería limitarse a prometer cambios, sino abrir espacios reales para escuchar a quienes hoy reclaman más oportunidades en cultura, deporte, educación y representación.
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