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9 de Octubre de 2026 09:15
Sobre la antigua línea férrea que alguna vez conectó a Villeta con otros municipios de Cundinamarca, un grupo de habitantes del sector construyó, hace cerca de 40 años, una forma particular de transporte: carritos de madera y metal que se desplazan sobre los rieles abandonados hasta llegar a la zona conocida como Bocatoma ,uno de los atractivos naturales más visitados del municipio. Lo que comenzó como una solución comunitaria de movilidad terminó convirtiéndose en uno de los planes más representativos de Villeta.
"Esto es una empresa que tenemos entre una comunidad y nosotros mismos, de aquí mismo del sector", explica Jesús Ramos, conductor de uno de los carritos y miembro de Ferreo La Unión, la organización que agrupa a quienes prestan este servicio. No se trata de una empresa con un único dueño, sino de un modelo colectivo en el que cada operario es propietario de su propio carro.
Según Ramos, el servicio nació hace unos 40 años con vehículos muy distintos a los actuales. "No eran carros motores, eran planchas. Se subían 8 o 10 personas y usted las empujaba". Esa versión artesanal del transporte, similar a fenómenos parecidos en otras regiones del país, como las llamadas "brujitas" de San Cipriano en el Valle del Cauca, fue ganando popularidad entre turistas a medida que pasaban los años.
El punto de quiebre llegó en 2008, cuando se incorporaron motores a los carritos. "Fue algo genial para todos nosotros. Hoy en día ya podemos subir más cantidad de gente y hacer viajes más seguido” menciona Ramos.
Johnny, otro de los operarios, recuerda que el negocio nació de manera orgánica entre vecinos del sector: "nosotros somos un gremio de un barrio, vivimos ahí al pie del pueblo, y se nos ocurrió esta idea". Según cuenta, en un inicio el servicio se prestaba con apenas dos sillas, empujando a los primeros pasajeros desde el pueblo hasta el río.
Para Johnny, el impacto de los carritos fue más allá del transporte. También transformó la economía del sector donde opera, cerca de la Bocatoma. "Antiguamente, cuando nos comenzamos a traer la gente aquí, aquí no había nada. No había restaurante, no había nada", recuerda. Según él, fue la llegada constante de turistas gracias a los carritos lo que impulsó la apertura de los primeros negocios de la zona: "ya comenzaron a poner restaurantes y puestos de comida a raíz de los carritos, de nosotros mismos; ya llegaba mucha gente para acá".
Sobre los riesgos del recorrido, Ramos reconoce que no está exento de la posibilidad de un accidente, pero asegura que la velocidad y el cuidado de los conductores hacen del paseo una experiencia segura: "en seguridad no va tan rápido, va analizando el paisaje, mirando, es muy sencillo", afirma, y agrega que considera el recorrido "perfectamente seguro". Según reportes de visitantes, el trayecto en carrito hasta la zona del río tiene un costo de 5.000 pesos por persona y trayecto, y suele complementarse con el pago voluntario de una zona previa a los rieles donde pueden parquear quienes llegan en vehículo propio.
De cara al futuro, Ramos imagina un servicio con mayor capacidad de innovación: "la posibilidad de mejorar esto sería poder poner unos vagones, como un tren, y hacer algo más creativo", dice, aunque hasta ahora el atractivo del paseo sigue estando en su sencillez. Entre quienes ven en los carritos una forma de subsistencia y quienes los disfrutan como plan turístico, la antigua vía férrea de Villeta se mantiene activa gracias a la misma comunidad que la reconvirtió.
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