Así me violenta mi exnovio

6 de Abril de 2026 10:30

Por: Ana María Gutiérrez Solarte
5 Min

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“Nunca olvides que te odio y te detesto. Porque, así como te quise tanto, también me puedo vengar y volverte mierda”. Ese fue uno de los mensajes que recibí de mi expareja, Luis Castillo, luego de que decidí terminar con nuestra relación. Opté por bloquearlo cuando me di cuenta de que sus chats no se detendrían. Sin embargo, no fue suficiente. Empecé a ser contactada por cuentas falsas de Instagram, TikTok y WhatsApp. Incluso, una amiga suya me escribió insultos. 

Capturas de pantalla de los mensajes de Luis, 14 de febrero del 2026

 

Desde el día que conoció a mis amigas me dijo que no le caían bien. Según él, compartía demasiado tiempo con ellas y eran una mala influencia. Ellas me advirtieron que él me quería alejar de las personas que siempre han estado conmigo y que eso no estaba bien. Como en muchas películas de terror, decidí no darle importancia. Ahora reconozco que esto era violencia, como explica el artículo Aislados y controlados: como los abusadores aislan a sus víctimas. El círculo violento empieza con comentarios disfrazados de preocupación o celos. La persona cuestiona a tus amigos, siembra dudas sobre sus intenciones y te hace sentir culpable por pasar tiempo con ellos. El objetivo no es que cambies de amistades, sino que te quedes sola. Porque cuando una se aleja de sus redes de apoyo, toma distancia de quienes ayudan a reconocer el abuso. 

Otro episodio se dio a finales de junio de 2025, cuando viajé al exterior con mi familia. Luis tomó ese paseo como una ofensa, como algo que yo hacía para lastimarlo porque estaría fuera del país el día de su cumpleaños. Me dijo que no fuera a “estar de brincona por allá”

Mientras estaba fuera del país Luis no paraba de llamar y escribir, aunque le había explicado que la mayoría del tiempo no tendría internet y estaría ocupada. La tarde del 4 de julio le dije que quería terminar con él. Esa noche mi prima me invitó a una fiesta y decidí ir. Le avisé a él que saldría y le pedí que habláramos después. El evento duró menos de 20 minutos. Cuando volví a tener internet, encontré mensajes de WhatsApp insultantes. Me señaló que yo prefería andar de “prepago” que hablar con él. “Ojalá que por seguir en esa vida no te peguen una ETS (Enfermedad de Transmisión Sexual). Te odio”, dijo.  

Capturas de pantalla de los mensajes de Luis, 4 de julio de 2025

 

No aguanté más y le terminé. Lo bloqueé de WhatsApp y me escribió por TikTok. Me sentía culpable, él me decía que me trataba así porque me lo merecía y porque mis acciones le provocaban malestar. Siempre me responsabilizaba de sus mensajes hirientes. Esa vez le volvió a funcionar la manipulación. Usando líneas telefónicas diferentes a la de él, cuentas anónimas de Instagram y de Tik Tok me pidió que lo desbloqueara. “Ana, no es necesario que me bloquees”, me dijo. Terminé cediendo y otra vez me maltrató. En ese momento, no lo entendía así, pero, estaba en lo que la psicóloga Lenore Walker llamó el Ciclo de la violencia: primero la acumulación de tensión (insultos, reproches, culpas); luego la agresión (el ataque verbal); y por último la “luna de miel”, cuando insistía en volver y en que estaba arrepentido. Ese daño y aparente arrepentimiento no es amor intenso: es un patrón.

 

Captura de pantalla de un mensaje de "luna de miel"

 

La situación continuó igual: me recriminaba por haberme ido de viaje y dejarlo solo durante un mes. Yo no sabía cómo poner límites. Después de repetir el ciclo, decidí no volver a contestarle. Cuando tomé esa decisión me sentí un poco tonta, hacía algo que era sencillo y pude haber hecho desde mucho antes, pero no era capaz. 

Era el fin de nuestra relación. Pensé que era libre, pero empecé a recibir llamadas de números desconocidos. Un día, mi celular no paraba de timbrar, contesté y para mi desgracia, era Luis. Esa vez le dije que no me llamara más, que por favor no me contactara. Hizo caso, a su manera: mi celular siguió sonando, pero ya no era él. Como me lo confesó luego, había enviado mi número a Open English, Movistar y quién sabe a cuántas empresas más. Era spam telefónico usado como venganza, una forma de seguir hostigándome sin hablarme directamente. 

Después de unos días, las llamadas de Open English cesaron. Devolví el  'follow' a conocidos en Instagram y Luis lo notó. Su amiga, Mariam, me escribió por mensajes directos: “Ahí se lo envía Luis: Eres una basura de persona”. Tuve la oportunidad de hablar con ella, le conté la situación y afirmó que estaba de acuerdo con los mensajes violentos de Luis. Según ella, él podía enviar mensajes de ese tipo porque se sentía triste . En nuestra conversación, haciéndome sentir culpable y responsable, me convenció de desbloquearlo y darle otra oportunidad de contactarme por Instagram. 

 

El primer mensaje que recibí de Mariam por Instagram

 

 

Luis me contactó y fue evidente que no estaba triste, estaba enojado. Le deseó la muerte a mi gata y me advirtió que debía tener cuidado cuando saliera. Me hizo una llamada y contesté con miedo, pero no dije nada. Esta vez, además de culpa, sentía angustia. Es aterrador ser intimidada por alguien que conoce mi vivienda, mi familia, dónde estudio y los lugares que frecuento. Esa noche del 29 de agosto, tras hablar con Luis y Mariam, denuncié estos hechos en la Fiscalía. 

Luego, me volvió a llamar y le advertí que lo había denunciado. Minimizó los hechos diciéndome que solo me había inscrito a Open English. 

Mensajes de Luis vía Instagram

Toda esta situación me generó angustia, secuelas psicológicas y preguntas dolorosas. Después de 7 meses, no he sido contactada por la Fiscalía para investigar el caso. 

El acoso no es un problema que debamos resolver solas, ni una carga que tengamos que soportar. No nos corresponde la culpa, ni la responsabilidad de lo que otros hacen. Reconocerlo es el primer paso . Ahora, el llamado es claro: las autoridades deben asumir su deber, acompañar a las víctimas y garantizar protección a quienes lo necesitan.