Sigue la celebración del Día del Periodista de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Sabana
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21 de Marzo de 2026 11:00
No recuerda la primera vez que sucedió ni detalladamente como ocurrió. Él pasaba mucho tiempo en casa de ella. En uno de los tantos días que compartían juntos, la besó. En otra ocasión tocó sus partes íntimas. En otro momento, él le dijo que le lamiera ahí abajo. Ella tenía seis años y él, apenas ocho. Los recuerdos de ella son fragmentos sueltos, escenas que aparecen sin orden. Actualmente desea que su nombre no sea revelado y que aquel niño nunca cuente esta historia de abuso.
Ningún niño debería vivir experiencias sexuales que no comprende ni ha elegido. Sin embargo, estas situaciones no son poco comunes. En conversaciones con amigas sobre nuestra infancia, además de hablar de las mejores vivencias, revelamos esas historias que todavía nuestros papás no saben. Gracias a este tipo de conversaciones, me he enterado de que muchas han atravesado episodios similares al de la niña con la que empezamos esta columna. Como ella, han guardado silencio. No se trata de perversidad infantil. Se trata de una estructura que expone a los niños a contenidos sexuales, que no les brinda educación adecuada y que, cuando los hechos ocurren, prefiere llamarlos “cosas de niños” antes que reconocer la violencia.
COCSA (Child-on-child sexual abuse) es el término que se usa cuando un niño es abusado sexualmente por otro niño, adolescente o grupo de niños. Este tipo de abuso implica actividad sexual entre niños sin consentimiento o como resultado de presión física o emocional.
El psicólogo clínico Camilo Lancheros, especializado en niñez y adolescencia explica que estas conductas no suelen surgir de la “maldad” infantil. En muchos casos, los menores que ejercen comportamientos sexuales inadecuados han estado previamente expuestos a situaciones similares. Esto puede incluir experiencias de abuso, exposición temprana a pornografía o entornos familiares donde la sexualidad se manifiesta sin límites. Según el especialista, cuando un niño es expuesto a estímulos sexuales puede intentar replicarlos sin comprender su significado. Incluso, desde el punto de vista fisiológico, el cuerpo puede reaccionar con sensaciones placenteras, lo que aumenta la probabilidad de repetición.
Usted puede estar pensando que es exageración, que se trata de simple exploración, probablemente usted también besó a alguien cuando era pequeño. Pero el psicólogo aclara que la exploración suele ser espontánea y sin coerción. Cuando hay repetición, agresividad, secreto o amenazas, ya no se trata de simple curiosidad.
Además, él menciona que este tipo de experiencias puede traer consecuencias a futuro. La exposición temprana a contenidos o actos sexuales puede aumentar el consumo de pornografía y en algunos casos, la repetición de conductas abusivas. También afirma que cuando un niño es vulnerado y aprende a callar, comienza a reprimir lo que siente. Interioriza que lo que le ocurre debe esconderse. Ese silencio afecta su regulación emocional, dificulta la expresión sana de emociones y puede acompañarlo durante años.
Por eso, es importante que como adultos sepamos identificar que no todo comportamiento sexual en un niño es “normal” o parte del crecimiento. A veces hay señales que preferimos ignorar porque no nos parece “nada del otro mundo”. Healthy Children.org menciona algunos comportamientos que no son tan comunes en la infancia, como frotar el cuerpo contra otros, pedirle a un amigo que participe en actos sexuales específicos o repetir conductas sexuales todos los días. A este tipo de comportamientos hay que prestarle atención.
Adicionalmente, el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) señala que dialogar sobre el desarrollo de la sexualidad ayuda a niños y niñas a conocer su cuerpo, fomentar espacios de intimidad, reconocer y regular sus emociones, vincularse con los demás de forma saludable y respetuosa, prepararse para tomar decisiones responsables, fortalecerse ante posibles presiones del entorno y protegerse contra todo tipo de violencia o abuso sexual.
Es necesario que los padres hablen con sus hijos sobre el desarrollo sexual. Porque sí, los niños exploran su cuerpo. Tocan, preguntan, sienten curiosidad. Eso hace parte del crecimiento. Pero necesitan orientación. Necesitan que alguien les explique límites, respeto y cuidado. Callar no protege. Evadir la conversación no evita que pase.
Si usted es padre o madre, hable con su hijo. Escúchelo sin juzgar. Permítale hacer preguntas. Enséñele que su cuerpo tiene límites y que nadie puede cruzarlos. Porque cuando algo incomoda, duele o se guarda en secreto, no son cosas de niños. Son responsabilidades de adultos. Y es hora de asumirlas.