“Cumbres Borrascosas”, una mirada femenina que degrada

10 de Marzo de 2026 16:27

Cartel de la película Cumbres Borrascosas, protagonizada por Jacob Elordi y Margot Robbie
Por: Mariana Contreras
5 Min

Mariana Contreras Malambo
Periodista y fotógrafa Periodista
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Cumbres Borrascosas no es un romance de época, pero la nueva adaptación cinematográfica parece empeñada en convertirla en uno. Entre la denuncia social de la novela original de Emily Brontë y la visión estética de Emerald Fennell hay un abismo que nos lleva a preguntarnos sobre la forma en que diferenciamos el amor de la violencia.  

“En los páramos astutos y ventosos 

Rodaríamos y caeríamos en verde  

Tenías un temperamento como mis celos. 

Demasiado caliente, demasiado codicioso 

¿Cómo pudiste dejarme? 

¿Cuándo necesitaba poseerte? 

Te odié, también te amé” 

- Fragmento de Wuthering Heights - Kate Bush 

 

Es muy irónico que, sin conocer la novela, la cantante Kate Bush haya comprendido mejor la esencia de Cumbres Borrascosas que la directora de la nueva adaptación cinematográfica, Emerald Fennell, quien ha mencionado en distintas entrevistas que ha leído la obra publicada en 1847 por Emily Brontë “por lo menos cien veces”.  

Para quien no conozca la historia, Cumbres Borrascosas no es un romance de época como Orgullo y Prejuicio. Su historia original narra la destructiva relación entre Catherine Earnshaw y Heathcliff, un huérfano recogido en las calles de Liverpool por la familia de ella. En la actualidad, en un contexto donde se espera que las narraciones femeninas asuman roles de empoderamiento, Fennell toma este clásico para degradar el trasfondo psicológico de sus personajes femeninos a favor de ser un objeto visual de consumo. Además, decide ignorar que la obra es un relato gótico sobre cómo el trauma sistemático y la exclusión racial y de clase desencadenan un ciclo de violencia que termina por lastimar a todos los implicados.  

Si bien se le pueden dar concesiones a la directora por querer hacer su propia interpretación de la historia pues las adaptaciones no tienen por qué ser totalmente fieles al producto original es importante mantener su esencia. Lo cierto es que esta película ha enfrentado críticas desde que se anunció su reparto con una Catherine (Margot Robbie) demasiado mayor (en el libro es una adolescente) y un Heathcliff (Jacob Elordi) demasiado blanco. Y, a la vez, Fennell no termina por decidir cómo quiere considerar su obra, si una adaptación o una inspiración, a pesar de mencionar en los créditos que está "basada" en la obra de Emily Brontë.  

Hay que remarcar que la película, nominada a 8 premios Oscar, destaca por una fotografía deslumbrante: los escenarios son un protagonista más, la ambientación captura las circunstancias que viven los personajes. Sin embargo, la idea del romance trágico entre Catherine y Heathcliff que se plasma en la película parece olvidarse de los matices violentos que la preceden. El sadismo en las agresiones mutuas, el uso de enfermedades o el dolor para manipular al otro y el extender la violencia como una forma de lastimar a quienes los rodean solo para llegar al otro, llevan a un mensaje peligroso donde se valida la violencia como forma de amar

El hecho de que los momentos de degradación que sufren, tanto Catherine como Isabella se tomen como momentos de tensión erótica y se usen para suavizar o justificar la violencia cometida por Heathcliff ya supone un problema. En la película se rompe con el personaje de Isabella y se expone que ella está de acuerdo con el abuso que sufre al momento de casarse. Por el contrario, en el libro, la relación entre Isabella con Heathcliff es una historia de terror. Es víctima de acoso sexual, violencia física y psicológica. Que la directora, justamente una mujer, decida despojar a Isabella de su tragedia, para convertirla en un objeto de consumo erótico y sexualizar su historia para sugerir que disfrutaba o deseaba ese tipo de violencia, es revictimizarla.  

Por otro lado, a pesar de comprender el temor de que la representación de Heathcliff como un hombre racializado pueda perpetuar un estereotipo histórico, que vincula la falta de blanquitud con un comportamiento animal, esta elección sigue siendo fundamental para la historia. En la historia original, Emily Brontë utiliza la figura de Heathcliff para presentar una crítica sobre cómo el abuso y la discriminación racial moldearon su carácter. Su “naturaleza salvaje” no es algo biológico, sino el resultado del racismo estructural. 

Reconocer que Heathcliff es una víctima del racismo no es desestimar que es capaz de ser cruel y violento, y que ser una víctima no lo exime de sus actos. No deja de lado que decidió convertirse en el victimario y reproducir en terceros la violencia que él sufrió. Su destino es trágico, precisamente, porque el sistema en el que vive lo empuja a convertirse en un "monstruo"

En el caso de este producto cinematográfico, que su personaje sea blanco es desestimar este trasfondo y reducirlo a una estética donde solo sufre un destino trágico por no ser rico. Es olvidar que su resentimiento no solo nace de la pasión que siente por Catherine, también nace del maltrato y la exclusión. Es exigirle a una persona racializada que debe tener una moralidad superior para ser aceptada, porque no tienen permitido sentir ira o querer venganza y solo pueden reaccionar de una forma pasiva y silenciosa. 

El trabajo de Fennell es una muestra de la sociedad actual donde la violencia se vuelve estética. Al igual que en su anterior película, Saltburn (2023), la cámara quiere que te enamores de la belleza de sus protagonistas e ignores sus acciones. Y a pesar de contar con su perspectiva como mujer, la directora británica falla en el momento en que sexualiza el abuso y blanquea la violencia. No moderniza la obra, sino que la vacía de las dinámicas de poder que Brontë denunció a mediados del siglo XIX. Esta visión convierte la obra cinematográfica en cómplice del abuso como un espectáculo visualmente placentero.