El nuevo Palacio de Invierno

10 de Marzo de 2026 16:22

Imagen de un joven en bicicleta en movimiento. Foto a blanco y negro
Por: María José Romero Córdoba
5 Min

Compartir

¿Qué tienen en común los zares rusos, el presidente Petro y una bicicleta?

 

Cuando me enteré de la muerte de Kevin Acosta, el mediático caso del niño diagnosticado con hemofilia, recordé el precedente histórico de esta enfermedad como uno de los detonantes de la caída de los zares en Rusia y que marcó el inicio de la Revolución Bolchevique. 

Más allá del acontecimiento histórico, lo que puedo ver en común entre estos dos hechos, separados por más de cien años, es la angustia de una madre que sabe que su hijo puede morir porque no cuenta con un medicamento adecuado, un sistema de gobierno al borde del colapso, un pueblo descontento y un charlatán capaz de capitalizar esa angustia para ganar poder y recibir el crédito por la recuperación de un niño.

Se está repitiendo la historia, y eso me genera una profunda indignación. Especialmente tras las palabras del presidente Petro en el consejo de ministros, donde aseguró que la culpa de la muerte de Kevin era de la madre por dejarlo montar en bicicleta.

Pero ¿qué tienen en común los zares rusos, el presidente Petro y una bicicleta?

A comienzos del siglo XX, la familia de los últimos zares rusos, compuesta por Nicolás Aleksándrovich Románov, más conocido como Nicolás II, y la zarina Alejandra Fiódorovna, luego de tener cuatro hijas, dieron a luz a su primer varón y futuro heredero del trono, Alexéi. Lamentablemente, poco tiempo después se descubrió que el pequeño padecía de hemofilia, una enfermedad poco comprendida para 1910 y sobre la cual no existía tratamiento, solo se mantenía a la persona acostada y quieta con el fin de protegerla de cualquier accidente que pudiera causarle una hemorragia.

Hoy es de conocimiento común —excepto, al parecer, para el presidente, como lo demostró en sus declaraciones— que la ciencia y la medicina han avanzado. La hemofilia, al igual que otras enfermedades que afectan la coagulación, no es un impedimento para tener una vida normal si se recibe el medicamento oportuno. 

Pero todo indica que el presidente se quedó atrapado en el contexto de la Revolución Bolchevique, no solo compartiendo sus ideales, sino también con la noción de que la culpa de esta tragedia fue de la madre, pues, sin sonrojarse, dijo en el consejo de ministros:

“La primera institución que debe prevenir es la familia, que si se educa más está en mejores condiciones de hacerlo. Si al niño no se le permite subir en la bicicleta, tiene menos riesgos. Este es un tema de prevención, pero las mamás no nacen aprendidas y menos en niveles educativos deficitarios”.

En pocas palabras, nada tiene que ver la actual crisis del sistema de salud ni el hecho de que la Nueva EPS, encargada de suministrarle el medicamento que la familia de Kevin estaba solicitando desde el 2 de diciembre del año pasado, se encuentre intervenida desde hace casi dos años.

Entonces, ¿dónde está el esfuerzo de prevención del que tanto habla el presidente, cuando la mamá de Kevin se trasladó desde Palestina, Huila, hasta Bogotá, denunció la situación en redes sociales y rogó públicamente frente a las instalaciones de la Nueva EPS para que alguien atendiera a su hijo, y, aun así, su sistema de salud no hizo nada?

 El discurso de Petro de echar culpas a diestra y siniestra me transporta nuevamente a Rusia y me recuerda cómo el mayor imperio del planeta se desmoronaba. Mientras los zares pusieron la mayor parte de su atención en la enfermedad de Alexéi, Rusia perdió la guerra contra Japón, lo que conmocionó a una sociedad que, durante el llamado Domingo Sangriento, sufrió una brutal represión cuando llevaba pacíficamente sus peticiones al zar.

Hoy, aunque las peticiones ya no se presentan ante el Palacio de Invierno sino ante EPS intervenidas y ministerios inestables, garantizar algo tan básico como el derecho a la salud y una infancia digna se ha convertido en una carrera de obstáculos marcada por la indiferencia institucional y por un discurso que prefiere señalar antes de ejecutar. 

La historia nos enseña que cuando el Estado no responde con eficacia, alguien más ocupa su lugar. En medio de ese caos político en Rusia, apareció el místico Rasputín, quien esperó el momento en que la crisis alcanzara su punto más álgido para intervenir y apropiarse del crédito por la mejoría de Alexéi. Mientras tanto, el pueblo, atrapado en la hambruna y la desatención de los zares, empezó a convencerse de que el imperio estaba siendo gobernado por la irracionalidad de una familia que había depositado su destino en manos de un místico. Esa percepción terminó por acelerar los inicios de la revolución y, finalmente, selló el destino de Alexéi y de toda su familia, arrestados y fusilados por los bolcheviques.

En Colombia, el derecho a la salud vive su propia crisis, con un sistema desfinanciado, deudas impagables con gestores farmacéuticos, problemas logísticos y una alta dependencia de importaciones de insumos médicos. 

Por eso, Petro debería reconocer que hay un problema de vieja data y de fondo, y que esto fue lo que mató a Kevin. Volver a principios del siglo pasado para señalar la falta de cuidado de una madre es repetir el mismo error que cometieron los zares al ignorar las necesidades básicas de su pueblo. En 1910, la única alternativa fue confiar en un milagro que nunca llegó. En 2025, el milagro debía ser una cadena de suministro funcional, una EPS que respondiera y un presidente que escuchara.